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5 DICIEMBRE 2016
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"El Papa con su renuncia ha querido mostrar que Dios está presente en la historia"

F.H.

Dos días después de la renuncia, en la Audiencia del pasado miércoles, Benedicto XVI afirmaba: "La Iglesia es de Cristo". Cristo no es una idea.

Creo que es evidente el testimonio de la confianza ilimitada que tiene Joseph Ratzinger-Benedicto XVI en el poder de Dios, en la preeminencia de la acción divina, del don del Espíritu Santo que guía a la Iglesia o, dicho en términos generales, del primado de Dios sobre cualquier obra humana. Él obviamente lo ha interpretado mediante su renuncia. Para evitar cualquier contraposición hay que decir que por la misma fidelidad y por el mismo convencimiento del realismo de Dios en la historia, Juan Pablo II interpretó que su manera de responder era perseverar en el ejercicio del ministerio petrino. Ambos son testigos de lo mismo, del realismo de Dios, de la efectiva presencia de Dios que guía la historia de los hombres.

Han sido ocho años de una intensidad pasmosa. Benedicto comenzaba en su primera encíclica reproponiendo qué es la fe, la naturaleza del cristianismo. ¿Quizás sea esto lo que más ha marcado este pontificado: volver a proponer la naturaleza de la fe?

La primera encíclica era sobre la caridad, Deus caritas est, y efectivamente el Papa comienza esa encíclica con un número uno memorable. El primer punto de esa encíclica me parece que es muy valioso y que no es una pieza aislada. Lo ha vuelto a repetir textualmente en otros documentos suyos y en muchas catequesis. Por lo tanto, no es una frase o un pasaje programático ¿Qué dice el Papa ahí? "No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida, y con ello, una orientación decisiva". El Papa nos dice cuál es la naturaleza del cristianismo, y esto es lo que hemos podido vivir estos días. Nos hemos encontrado con un acontecimiento. El Papa ha sido coherente en la tensión ideal que vive para mostrarnos el cristianismo en acto, tal y como él lo había definido hace siete años en la encíclica. De manera que no sólo nos explica el cristianismo, sino que hace presente el cristianismo. No sólo nos dice cómo es el cristianismo, que es muy importante, porque hemos visto en los años del post-concilio tantas reducciones de la naturaleza original de lo cristiano que bienvenidas sean las aclaraciones y las precisiones doctrinales. También hace presente el cristianismo. Las precisiones doctrinales adquieren todo su valor cuando iluminan un hecho que está ante nuestros ojos. Y a su vez, no lo perdamos de vista, el hecho esclarece la doctrina. Esto lo dijo el Concilio Vaticano II y Joseph Ratzinger no sólo lo ha enseñado sino que lo ha realizado durante todo el ministerio, como Papa y antes como prefecto.

Se ha asegurado que después de Benedicto XVI, en cierto modo el Papado puede cambiar, ¿está usted de acuerdo?

En los términos en que lo formula la pregunta, es imposible no estar de acuerdo. ¿Cuál es el alcance? No me arriesgo a hacer pronósticos, pero evidentemente el Papa introduce un gesto que no tenía prácticamente precedentes. Qué va a significar para la vida concreta de la Iglesia, no lo sé. Lo que espero y lo que pido desde que he sabido esto es que todos participemos de esta pasión testimonial de la fe del Papa. Esto es lo que considero más importante. Puede parecer abstracto, puede parecer un pensamiento espiritual un poco desgajado de las cosas concretas pero yo creo que no, que es la gran lección del Papa, que no hay nada que prevalezca sobre el testimonio vivo de Cristo, incluso en el ejercicio del ministerio petrino.

Es decir, que no hay papeles, no hay roles...

No es que no los haya, pero están al servicio de este acontecer en acto de la presencia viva de Cristo en la historia. ¿Cuáles van a ser las consecuencias? Podemos presentir que, obviamente, ahora se dan una serie de nuevas circunstancias que no hemos conocido y que no ha conocido la Iglesia católica porque los precedentes medievales no se ajustan a lo que ha sucedido ahora. Pues bien, estemos con los ojos muy abiertos y con el corazón muy bien dispuesto para ir acogiendo lo que vaya a suceder con la confianza de que sea para una mayor vitalidad evangélica de la Iglesia.

¿Qué subraya usted de la inmensa obra teológica de Benedicto XVI?

Hay que ser muy humildes, no se puede encerrar al Papa y a su riquísimo magisterio en poquísimos minutos. Por tanto, son siempre aproximaciones. Me parece que hay que destacar claramente la reivindicación de la realidad de Dios en este mundo que, por su secularización, parece expulsarlo fuera de lo real. Creo que una de las líneas de fuerza del pontificado ha sido claramente el diálogo con la razón humana que se cierra sobre sí misma y que excluye la trascendencia de Dios en la historia. Me parece que esta es una de las líneas, sin lugar a dudas. Ahí podríamos situar varios documentos y varios de los gestos de diálogo. En segundo lugar, la especificidad de la fe cristiana, que ya hemos mencionado y que me parece sin duda característica. Creo que también se puede subrayar muy marcadamente el servicio que ha prestado a la interpretación del Concilio Vaticano II y lo que esto supone para comprender los últimos cincuenta años, un periodo no exento de muchas dificultades, de muchas tensiones y de muchos problemas para la vida de la Iglesia. El Papa lo afrontó en su memorable intervención de Navidad de 2005. Y unido a esta explicación de la naturaleza viva de la Iglesia, que en el Concilio se ha renovado, pienso también en el esfuerzo que ha hecho sobre la liturgia. Me parece que es otro dato muy característico. A partir de aquí, se podrían abrir otras consideraciones, pero al menos aquí se indican algunos puntos fundamentales.

Todos hemos sentido estos días un velo de tristeza, una inquietud, una zozobra respecto del futuro. Es un cambio muy radical, algo que no había pasado nunca. Son días intensos, difíciles y muchos pueden sentir un cierto temor.

Yo me sumo al sentimiento de pena y de dolor. Para mí, personalmente, pero también para la Universidad San Dámaso la presencia de Joseph Ratzinger ha sido de una paternidad decisiva. Durante su pontificado, se han dado una serie de pasos institucionales de muchísimo calado y de muchísima importancia, que han permitido que cuando el Papa vino a Madrid en 2011 para la JMJ, prácticamente al mismo tiempo fuese erigida la Universidad. La riqueza de su patrimonio teológico es irrepetible. A todos los que sentimos este dolor, que es real, el Papa nos invita a no pararnos sino a compartir el gesto que él ha hecho, a poner en juego nuestra libertad, confiando en Dios. No podemos sólo admirar al Papa Benedicto sino que tenemos que seguir al Papa Benedicto, también en este paso, y por lo tanto unirnos a su confianza en Dios, en que Él guía la historia y en que el Espíritu Santo va a llevarnos adelante. Sería un flaco servicio admirarlo pero no seguirlo. Nosotros no le podemos sólo aplaudir. Tenemos que aprender de él en este momento.

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