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7 DICIEMBRE 2016
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El fracaso de Thatcher

Fernando de Haro

Dejando de lado esos extremos, criticar las políticas de Maggie se ha convertido en una de las pocas señas de identidad que les quedan a los socialdemócratas. Y ensalzarlas, uno de los escasos rasgos distintivos de los liberales. Ya casi nadie sabe bien qué es la socialdemocracia y el liberalismo, salvo cuando se habla de la señora Thatcher.

Sin duda la firmeza, la coherencia y la altura de miras dominaron su forma de hacer política. Y en eso es admirable. Pero urge hacer una valoración, lo más precisa posible, de su actuación. No estamos hablando del pasado. El asunto tiene que ver con lo que pueden hacer los europeos en general, y los británicos en particular, con el llamado, Estado del Bienestar.

Y para hacer esa valoración el trabajo de Phillip Blond es interesante. Blond es un pensador difícilmente clasificable. Es filósofo y teólogo. Fue asesor en los primeros momentos del gobierno de Cameron. Pero ahora se muestra muy crítico.

Blond, en su libro, Red Tory, sostiene que Thatcher fracasó en su intento de generar una alternativa al paternalismo estatalista que se había desarrollado en el Reino Unido tras la II Guerra Mundial. Y fracasó porque fue más liberal que conservadora. Rompió con el insoportable protagonismo de los sindicatos y tomó muchas medidas que rompían una inercia que "desresponsabilzaba" a la gente. Pero, al final, la política de privatizaciones entregó en manos del mercado, del capital, lo que antes estaba en manos del Estado. "El fundamentalismo del libre mercado cambió unos monopolios por otros". El poder no volvió a la sociedad, se quedó en las grandes corporaciones. "El individualismo creado por el Estado/Mercado no puede generar una auténtica sociedad", explica Blond.

Nuestro hombre ha sintetiza sus tesis en un trabajo más reciente Rise of Red Tories. Blond explica que Thatcher luchó contra el corporativismo y el estatalismo, pero equivocó el tiro. "En lugar de sostener a la clase media, el Estado se adelgazó en favor de los propietarios. Los beneficios de la política de los años 80 fueron para las clases altas. La clase media se endeudó y los pobres cayeron muy bajo. El Reino Unido se quedó atascado en un capitalismo de clase".

La política de la Dama de Hierro fue el germen de la actual crisis. El ejemplo es lo que sucedió en el sector financiero. El crack de los bancos se debe, en buena parte, a que grandes grupos absorbieron el tejido de entidades locales y regionales. Escaparon del control y de la relación con la sociedad en la que habían nacido, de la economía real.

Blond está convencido de que la alternativa al estatalismo no es un liberalismo que absolutice las privatizaciones y el mercado sino una política que le dé más protagonismo a la sociedad. Eso es lo que no supo hacer Thatcher. El mercado no convierte, de forma mágica, el egoísmo privado en bien común. 

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