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9 DICIEMBRE 2016
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Clonación: falsa novedad innecesaria

Nicolás Jouve de la Barreda, catedrático de Genética y presidente de CíViCa

Lo cierto es que por razones éticas la clonación está prohibida en las legislaciones de los países más desarrollados, aunque, como en tantas otras cuestiones relacionadas con las aplicaciones científicas, se disimula el hecho de la clonación indicando que se trata de la obtención de células embrionarias a partir de células de la piel. Sí, básicamente es así, pero para ello se han de crear embriones humanos por "transferencia nuclear", y eso no es otra cosa que clonar... En síntesis, el método utilizado consiste en introducir en un óvulo humano (gameto femenino) el núcleo de una célula somática humana (una célula de la piel o de otra procedencia), habiendo eliminado previamente el núcleo del óvulo. De esta forma lo que se obtiene es biológicamente un cigoto, y por tanto un embrión, ya que posee la dotación de cromosomas equivalente a un cigoto (2n=46) que proviniese de una fecundación de un óvulo (n=23) por un espermatozoide (n=23), con la peculiaridad de que posee la información genética del individuo de que proviniese el núcleo trasplantado.

Que se trata de un embrión no ofrece ninguna duda como lo demuestra la existencia de numerosos clones de mamíferos (ratones, ovejas, perros, gatos, macacos, etc.) obtenidos por el mismo procedimiento, que es el que dio vida hace 16 años a la oveja ‘Dolly', y que se ha recreado ahora para obtener embriones clónicos humanos.

Dicho lo anterior, lo siguiente que nos debemos preguntar es la finalidad de esta tecnología aplicada a seres humanos. Se pretende señalar que se trata de un buen fin pues de este modo se podrán curar enfermedades degenerativas. ¿Cómo?, extirpando las células de estos embriones humanos, que si se hubieran obtenido de un paciente aquejado por una enfermedad degenerativa, servirían para obtener líneas celulares por cultivo in vitro de las células embrionarias. Estas serían devueltas después al propio paciente, donante del núcleo de que provienen los embriones, con el fin de repoblar el tejido dañado y curar la enfermedad degenerativa de que estuviese afectado. La razón de utilizar embriones con la misma identidad del paciente es la de evitar el rechazo de las células restauradoras de su mal.

El problema ético salta a la vista... Se crean clones humanos para después destruirlos, ya que es imposible extraer las células del blastocisto (embrión a los 6-7 días dotado de más de un centenar de células) sin destruirlo.

Se mire como se mire se trata de clonación humana, se crean embriones humanos y se propone destruirlos para utilizar sus células con fines terapéuticos.

Realmente esta tecnología no es novedosa. En Marzo de 2004, los investigadores surcoreanos Woo Suk Hwang y Moon Shin-Yong publicaron en la revista Science un trabajo de clonación por trasplante de núcleos procedentes de células somáticas en ovocitos humanos, con la misma tecnología utilizada para la clonación de la oveja 'Dolly'. Un años después, la misma revista señaló que el equipo de Hwang había obtenido once líneas celulares procedentes de células madre de embriones humanos clonados de diversos pacientes, experimento para el que se emplearon 185 óvulos. La discutible eficacia de estas técnicas en el campo de la clonación humana, tuvo una gran repercusión en la comunidad científica internacional, pues se utilizó arteramente como una vía hacia las aplicaciones terapéuticas para el tratamiento de enfermedades degenerativas. Sin embargo, poco después de la última de las publicaciones citadas, se abrió una investigación y un comité de la Universidad de Seul anunció que no había ninguna evidencia sobre la autenticidad de los logros del equipo de Hwang.

La polémica está servida, dado que volvemos a obtener clones de seres humanos, cuando los avances de la terapia celular habían despegado hacia otros derroteros más eficaces y éticos. La realidad es que se trata de una tecnología que no ha dado resultados prácticos en los ensayos con animales de laboratorio y que además resulta innecesaria dadas las alternativas de la tecnología de la «reprogramación celular».

En primer lugar, las células madre embrionarias han venido siendo paulatinamente abandonadas por los investigadores que han tratado de utilizarlas con animales de laboratorio para estas aplicaciones dada su peligrosidad, ya que debido a su elevada proliferación provocan tumores en los trasplantes.

Por otra parte, su utilización es innecesaria desde que en 2006 surgió la tecnología de la «reprogramación celular». En dicho año, investigadores japoneses del Departamento de Células Madre de la Universidad de Kioto, liderados por Shinya Yamanaka, publicaron también en la revista Cell, un trabajo en el que se demostraba la posibilidad de inducir hacia células madre pluripotentes, células de la piel, fibroblastos de ratón. Su método consistía en la modificación de las células somáticas mediante la introducción de cuatro factores genéticos: Oct3/4, Sox2, c-Myc y Klf4, en unas condiciones de cultivos celulares semejantes a las utilizadas con células madre embrionarias. En estas investigaciones subyacía la intención de sustituir la insatisfactoria experimentación con células madre embrionarias por otras que no planteasen problemas éticos. En una entrevista publicada en New York Times (11-12-2007): Shinya Yamanaka había señalado: «Cuando veía un embrión -al microscopio-, me daba cuenta de que hay poca diferencia entre él y mis hijas» y «entonces pensaba que yo no podía permitirme destruir embriones para investigar. Tenía que haber otra posibilidad». De hecho las células obtenidas por este procedimiento, presentaban la morfología y las propiedades de crecimiento de las células madre embrionarias y convenientemente cultivadas en medios apropiados mostraban capacidad de diferenciarse hacia varios tipos de tejidos, por lo que se denominaron iPS (Induced pluripotent stem).

Prácticamente, desde hace seis años las células inducidas pluripotentes de Yamanaka constituyen la opción de trabajo en cientos de laboratorios de todo el mundo. La gran mayoría de los investigadores que trabajan en este campo creen que las células iPS sustituirán con ventaja a las células madre embrionarias, tanto con fines experimentales como terapéuticos. De hecho, en 2008 la revista Science calificó la «reprogramación celular» como el descubrimiento científico del año por la utilidad que pueden tener en la investigación de graves enfermedades y por su probable utilización dentro del campo de la medicina reparadora.

Recordemos además dos datos de interés. El primero la sentencia del 18 de octubre de 2011 del alto tribunal europeo de Luxemburgo, que dictamina en contra de la utilización de embriones con fines de obtención de patentes para la aplicación en medicina por razones éticas, de moralidad y defensa de la dignidad de la vida humana. En segundo lugar, está la propia esperanza depositada en la curación de las enfermedades degenerativas por el procedimiento de la reprogramación celular, que es la razón por la que el Instituto Karolinska de la Real Academia de las Ciencias de Suecia decidió otorgar el Premio Nobel de Medicina o Fisiología del año 2012 a los investigadores John Gurdon (nacido el 2 de octubre de 1933 en Dippenhall, Reino Unido) y Shinya Yamanaka (nacido el 4 de septiembre de 1962 en Higashi Osaka, Japón). Los motivos del Nobel señalan que John Gurdon «descubrió en 1962 que la especialización de las células es reversible» y que Shinya Yamanaka «describió, 40 años después, cómo células maduras intactas podían ser reprogramadas para convertirse en células madre».

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