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4 DICIEMBRE 2016
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>14:00 Jueves 28. RENUNCIA BENEDICTO XVI

Así ha sido la despedida de los cardenales

P. D.
Llegó con algunos minutos de retraso y fue acogido con un largo aplauso de los cardenales que se reunieron en la Sala Clementina. Benedicto XVI se presentó en el que será el último acto de su Pontificado, probablemente. La audiencia para despedirse de los “príncipes de la Iglesia”, que tendrán que elegir dentro de pocos días al sucesor, a quien Ratzinger prometió su absoluta “obediencia”.
Una ceremonia simple, que comenzó con un breve saludo del decano del Colegio cardenalicio, el cardenal Angelo Sodano, que expresó la gratitud de los purpurados  por todas las enseñanzas de este Pontificado. Todavía no se sabe con presición cuántos cardenales están en Roma, pero seguramente son más de los 70 que participaron en la última audiencia general de Benedicto XVI en la Plaza San Pedro.
 
Aunque no había un programa oficial del encuentro, Ratzinger quiso dar un último llamado a la unidad de la Iglesia ante todos los cardenales presentes. El Papa les pidió que estén unidos para que el Colegio que elegirá a su sucesor pueda convertirse en “una orquesta, en la que las diversidades, expresión de la Iglesia universal, concurran siempre en una superior armonía”.
Una invitación a la unidad que el Pontífice subrayó citando el pensamiento de uno de sus teólogos preferidos, Romano Guardini: “La Iglesia no es una institución” creada a medida, sino que es “una realidad viviente. Ella vive a lo largo del tiempo, en devenir como cualquier ser vivo, transformándose. Sin embargo, en su naturaleza, permanece siempre la misma, su corazón es Cristo”.
Benedicto XVI también prometió que rezará durante los próximos días por el Cónclave. “Entre vosotros, entre el Colegio Cardenalicio también está el futuro Papa, a quien desde hoy prometo mi incondicional reverencia y obediencia”.
Poco antes, el Pontífice reflexionó sobre algunos puntos que había tocado en la audiencia general de ayer, un encuentro que permitió el contacto con una Iglesia que es “un cuerpo vivo, animado por el Espíritu Santo, y vive verdaderamente de la fuerza de Dios”.
Al final del discurso del Papa, los cardenales desfilaron lentamente para despedirse personalmente de él. Después de ellos, los encargados de los dicasterios vaticanos, que no tienen la púrpura, también se despidieron, como el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe y otros monseñores de la Curia. Después, el Pontífice salió de la Sala Clementina, listo para su nueva vida “escondido al mundo”.

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