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4 DICIEMBRE 2016
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La constelación púrpura

José Luis Restán

Llegan a Roma de los cuatro puntos cardinales. Hablan en todas las lenguas y lucen todos los tonos de piel que en el mundo existen. Algunos moran entre rascacielos y otros entre chozas; los hay intelectuales brillantes, otros eficientes organizadores, algunos combativos y heroicos. Hay rostros a los que aman las cámaras, mientras otros evitan a los medios como gato escaldado. Los hay de tableta y de bolígrafo de plástico, algunos en la raya de los ochenta pero unos pocos gozan todavía de una singular juventud cardenalicia, por debajo de los sesenta años. Y no es que con cada uno se pueda rodar una película como la que narra la vida de Karol Wojtyla, pero nos sorprenderíamos de algunas perlas escondidas en este Colegio.

Seamos serios, no hagamos quinielas. Sobre todo porque las que estos días reflejan las portadas de los principales medios son sólo el espejo de las personalidades más conocidas e influyentes, lo que no significa que el nuevo sucesor del pescador sea uno de ellos. El Espíritu es quien conduce a su Iglesia, pero como ha dicho bellamente Benedicto XVI, lo hace mediante hombres, porque así lo ha querido. Y esos hombres están obligados en conciencia a buscar al mejor, pero siguiendo un sistema (la famosa regla de los dos tercios) que impone dejar a un lado los ideales abstractos, para llegar a un amplio consenso sobre la figura que debe sentarse en la silla de Pedro. Y ahí caben todo tipo de sorpresas, como la de un joven arzobispo del otro lado del telón de acero o un anciano teólogo al que siempre había tocado asumir las labores más ingratas.

Echemos un vistazo por zonas geográficas. En el Medio Oriente la situación de los cristianos se torna cada día más difícil y la famosa primavera árabe se ha tornado un inicio de amargo invierno. De esta zona proceden los cardenales Antonios Naguib, Patriarca emérito de Alejandría de los coptos, y Behara Rai, cabeza de la Iglesia maronita con sede en Líbano. Ambos serán testigos de iglesias mártires que buscan una nueva forma de presencia no definida sólo por una actitud defensiva.                               

Asia es un continente inmenso y complejo, a la vez prometedor y lleno de retos para el cristianismo en el siglo XXI. De la India llega Telesphoro Toppo, de 73 años,  arzobispo de Ranchi, en las zonas tribales. Ha sido un gran defensor de la labor de la Iglesia entre los intocables y de la libertad religiosa ante la efervescencia del fundamentalismo hindú. De Filipinas, donde la Iglesia católica tiene un profundo arraigo en la vida del pueblo, procede uno de los más jóvenes purpurados, Luis Antonio Tagle, de 56 años, arzobispo de Manila. Tiene una gran cercanía a los pobres y un enorme don de gentes. Por otra parte es teólogo y colaboró con el cardenal Ratzinger en Doctrina de la Fe. Otra figura de referencia es el salesiano John Tong Hon, arzobispo de Hong Kong, de 73 años. Será el primer cardenal chino que participe en un Cónclave. Representa a una Iglesia que ha pagado un alto precio por su fidelidad al Papa y cuyo futuro ocupará especialmente al nuevo Pontífice. China es ya una potencia mundial económica, demográfica y militar, y significa un formidable desafío para la evangelización.  

África fue señalada por Benedicto XVI como antídoto frente al cansancio de la fe que experimenta Occidente. Entre sus once electores señalamos a Polycarp Pengo, de 68 años, arzobispo de Dar-es-Salam, en Tanzania, y Peter Turkson, actual Presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, de 64 años. Fue arzobispo de Cape Cost, en Ghana. Goza de una gran  simpatía personal, es experto en Sagrada Escritura pero a veces ha sufrido críticas por ciertas aplicaciones de la Doctrina Social en temas financieros. Y desde Nigeria, país donde se desarrolla una violenta agresión del islamismo radical contra los cristianos, viene el arzobispo John Onaiyekan, de Abuja. Ha luchado por mantener la buena convivencia entre cristianos y musulmanes y por privar al conflicto de su contaminación "religiosa", ardua tarea en las actuales circunstancias.    

Europa sigue disponiendo del mayor peso en el Colegio cardenalicio, 60 de los 115 electores, pero su proporción lógicamente disminuye. De la parte occidental podemos destacar al francés Philippe Barbarin, de 62 años, arzobispo de Lyon. Nacido en Marruecos es amante de la Tradición pero muy emprendedor. Tiene un perfil dinámico y ha luchado duro contra la ley de matrimonio homosexual de Hollande. Willem Eijk, de 59 años y arzobispo de Utrecht, es el primado de Holanda, un país difícil para la Iglesia Católica. Estudió medicina. Experto en temas de bioética. Conduce la renovación de la Iglesia que ya ha empezado a dar frutos. Angelo Scola, de 71 años, es el arzobispo de Milán, quizás la sede europea más importante después de Roma. Teólogo brillante en la huella de Balthasar y Ratzinger, procede del movimiento Comunión y Liberación, ha dialogado a fondo con el mundo laico sobre democracia, pluralismo e inmigración, pero también con el Islam a través del Centro Oasis que fundó en Venecia. Otra gran figura es Christoph Schönborn, arzobispo de Viena, con un fuerte perfil mediático. Fue el coordinador de la redacción del Catecismo. Se reconoce su gran capacidad de diálogo en un país donde la disidencia interna ha sido especialmente dura.

