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11 DICIEMBRE 2016
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Ciencia y sensacionalismo

César Nombela, rector de la Universidad Menéndez Pelayo

La clonación de la oveja Dolly, en 1997, abrió paso a la expresión "clonación terapéutica". Se logró la clonación de este mamífero por transferencia del núcleo diploide, de una célula adulta diferenciada, a un ovocito desnucleado. Debía ser posible hacer algo parecido con células y gametos femeninos humanos, naturalmente que sí. Lo que sucede es que ello no necesariamente debía aportar las pretendidas terapias de enfermedades incurables. Nadie había demostrado que las células derivadas de embriones sirvan para tratar, en todo caso se debía hablar de clonación para investigación. Además, hablar de embriones humanos, de su creación con propósitos experimentales o industriales, suponía plantear una cuestión con notables reservas éticas. Las legislaciones, los convenios internacionales sobre Bioética, así como otros muchos textos normativos, proclamaban la dignidad del embrión humano que no podía ser creado o manejado con propósitos instrumentales. 

A pesar de ello, nada impidió que muchos insistieran en que la clonación terapéutica y, en todo caso, el empleo de células de origen embrionario (cuya obtención requiere destruir embriones) constituía el único camino para curar enfermedades hasta ahora incurables. Hasta el discurso de investidura de Zapatero en 2004, contenía como único planteamiento relativo a la medicina, la apuesta por el empleo de células madre, embrionarias naturalmente. Ha sido muy rápida la sucesión de hechos en los que la búsqueda de un sensacionalismo fácil ha oscurecido lo que debe caracterizar al progreso científico. El rigor en el planteamiento, la crítica que asegure el avance, la actitud ética para transmitir la verdad y diferenciarla de la conjetura.

El fraude de Corea (2004 y 2005) se presentaba como el gran descubrimiento, que remueve paradigmas y abre caminos -definitivos- para la Medicina. La fascinación que para muchos suponía renacer a la vida embrionaria, sin duda determinó una actitud acrítica, mientras que el "gran hallazgo" ocupaba portadas de medios hablados, visuales, escritos y digitales, del mundo entero. Todo acabó en el oprobio de quienes hubieron de confesar que habían falseado los resultados. No tardó mucho (2006) el japonés Yamanaka en mostrar que era posible reprogramar células adultas, a estados pluripotentes, sin destruir embriones, una historia de éxito con Premio Nobel incluido que abre caminos importantes. Pero, sigamos exigiendo rigor en la transmisión de la verdad científica. La Medicina Regenerativa avanza ya con paso firme de la mano de las células madre adultas, no de las células pluripotentes, ya sean las derivadas de embriones (con objeciones éticas) ni tampoco de las de Yamanaka (que no plantean problemas éticos). Y es que basta examinar los miles de ensayos clínicos con los que se abre camino el uso de células madre adultas (de médula ósea, cordón umbilical, grasa corporal), aunque ocupen pocos titulares de prensa.  

Investigadores de Oregón, encabezados por Mitalipov, pretenden ahora resucitar la (supuesta) clonación terapéutica. Mejorando la tecnología aplicada para clonar, afirman haber logrado embriones clónicos humanos y haber derivado células madre embrionarias a partir de los mismos. De nuevo acaparan al 100% los titulares de portada en todo el mundo, mientras afirman que sus células -obtenidas en sólo en dos casos- son mejores que las de Yamanaka, en una argumentación muy discutible. Pues bien, apenas transcurrida una semana se señala en los foros más serios que el trabajo publicado tiene errores, como imágenes duplicadas que pretenden representar a dos tipos de células distintas, o gráficas en que muestran una sospechosa correlación para los datos que incluyen.

Nada se puede decir, por ahora, acerca de si estamos ante un nuevo fraude científico o se trata de errores inocentes, como afirma el investigador responsable. De lo que no cabe duda es de que la revista Cell, que acostumbra a seguir un largo y detallado proceso (muchos meses normalmente) de evaluación de los trabajos que acepta, ha despachado todo lo relativo a esta investigación en seis días. El sensacionalismo, la búsqueda de titulares y la manida propuesta de que por este camino, sólo por el de las células embrionarias, tendrían curación determinadas enfermedades, ha vuelto a contaminar lo que debe ser un proceso científicamente riguroso y éticamente exigente.

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