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6 DICIEMBRE 2016
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Roncalli y los judíos

Sante Maletta | 0 comentarios valoración: 3  91 votos
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“Yo soy José, vuestra hermano”. Con estas palabras de origen bíblico, el Papa Juan XXIII recibió en el Vaticano a un grupo de judíos americanos que le visitaron para darle las gracias por su obra a favor del reconocimiento del estado de Israel después de la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un episodio que ilumina un aspecto de la vida del “papa bueno” aún desconocido para el gran público.

Un aspecto que sin embargo parece destinado a salir a la luz en los próximos meses, si tiene éxito la iniciativa de la International Raoul Wallenberg Foundation para promover el reconocimiento de Angelo Roncalli como Justo entre las Naciones. Entretanto, el pasado 29 de abril se celebró en Jerusalén un congreso internacional que reconstruyó la obra del Roncalli diplomático y hombre de Iglesia a favor de los judíos. Entre los promotores de esta iniciativa están la Yad Vashem, la institución israelí responsable de custodiar la memoria de la Shoah, y la Fundación Internacional Gariwo, presidida por el judío milanés Gabriele Nissim.

La obra de Roncalli a favor de los judíos fue multiforme. Durante el último conflicto mundial, como delegado apostólico de la Santa Sede en Turquía y Grecia, trabajó para animar y ayudar a miles de judíos refugiados que transitaban por el puerto de Estambul, para muchos de los cuales consiguió certificados de inmigración que les facilitaran sus movimientos a Palestina. Hasta 1944 Roncalli no cejó en el apoyo a los judíos llegando incluso más allá de los límites de su competencia. Se implicó por ejemplo en la liberación de los judíos detenidos en el campo de concentración de Jasenovac en Croacia, trabajó para convencer al rey búlgaro Boris III para que permitiera que los judíos salieran de su país, animó al gobierno rumano para que dejara marchar a los judíos de la Transnistria, trabajó con la Santa Sede para que ayudaran a los judíos residentes en Italia e incluso en otros países, para enviar mediante correos diplomáticos y religiosas al Nuncio apostólico en Hungría, Angelo Rota, falsos certificados de bautismo que ponían a los judíos húngaros a salvo de la deportación a campos de exterminio (la llamada “Operación bautismo”).

En general, Roncalli colaboró con las organizaciones clandestinas de la resistencia judía durante su permanencia en Estambul y también después, cuando en 1944 fue transferido a París. Al terminar la guerra, el futuro Papa luchó para lograr que la Santa Sede intercediera ante los gobiernos latinoamericanos para convencerles de que no se opusieran a la resolución de la ONU que daba vía libre al nacimiento del estado de Israel. Como Sumo Pontífice, Roncalli abolió el término “perfidis” de la oración del viernes santo por la conversión de los judíos y jugó un papel fundamental en la preparación de los borradores del documento conciliar Nostra Aetate, que aclara de una vez por todas que la responsabilidad por el asesinato de Cristo no puede referirse a los judíos en cuanto tal.

¿Pero por qué Roncalli no ha sido aún reconocido como Justo entre las Naciones por parte de la Yad Vashem? Según los responsables de la International Raoul Wallenberg Foundation, el principal obstáculo sería la relación de Roncalli con Pío XII, cuya obra aún es objeto de controversia. No voy a entrar ahora en la vieja cuestión. Me limito a desear que la investigación sobre la obra de salvación de los judíos durante la Shoah deje de limitarse a indagar sobre los méritos de los individuos particulares que emprendieron el laudable intento de celebrar la memoria, sino que se amplíe a la reconstrucción de redes asistenciales en el contexto social que las apoya. Más que la celebración del héroe aislado, lo que puede educar y edificar a las generaciones del presente y del futuro es precisamente la consideración de la colaboración entre la gente común que, con la ayuda de las instituciones religiosas, puso en peligro su propia seguridad y la de sus seres queridos para salvar a pequeños grupos de judíos cuidando con gran esmero cada detalle particular. La obra de Roncalli también habría sido imposible sin este sustrato ético popular que ha jugado un papel de verdadera resistencia moral frente a la barbarie nazi-fascista.

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