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2 DICIEMBRE 2016
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¿Mejor drones que juicios?

Ángel Satué

Obama desde 2009 ha ordenado más de 200 ataques de la CIA y de las fuerzas armadas contra (presuntos) terroristas. La semana pasada, Eric Holder, a la sazón el Fiscal General de EE.UU. comunicó al senador Patrick Leahy (presidente del Comité de Justicia del Senado) que cuatro ciudadanos americanos habían sido eliminados mediante ataques de drones (sin juicio previo ni posibilidad de defenderse).

Horas después, Obama reafirmó en público en la Universidad Nacional de la Defensa (Fort McNair, 1791), su política de ataques selectivos contra objetivos potencialmente peligrosos para la seguridad de EE.UU., más o menos inminentes (www.whitehouse.gov/the-press-office/2013/05/23/remarks-president-national-defense-university). Afirmó que se producen en el marco de una guerra justa, por su proporcionalidad y por ser el último recurso. Enumerando y reconociendo las complejidades para el derecho y la moral del uso de drones, sus palabras en última instancia sonaron a excusas bajo el amparo de la seguridad nacional.

Los EE.UU. disponen de unos 7.000 drones. Son un instrumento eficaz en la lucha contra el terrorismo por: 1) el alto grado de fiabilidad, tanto de la información obtenida como de los ataques ejecutados; 2) su menor coste respecto a otros medios aéreos tripulados (por el adiestramiento, combustible, logística y mantenimiento, sistemas, etc.); 3) la minimización del número de víctimas civiles; 4) reducir a cero las víctimas del lado que los opera y pilota; 5) su versatilidad, al poder ser operados a distancia de miles de kilómetros, desde buques a bases; 6) poder ser operados por contratistas privados -no sin dudas legales-, o personal militar; 7) sus características técnicas, etc.

Ahora bien, en la lucha contra el terrorismo, la utilización de drones plantea importantes interrogantes. En el marco de un conflicto armado, siendo de aplicación el derecho internacional humanitario (prohibición de la tortura, la desaparición, la detención forzosa y secreta, etc.) una ejecución sumaria en el caso concreto de producirse fuera del campo de batalla, aunque sea realizada mediante un drone, en el marco de un conflicto, ¿sería legal?, y aunque lo fuera, ¿sería justa? ¿Qué es campo de batalla en una guerra contra el terrorismo de alcance global? ¿Se justifica invadir el espacio aéreo de un país soberano con un drone para matar a un presunto terrorista?

La Comisión de Derechos Humanos de la ONU (A/58/40, vol. I, parr.85, 15) dice respecto a la política de targeted killing, u "objetivos selectivos", para acabar con terroristas, que debe someterse a unas reglas. El ataque selectivo no es alternativo a la detención y enjuiciamiento del individuo. No pueden ser acciones de castigo o disuasión. Deben antes agotarse todas las medidas para detener a una persona sospechosa de hallarse en vías de cometer actos de terrorismo. Todo uso de la fuerza se hará bajo los principios de necesidad, proporcionalidad, dando la opción de rendición, y usando gradualmente el uso de la fuerza, si bien admitiendo como excepciones a la prohibición del uso de la fuerza la defensa propia y la legítima defensa -como podría ser el supuesto de un inminente atentando- (advertir que para el Ministerio de Justicia de EE.UU. "riesgo inminente" no requiere clara evidencia de un ataque específico a los EE.UU., sus personas o intereses, en un inmediato futuro).  

Desde este punto de vista tiene poca justificación que la superpotencia que aniquiló a su enemigo público número uno, Osama Bin Laden, en teoría y en la práctica objetivo correoso y difícil donde los haya, no pueda apresar y enjuiciar a personajes algo menos ilustres.

La cuestión no es si ganaremos la guerra, que es evidente que la ganaremos, sino de no perder en el camino nuestra condición democrática, garante del derecho a la vida, los derechos humanos y las libertades, y del estado derecho.

Al-Qaeda puede estar perdiendo el conflicto, o la primera guerra global asimétrica, y con los drones se encuentran en jaque muchas más veces que antes, pero en cierta manera, también nos pone a nosotros en jaque.

Si en algún momento EE.UU. o alguna potencia aliada nos pusiéramos a su altura, el Oeste, sería menos Oeste. Los pueblos del Oeste, como si de Tolkien se tratase, saben que la negación del imperio de las leyes es el más rápido camino para renunciar a nuestra condición más humana, porque es el camino más directo a la pérdida de nuestra libertad. El humanismo que nos ha sido legado y nos es propio es el de los pueblos regidos bajo el estado de derecho, y esta es nuestra tradición.

Me temo que en realidad no existe más que una aproximación en el caso por caso, que debe exigir el máximo control, incluso judicial, en los casos de incertidumbre, para determinar si un objetivo está en un campo de batalla, si es o no combatiente, si existe en verdad un riesgo inminente,...Lamentablemente, el supuesto más claro es el menos frecuente.

España, en el futuro, deberá ser muy cauta con el apoyo a intervenciones contraterroristas como las explicadas, por cuanto durante décadas hemos sabido combatir el terrorismo pacientemente, con la Ley. Apenas guardamos cierta memoria histórica de lo que cuesta mantener un imperio, el nuestro, pero que sabemos que tampoco merecía la pena defenderlo convirtiéndonos a los valores del enemigo sino perseverando en los nuestros. Ahora, con unos valores evolucionados, que están en nuestra vigente Constitución, en los pactos y tratados internacionales, incluida la Carta de la ONU, sabemos que la paz y la libertad no tienen atajos ni vericuetos, y que el camino recto es doloroso y sacrificado, pero estamos llamados al bien y la verdad, aunque cueste y aunque caigamos. El gran Papa polaco condenó el terrorismo por ser un crimen contra la humanidad, reconociendo el derecho a defenderse, aunque ateniéndonos a reglas morales y jurídicas, tanto en la elección de los objetivos como de los medios. Luego, no todo vale. Pero es que además, se puede hacer de otra forma, más justa. A la lógica de la hegemonía, se trata de anteponer la lógica del testimonio y el ejemplo. Si no, ¿qué nos diferenciaría de las bestias que nos asesinan?

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