Si miramos a los países que vivieron tras el telón de acero destacamos a Peter Erdö, de 60 años, arzobispo de Budapest. Es un gran intelectual con mucho prestigio entre los obispos europeos, especialmente del Este. Mantiene buenas relaciones con los ortodoxos. Y también el dominico Dominik Duka, 70 años, arzobispo de Praga. Ejerció su ministerio en la clandestinidad, trabajó como obrero en la fábrica de Skoda y estuvo preso en las cárceles comunistas, donde trabó amistad con Vaclav Havel. Afronta su trabajo en una comunidad enclavada en el país con más ateos de Europa, según las encuestas.     

España aporta cinco cardenales electores, los curiales Antonio Cañizares y Santos Abril, los arzobispos de Madrid y Barcelona, Antonio Mª Rouco y Luis Martínez Sistach, y el arzobispo emérito de Sevilla, Carlos Amigo. Entre ellos tendrá un papel destacado el cardenal Rouco, que ha sido relator en el Sínodo y es bien conocido entre los electores europeos y latinoamericanos. Por eso puede actuar como uno de los "Pope-maker", hacedores de papas.

Y llegamos finalmente a América. En la zona norte brilla la estrella del canadiense Marc Ouellete, 68 años, actual Prefecto de la Congregación para los Obispos, también de la escuela teológica de Ratzinger. Religioso sulpiciano, es francófono pero domina el inglés y el español (fue misionero en América Latina). Como Arzobispo de Québec supo batirse el cobre con el laicismo. De los Estados Unidos llegan los arzobispos Timothy Dolan (Nueva York) y Sean O'Malley (Boston). Dolan es franco y desenfadado. No teme polemizar duro con medios como el New York Times o con el mismísimo Obama. Doctrinalmente es muy seguro pero capaz de estar entre la gente y en los medios. Su defensa del Papa durante la crisis de la pederastia provocó una ovación de 15 minutos en Saint Patrick. O'Malley, de 68 años, es capuchino y ha llevado a cabo una gran obra de purificación en su diócesis, una de las más castigadas por la plaga de la pederastia.

En cuanto a América Latina los electores con más peso son el brasileño Odilio Scherer, de 63 años y arzobispo de Sao Paulo. Representa al país con más católicos del mundo. Gobierna una diócesis muy difícil. Entre los latinoamericanos, por edad y liderazgo quizás sea el más influyente. Al venezolano Jorge Urosa, arzobispo de Caracas, le ha correspondido guiar a la Iglesia bajo el chavismo. No ha temido denunciar la deriva totalitaria del régimen y por ello ha sufrido graves ataques. Aun así ha mostrado equilibrio y moderación, reclamando unidad y reconciliación nacional. Por último señalamos al argentino Jorge Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires, de 76 años. Es un jesuita de gran personalidad, cabeza visible de la Iglesia en Argentina en la última década, haciendo frente a los gobiernos populistas de los Kirchner. Algunos le señalaron como alternativa a Ratzinger en el anterior Cónclave, aunque él lo rechazó. Goza de gran prestigio entre los cardenales de la América hispana.  

Mucho dependerá de las prioridades que dibujen los cardenales durante las Congregaciones generales que han comenzado este lunes. No se trata de matemáticas sino de una razón iluminada por la fe que busca por aproximaciones sucesivas. Se  requiere un hombre doctrinalmente fuerte que custodie el inmenso legado doctrinal de los dos últimos pontificados y que pueda compactar una comunidad acechada por el disenso y la reducción del contenido de la fe; pero también y no menos, un hombre en disposición de sostener el diálogo con la razón posmoderna, de hacer presente el acontecimiento cristiano como novedad que sorprende y descoloca; está la gran cuestión de la libertad de los creyentes, mermada en Occidente por un laicismo salvaje y perseguida con sangre en muchos lugares de la tierra; y no olvidemos la lucha por la dignidad humana, la cultura de la vida o el diálogo con las grandes religiones, especialmente con un Islam expansivo y ambiguo. Para cada una de estas cosas hay candidatos mejor preparados, pero claro, no se busca un "especialista", sino un hombre capaz de mirar cada capítulo desde el centro de la fe... algo en lo que ha sido maestro Joseph Ratzinger.    

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