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3 DICIEMBRE 2016
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>21:00 Martes 26. RENUNCIA BENEDICTO XVI

El pim-pam-pum de la Curia

José Luis Restán

Tranquilos, que no me apunto a la leyenda rosa. Demasiado bien conozco el paño. Pero a la negra tampoco. Parece que acusar a la Curia romana de todos los males de la Iglesia se ha vuelto un deporte internacional, es gratis y viste mucho. Pues yo no juego. La Curia es un instrumento pensado para apoyar al Papa en su labor de gobierno de la Iglesia Universal, es una estructura auxiliar y por tanto siempre perfectible. Se puede reformar, simplificar, engrasar. Se intenta y se logra... a medias. Digámoslo de una vez: la forman personas, con sus virtudes y sus miserias.

Los pontificados no son círculos cerrados. Benedicto XVI recibió una herencia un poco baqueteada por los últimos tiempos de agonía de Juan Pablo II y a lo largo de ocho años ha ido formado su equipo con las personas que tenía a mano. No habrá podido hacer su dibujo ideal, claro, pero sería ridículo ignorar que ha formado un equipo con gente muy valiosa y en sintonía con su pensamiento: el canadiense Ouellete en la Congregación de obispos, el suizo Koch en Relaciones Interconfesionales, nuestro Cañizares en Liturgia... últimamente su discípulo Müller en Doctrina de la Fe. Y naturalmente Bertone, su Secretario de Estado, que ha sido blanco de todas las iras. Bertone ha tenido sus límites (para algunos muy evidentes) y quizás le ha faltado mano izquierda, pero desde luego ha sido un hombre fiel y entregado al Papa. 

Seguramente es cierto que en la Secretaría de Estado se ha mantenido una rivalidad sorda entre "diplomáticos" y "pastorales" por usar categorías un poco brutas. Ciertamente no todos han secundado como el rayo las decisiones de lo que algunos han denominado un pontificado penitencial: purificación, transparencia, cambio de mentalidad para afrontar la llaga de los abusos o el uso de los dineros. Un inciso para decir que el Papa teólogo y catequista ha sido también un Papa de gobierno en temas durísimos. Y seguro que la maquinaria no siempre ha estado a la altura. Benedicto XVI lo sabe y lo contempla con un punto de saludable ironía, porque entiende que Dios ha querido correr un gran riesgo con nosotros los hombres, al usar un material tan defectuoso para llevar a cabo su obra en el mundo.

Pero cuando habla de sus colaboradores no creo que el Papa Ratzinger practique la diplomacia (mal entendida), la politesse o las chanzas florentinas. Porque no es de esos, porque como dice el Evangelio es de esos hombre que dicen sí-sí, no-no. Y al final de sus últimos Ejercicios les habló así: "Quiero agradeceros estos ocho años en que habéis llevado conmigo, con gran competencia, afecto, amor y fe, el peso del ministerio petrino". Ojala el próximo Papa tenga tiempo y energías para reformar la Curia y encuentre a los mejores colaboradores. Pero como siempre nos ha recordado Benedicto XVI el problema de la Iglesia hoy no consiste en reformar estructuras sino en volver cada día al manantial de la fe, y en saber ofrecerlo a la sed de nuestros contemporáneos.

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