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8 DICIEMBRE 2016
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Siria desestabiliza el Líbano

Daccache Salim, rector de la Universidad San José | 0 comentarios valoración: 3  56 votos
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Los expertos y cuantos se interesan por la situación política y social libanesa siguen paso a paso los acontecimientos políticos y militares en el país. Los efectos y las consecuencias del conflicto sirio actualmente se notan en varios niveles: flujo continuo de refugiados, situación económica y social difícil en algunos sectores, prohibición para los turistas árabes del Golfo de ir a Líbano, crisis política de todo el sistema de gobierno, seguridad incierta en algunas zonas del país, participación e injerencia de algunos partidos libaneses en el conflicto entre los cuales las fuerzas armadas de Hezbollá, rupturas entre musulmanes chiítas y sunitas, discrepancias en las filas cristianas, una Iglesia prisionera de un discurso teórico, recrudecimiento de la emigración… En resumen, las perspectivas de evolución son negativas.

1. El sistema de Taif de 1991 —que, una vez constitucionalizado, redefinió los poderes quitando algunas prerrogativas al Presidente de la República a favor de los Presidentes del Consejo y del Parlamento, haciendo del Consejo de Ministros una dirección colegial de Estado— se encuentra en estado avanzado de degradación. Actualmente el vacío es casi generalizado: el Consejo de Ministros ya no es operativo; el Parlamento, que ha llegado al término de su mandato y es incapaz de reformar la ley electoral, se ha autoasignado un mandato suplementario de un año y medio; contra esta iniciativa el Presidente de la República ha presentado un recurso al Tribunal constitucional y también el general Michel Aoun ha apelado a fin de que el Tribunal delibere sobre la decisión del Parlamento. Sin embargo, el Tribunal no logra reunir a sus miembros y alcanzar el quórum necesario para llevar a cabo la sesión.

De hecho, todo el régimen democrático libanés está en crisis con motivo de la fragmentación comunitaria tanto del lado musulmán como del lado cristiano; en efecto, cada grupo representa a su propia comunidad o a una parte de esta, o ha asumido su control. Hay quien sostiene que una de las consecuencias de la situación conflictiva en Siria y del alinearse a favor de una u otra parte del conflicto es la congelación prolongada en el funcionamiento de las instituciones libanesas, lo cual arroja a la democracia libanesa a un estado de agonía. Una agonía que pone en apuros a las fuerzas armadas y de seguridad, que sólo con mucha dificultad logran tener bajo control los excesos que se manifiestan de vez en cuando. En Trípoli fue necesaria una intervención decidida del ejército. Los combates con armas pesadas entre los sunitas, defensores de la revolución siria, por una parte, y los alauíes afiliados al régimen político sirio, por otra, han provocado decenas de muertos y heridos, no sin el apoyo abierto de las fuerzas políticas de la ciudad y la amenaza de los sunitas de eliminar a la minoría alauí. Hay quien sostiene que algunas fuerzas políticas y regionales del área quieren esta degeneración y el vacío político para que se pueda llegar a reconocer que los acuerdos de Taif actualmente son ineficaces e inadecuados, a fin de abrir el paso a un nuevo acuerdo y un nuevo pacto nacional. Esto favorecería a los más fuertes y les permitiría adueñarse de todo el poder político.

2. En conexión con esta situación política en deterioro, asistimos sin ningún poder de intervención a un recrudecimiento de los antagonismos entre sunitas y chiítas y también entre los cristianos, cada vez más divididos entre las dos facciones musulmanas. Lo demuestra la voluntad del Patriarca maronita de hacer converger a los partidos cristianos en torno a una ley electoral que devolvería a los cristianos la autonomía de designar a sus diputados en el Parlamento. Actualmente, en efecto, para elegir a una treintena de los 64 diputados cristianos del Parlamento los votos de los musulmanes son determinantes, en virtud de la ley denominada 1960. Sin embargo, las alianzas del 8 de marzo (entre los chiítas y los cristianos guiados por el General Aoun) y del 14 de marzo (buena parte de los sunitas junto a los defensores de las Fuerzas libanesas) han mostrado los límites de la influencia que un Patriarca puede ejercer sobre los políticos de su comunidad, de la cual además reivindican ser los representantes.

En los hechos este antagonismo reproduce el antagonismo en curso en toda la región, que ha llevado a algunos sunitas a intervenir en Siria con los rebeldes y los chiítas de la fuerza armada de Hezbollá para ayudar a las fuerzas fieles a Bashar al-Asad. Uno se pregunta cómo es posible que la situación en el país de los cedros todavía no haya degenerado siguiendo los pasos de lo que está sucediendo en Siria. La respuesta de algunos expertos militares parece convincente: por un lado los libaneses han vivido la experiencia de una guerra fratricida que ha conllevado sólo destrucción y de una solución política de compromiso después de unos veinte años de conflicto armado.

