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7 DICIEMBRE 2016
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>19.00. Jueves 28. FALTA UNA HORA PARA LA SEDE VACANTE

Lo accidental y lo esencial

Rodrigo Guerra López
Mientras algunos analistas y vaticanólogos consumen sus energías este jueves 28 de febrero reportando que Benedicto XVI ya no usará zapatos en color rojo y  otros más buscan descalificar a algunos cardenales por su labor de mediación con una universidad peruana, Benedicto XVI utiliza las últimas horas de su pontificado para insistir en lo verdaderamente esencial: la dimensión  organizativa de la Iglesia no constituye su naturaleza fundamental sino que ella es una realidad viva, en continua transformación y simultáneamente con una identidad que persiste a través de los cambios. Para recordar estas y otras ideas, el Papa cita a Guardini, quien además señala "la Iglesia se despierta en las almas".
Esta última no es una frase pía sino que intenta mostrar que la transformación que la Iglesia y el mundo requieren no descansa en los diagnósticos geopolíticos, en los planes estratégicos o en las incursiones furtivas de algunos para tratar de influir en tal o cual cardenal. Ratzinger ya lo había dicho en su inolvidable texto sobre la necesidad de una permanente reforma de la Iglesia (Ecclesia Semper reformanda): el cambio que requiere la Iglesia es una "ablatio", una ablación, una purificación en dónde muchas cosas secundarias que se han adherido a lo largo de los siglos deben ser puestas a un lado. La reforma que necesita la Iglesia, decía Ratzinger en su “Informe sobre la fe”, no es la basada en el "management" sino en la santidad de vida.
El día de hoy a las 11 de la mañana en el aula clementina, la voz de Benedicto XVI se escuchaba por última vez en medio de un silencio sumamente especial:  "La Iglesia vive, crece y se despierta en las almas, que - como la Virgen María - acogen la Palabra de Dios y la conciben por el poder del Espíritu Santo. Ofrecen a Dios su propia carne y , justo, en su pobreza y su humildad, se vuelven capaces generar a Cristo en el mundo de hoy. A través de la Iglesia, el misterio de la Encarnación permanece presente para siempre".
No deja de ser asombroso que esta potente intuición tantas veces repetida sea tan poco apreciada en su contenido elemental. Solo teniendo en cuenta esta verdad también es posible entender el optimismo con el que Benedicto XVI mira la pluralidad de perspectivas en el colegio cardenalicio: “El colegio de los cardenales debe ser como una orquesta en la que la diversidad” puede ofrecer “una armonía”. Así lo dijo él, al dirigirse a los cardenales hoy por la mañana.
Con estas ideas y con estos sentimientos el Papa se despidió. A las 17:00 hrs. su lento caminar se dirigió rumbo al automóvil que lo esperaba para llevarlo al helipuerto del Vaticano. El aparato sobrevoló San Pedro mientras muchas personas alzaban sus cámaras para tomar la última fotografía de un hombre que ha sido, sin duda, sólo testigo de lo esencial.

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