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2 DICIEMBRE 2016
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La 'nueva evangelización' no es un programa, es un desafío

José María Gutiérrez Montero

¿Qué cree que significa para el camino de la Iglesia el momento actual, con la renuncia del Papa Benedicto XVI, y la elección del Papa Francisco?

Lo principal es que la Iglesia sigue caminando. Todo el camino de este tiempo supone una novedad, la Iglesia es novedad continua. La sorpresa de todo este tiempo hace ver que en la Iglesia hay Otro más grande, que está guiada a un destino más grande, no se atiene a formalidades. Se abren nuevas etapas, nuevas perspectivas. Pero el Señor no abandona a su Iglesia, sigue presente.

Sobre la Nueva Evangelización. La excesiva repetición de este concepto está provocando el riesgo de que se convierta en un concepto “gastado”, “vacío”. Para usted como obispo, ¿Qué significa el desafío de la nueva evangelización? ¿Qué significa en nuestros ambientes?

La Nueva Evangelización es una interpelación a la propia persona, a los obispos, a los sacerdotes, a los religiosos, a los fieles laicos, … A toda la Iglesia. Es una llamada a vivir con alegría y certeza la propia fe, y a ir al encuentro del mundo con más audacia.

No es el título de un programa pastoral, sino una llamada a vivir la propia vocación de cristianos con alegría y responsabilidad.

Necesitamos tener la certeza de la fe, y la audacia para la vida presente. La audacia no es sin más un atrevimiento, sino que lleva consigo la inteligencia de la realidad, que intenta vivir con toda su riqueza lo que nace de la fe.

Por lo tanto, la Nueva Evangelización, más que una tarea, es un desafío.

Todos están sorprendidos por algunos aspectos iniciales del nuevo pontificado. Algunos afirman que existe una discontinuidad con el de Benedicto XVI. ¿Cree usted que existe tal discontinuidad?

En absoluto. Por lo que hemos visto ya del Papa Francisco, con sus gestos interpela para vivir con libertad todo lo que Benedicto XVI ha predicado. Por lo tanto, no es una discontinuidad, sino un paso adelante.

Benedicto XVI ha hecho un gran esfuerzo por recuperar el diálogo del cristianismo con la razón moderna. Pero al parecer, nuestro interlocutor no se presenta a la cita. ¿Quién será nuestro interlocutor?

Nuestros interlocutores son los hombres de nuestro tiempo, y los problemas de la vida real. El diálogo es posible a partir de nuestra presencia. Para el diálogo, necesitamos la fe y la razón, y aquello que nos viene de la inteligencia de la realidad.

Pero lo más importante de todo, es que si no se ama, no hay diálogo. Si no hay un deseo de encuentro verdadero con el otro, no es posible el diálogo. Será un discurso impuesto. Para que se de un diálogo real, fecundo, es necesario el amor.

 

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