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8 DICIEMBRE 2016
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Egipto: una obra gigantesca

Tewfik Aclimandos | 0 comentarios valoración: 3  76 votos
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La caída de Morsi es fruto de una movilización, cuantificada en decenas de millones de personas, que ha superado cualquier expectativa, así como de la ciega obstinación y las vendas ideológicas en los ojos de los Hermanos, y de una coordinación entre distintos agentes: servicios de seguridad, jóvenes revolucionarios, fuerzas políticas (incluidos los salafistas), miembros del ancien régime, con la bendición del Ejército. Los Hermanos se han encontrado en un cerco, en el cual por lo demás se negaban a hacer concesiones, pensando que les iban a requerir otras más: o dejaban que se hiciesen las manifestaciones sin atacarlas —y estas eran cada vez más consistentes— o bien las atacaban y daban al ejército un pretexto para intervenir.

La hoja de ruta del ejército es más bien sencilla: congelar la Constitución, nombrar un Comité para enmendarla. Esta fórmula, un poco tambaleante, permite mantener dentro de la coalición a los salafistas, muy vinculados a la Constitución de diciembre de 2012. Las demás medidas son nombrar un presidente ad interim, Adli Mansour, Presidente del Tribunal Constitucional; formar un gobierno de tecnócratas que cuente con el apoyo de los miembros de la coalición; preparar elecciones presidenciales.

Es muy difícil prever lo que vendrá. Lo único que se puede hacer es un inventario no exhaustivo de los problemas y los motivos de inquietud: primero de todo, ¿hay que temer un “escenario argelino”? ¿El país corre el riesgo de una guerra civil? La primera noche sin Morsi ya ha contado con una docena de personas muertas en la provincia, durante incidentes desencadenados por defensores de los Hermanos Musulmanes. Estos últimos y sus aliados en el Sinaí disponen de los medios para abrazar una política del “tanto peor”. ¿Y en otras partes? En teoría, esta opción sería un error y legitimaría una represión más dura, alienando todavía más a la población. Pero se podría imponer desde la base en el caso de que esta se radicalizara o si se excluyera a los Hermanos del juego político de la nueva coalición. Este problema plantearía otros dos: el futuro de la dirección de los Hermanos y la amplitud de las detenciones en los rangos de la Hermandad. Esta es culpable de actos análogos a los que desembocaron en el proceso a Mubarak y a sus colaboradores. Sin embargo, ¿el nuevo equipo cuenta con sancionar solamente a los dirigentes? ¿Disolver la Hermandad? ¿No hacer nada? Todavía no lo sabemos con certeza, porque las presiones de la calle y la juventud revolucionaria serán cruciales.

Es igualmente difícil saber si el estado de la economía permitirá o no poner en tela de juicio las decisiones impopulares. A primera vista, la respuesta es no, pero los países del Golfo (Arabia Saudita, Kuwait, Emiratos) dieron a entender en más de una ocasión a sus interlocutores egipcios que estarían listos para ayudar abundantemente al país si los Hermanos Musulmanes cayesen y se tratase mejor al presidente Mubarak. ¿Están listos para hacerlo y/o a renunciar a la segunda condición? Parece que los Emiratos ya han puesto en marcha una ayuda consistente, con la entrega de cantidades notables de gasóleo (Egipto sufre una penuria que debilita su economía).

¿La coalición que toma el puesto de los Hermanos tiene medios para durar al menos el tiempo necesario para organizar las elecciones (algunos meses, con toda probabilidad)? Los miembros del ancien régime, los hombres de los aparatos de seguridad y los jóvenes revolucionarios, los no islamistas y los salafistas, quienes quieren reestructurar el aparato de Estado para democratizarlo y quienes en cambio están vinculados a su misión de modernización autoritaria, por poner sólo tres ejemplos, pueden recorrer un tramo de camino juntos? Sobre los distintos capítulos, como por ejemplo el de la Constitución y de la posición de los hombres del ancien régime, no se ve acuerdo posible.

Será grande la tentación para las distintas fuerzas de cortejar al ejército y la Policía, pedir su arbitraje y así consagrar su preeminencia. Una transición democrática de éxito exige la presencia de partidos fuertes o influyentes. En Egipto no los hay y el país es una obra gigantesca en construcción, sin un equipo de trabajo unido y donde falta el dinero.

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