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11 DICIEMBRE 2016
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¿Están todos locos?

Angel Satué | 0 comentarios valoración: 3  143 votos
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Lo de Siria se podría decir que se veía venir. A la primavera árabe, que muchos bien intencionados occidentales vieron como una especie de Revolución Francesa y mayo del 68, ha seguido la desestabilización de toda la cuenca sur del mar Mediterráneo. Han caído los regímenes de Túnez, Libia y Egipto. Líbano sigue contando con presencia de las Naciones Unidas en la difícil franja-frontera de contención con Israel. Turquía e Israel hace meses tuvieron una rencilla marítima, sin contar con los problemas internos del moderado gobierno islamista turco con kurdos, y con los reformistas. El contencioso entre Siria e Israel por los Altos del Golán, sigue latente. Nada nuevo bajo el sol mediterráneo.

Sin embargo, no se puede entender el conflicto sin acudir a la geoestrategia económica. Se trata de que en el Golfo hay mucho gas que se desea exportar, Siria mediante, a través de un gasoducto. Se trata de que el gasoducto patrocinado por EE.UU. llamado Nabucco, y que haría la competencia al South Stream ruso (Gazprom) que suministra a Europa central y oriental, hace escasos meses pasó de proyecto a nada. Se trata además de que un conflicto en la región encarecerá el petróleo y el gas, llegando en pocos días el otoño, lo que dejará a Europa más endeudada. Además, China saldrá realmente perjudicada, pues ralentizará todas sus expectativas de crecimiento, basadas en una industria intensiva en petróleo y con exiguas reservas, a diferencia de EE.UU., que busca su autosuficiencia.

El régimen sirio es evidente que está siendo desestabilizado por fuerzas rebeldes. Estos rebeldes, en su mayoría islamistas radicales de Alcaeda (terroristas), son ahora aliados de Occidente en un loco juego de intereses. Si un dictador sirio además, permanece en su satrapía, y gasea presuntamente a su pueblo, un mínimo sentido común nos dice que ha ido más allá de lo admisible para permanecer en el poder. Es, no obstante, una guerra civil. Su guerra civil. Una guerra a fin de cuentas cuasi-tribal, y de religión (entre chiíes y sunníes).

Los intereses de EE.UU. y de su seguridad son globales y Obama advierte que están en juego. Sus palabras favorables a la intervención armada en caso de demostrarse el uso de armas químicas (esperemos que con mejores pruebas que en Irak), le han atado innecesariamente. La OTAN en un nuevo conflicto armado, con Rusia amenazando a Arabia directamente, a modo de represalia si EE.UU. ataca a Siria, suena a Irak-Afganistán.  

Francia e Inglaterra (desde su base de Chipre –y Gibraltar) interviniendo, junto con los americanos, recuerda a los antiguos protectorados previos a la primera Guerra Mundial en Oriente Próximo (o guerra civil europea). Una especie de cesión del testigo sabiendo que EE.UU. mira al Pacífico, que por cierto, se está armando hasta los dientes.

Y luego la ONU, ese organismo donde todo es posible. El actual Consejo de Seguridad claramente dividido no propiciará una solución a esta guerra civil que se vive en Siria, y que puede ser un conflicto regional de graves consecuencias para la humanidad.

Es evidente que los regímenes totalitarios son la causa de estos lodos. Es evidente que apoyar regímenes fanáticos, donde no rige el principio de reciprocidad, y que buscan peligrosamente la hegemonía, y de una u otra manera, financiarles a cambio de materias primas, está comenzando a ser un alto precio qué pagar.

Como españoles, somos mediterráneos. La región de los olivos. La región que debiera ser de la paz y de la concordia. La región donde deberían prevalecer los intereses regionales de los países bañados por este mar. La guerra del olivo. Ya ha empezado. De alguna manera no existe paz en los corazones de los hombres, y se ha perdido la humanidad. Profundizar en la amenaza y la fuerza, por parte de todos,  es hablar de la destrucción del hombre y del planeta. El conflicto una vez se implique abiertamente Occidente es de imprevisibles consecuencias. Salvo una, el olivo será también símbolo de muerte. ¿Están todos locos?

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