Un nuevo conflicto llevaría sólo a un acuerdo semejante al de Taif. Otros sostienen que la fuerza de Hezbollá ha alcanzado dimensiones tales que neutralizaría a quien quisiera lanzarse en una confrontación armada desestabilizadora, considerando que las fuerzas armadas libanesas ¬—que representan a todas las comunidades— no podrían intervenir en un conflicto del este tipo. En tercer lugar, todas las fuerzas políticas tratan de frenar cualquier traducción sobre el terreno de este antagonismo, porque tal opción sería gravemente perjudicial ante todo para la dimensión política como instrumento de gestión de la cosa pública. En efecto, en un caso así los políticos se verían desbancados por las fuerzas más radicales —sobre todo sunitas— que se declaran impacientes de entrar en escena.

3. Otro aspecto que inquieta y pesa sobre la situación política y social es el problema de los refugiados sirios. Diversas organizaciones internacionales han prestado socorro y el mismo Líbano ha empleado recursos para acogerlos y darles un poco de consolación. Numerosas escuelas públicas se han destinado a la educación de los hijos de los refugiados según los programas sirios. Sin embargo, el asentamiento de los refugiados no se ha organizado de modo sistemático, con la apertura de campos como en Jordania y Turquía. Por eso, están por todas partes, ni son controlados ni serían controlables, lo cual causa problemas con la población y excesos de todo tipo.

Por tanto, los refugiados son presa de los partidos políticos, que los usan y manipulan. Actualmente Líbano acoge a más de 600.000 refugiados sirios, lo que equivale a cerca del 20% de su población, un número que se va a sumar a otros 500.000 sirios que trabajan en Líbano. A medio y largo plazo este hecho amenaza con desestabilizar el frágil equilibrio político y económico de la realidad libanesa.

4. Algunos piensan que más allá de la intención de algunos partidos políticos libaneses de modificar los artículos de la Constitución libanesa de 1990, los acontecimientos actuales llevarán a la reconstitución geopolítica de los países de la región según nuevas fronteras basadas en la pureza étnica o religiosa y a poner en tela de juicio los Estados actuales, fundados a partir de los acuerdos Sykes Pikot de 1915-1916. Entre las graves novedades que introduce la crisis siria se encuentra la relatividad de las fronteras, que se han vuelto porosas y no reflejan en absoluto la línea de ruptura entre las comunidades. El régimen sirio utiliza este hecho de poner en standby las fronteras, y según algunos observadores sigue facilitando el abandono de los territorios sirios para aumentar los problemas de los países de llegada. Sin embargo, otros expertos consideran por el contrario que las revoluciones árabes han consagrado las fronteras, porque sus reivindicaciones eran más bien nacionales y se basaban en el concepto de ciudadanía, como en Egipto, Yemen, Túnez y Libia. Sin embargo, todo esto es relativo, puesto que las solidaridades comunitarias asumen un papel determinante para asustar al otro y reforzar la comunidad frente a amenazas y peligros.

El primer Ministro libanés dimisionario, Najib Mikati, con ocasión de un encuentro con un grupo de profesores universitarios que acudían para indagar sobre la realidad política y hacer presión a fin de que se saliese del vacío institucional, expresó claramente sus dudas respecto a la posibilidad de alcanzar una solución antes de que se decida el futuro de la Siria. En su opinión, son tres las cuestiones fundamentales cuya respuesta tiene influencia sobre la realidad libanesa. ¿Cuál será el futuro de Siria, ya que aunque ganase Bashar al-Asad el país no podría seguir como antes? En el caso de que se produzca un cambio, ¿qué régimen se instaurará en Siria? ¿Y con qué consecuencias para Líbano? Sea cual sea el resultado del conflicto sirio, la naturaleza del sistema económico liberal libanés y el acuerdo al que se llegó en Taif deberán por lo menos ser objeto de discusión.

Frente a estas preguntas y al impasse político siempre es posible volver a abrir la mesa del diálogo a fin de determinar una línea de conducta para el futuro y encontrar puntos comunes estratégicos que puedan proteger la misión de este minúsculo país. Pero ¿están las mentes realmente listas para el diálogo político? No es seguro.

Algunos esperan a que la relación de fuerzas evolucione a su favor antes de presentarse a la mesa de negociaciones y, en cualquier caso, todos los partidos esperan cambios sobre el terreno siro-iraní. Mientras tanto la crisis continúa y el descanso entre los dos tiempos del partido podría prolongarse, con el riesgo de degenerar en una situación incontrolable.

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