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6 DICIEMBRE 2016
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>ELECCIÓN PAPA FRANCISCO

Una excepción que confirma la regla

José Ramón García Hernandez

José Ramón García Hernández, Secretario Ejecutivo de Relaciones Internacionales del PP, valora para Páginas Digital la elección del Papa Francisco.

Ayer estaba de viaje a Bruselas y cuando encendí el móvil un mensaje escueto nos anunciaba que teníamos "fumata blanca". La emoción me sacudió por la celeridad con la que todo se estaba desarrollando y quise estar atento a todos los signos. De repente en un avión lleno de españoles empezaron a transmitirse las noticias que llegaban... "es argentino" - oí por atrás -"¿quién?" - preguntaba otro -.

El signo, mal que pese a los detractores, es que algunos en España seguimos siendo católicos. Después, se escucharon conversaciones entrecortadas sobre la personalidad del nuevo Papa y los aparatos electrónicos se colapsaban por la deficiente wi-fi del aeropuerto, lo que nos demuestra que tanto la tecnología como la ciencia a veces fallan, pero la Iglesia está siempre como un reloj. Y enseguida me puse hablar con dos españoles, Blanca y Joannes, que agradecieron compartir las primeras imágenes de Francisco I. Otro signo de la universalidad de la Iglesia, sus imágenes y sus mensajes. 

Y ¿cómo nos viene este Papa?, es otro Papa venido de "lontano" como dijo Juan Pablo II, y ya ven la que nos montó, el renacer indiscutible de la Iglesia. Así que esta es otra excepción que confirma la regla, la centralidad de la Iglesia está donde Cristo pone su corazón. Otra de las excepciones estaba en la cruz humilde que portaba sobre su pecho y sobre la que espero más noticias, pero me temo que es una cruz con historia y que lleva aparejada sufrimiento ofrecido. Una cruz franciscana. Un nombre, Francisco, asociado a dos grandes santos de la Iglesia, San Francisco de Asís, al que Dios le encarga no sólo cuidar de los pobres, sino además el renacer de una Iglesia que estaba en peligro, incluso derruida. Otro santo, este jesuíta, San Francisco Javier, que sabe lo que es el ecumenismo y el abandono total en Dios.

Me temo que nos viene una revolución en todo orden a la Iglesia. El Cardenal Bergoglio tenía fama de reformador, un buen reformador sabe que solo que se reforma permanece, y este es el aire que enfrentará la nueva Curia. Un hombre que se ha desenvuelto en la austeridad vital, renunciando a los honores del mundo, sabe donde deben estar el Vaticano y toda la Iglesia. Un hombre que no se dejó seducir por el mundo de la Teología de la Liberación. Un jesuíta en un mundo y una Compañía sacudida. Y sin embargo, como todos los jesuítas, con un halo de encarar la modernidad mirándola a los ojos. Un jesuíta argentino como Castellani.


Los retos que tiene la Iglesia no son lo que los enemigos de la misma plantean, y empezarán a denigrarle como hicieron con Ratiznger. Nada de descafeinar el mensaje para hacerlo atractivo a sus periódicos o televisiones, si no que le pregunten a Cristina Fernández de Kirchner, que evitaba ir a sus homilías. Nada de ocuparse solo de los pobres para que los ricos se salven por sus medios, todo lo contrario, total disponibilidad y capacidad de escucha. Con todos los que sufren víctimas de cualquier injusticia, amor incondicional. Y esa es la Iglesia que nos viene. Este triduo de Juan Pablo II, que volvió a la Iglesia a su Misión, de Benedicto XVI, que volvió a lo básico del cristianismo, Fe, Amor y Caridad en sus encíclicas, llega Francisco I, el Papa negro de la profecía, para dar plenitud en la humildad y la oración. Y si no, interpreten su presencia en el Balcón ayer. Lo primero, ser Pastor de su diócesis de Roma, y rezar. Dos oraciones nada más empezar, ese es el mensaje de la Virgen que se aparece en Medjugorje y esa es la renovación que necesitamos.


En un mundo globalizado que se está edificando sobre demasiadas injusticias apiladas, la voz de un moderno San Francisco es más que necesaria. Y para alguien que no ha hecho del boato su seña de identidad, son malos tiempos para aquellos en el Vaticano que se han vendido al poder. No va a funcionar así.


Y la última excepción tiene que ver con su condición de jesuíta. El fundamento de la espiritualidad ignaciana son los ejercicios espirituales, el discernimiento del bien del mal y seguir la voluntad de Dios, para alabarle, hacer reverencia y servir. Este va ser un signo de este papado que empezó ayer. También, los jesuítas, con el conocimiento político de San Ignacio, sólo podían excepcionalmente aceptar ser obispos para no despertar rivalidades en la Iglesia. Si el Espíritu Santo y sus eminencias lo han elegido, será porque sin duda a los ojos de Dios es excepcional y lo que nos viene estará a su altura. Solo podemos dar gracias... ¡ah! y rezar, que nos mandó a descansar para afrontar con fuerzas lo que tenemos que hacer.

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