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6 DICIEMBRE 2016
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Pedagogía catalana

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  169 votos
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Pronóstico: Cataluña no va a proclamar la independencia en 2014. Ni en 2015.  El Constitucional frenará la consulta si llega a convocarse. Y el problema quedará aplazado. Entretanto el sentimiento independentista irá creciendo. A medio plazo el único modo de frenar la secesión es que no haya una mayoría aplastante que la apoye y eso requiere un trabajo cultural.  

Al final habrá que adoptar una solución como la de Canadá. Solución que implica una ley de claridad que permita celebrar la consulta soberanista pero en unos términos preestablecidos por el Estado español: exigiendo una altísima tasa de votos a favor del sí. Eso pondría a los nacionalistas y a los independentistas frente a sus contradicciones internas. El problema no sería España sino Cataluña,  los catalanes que no se ponen de acuerdo. Los instrumentos para librar la batalla no son solo jurídicos, hacen falta argumentos para destruir el mito de la independencia.  

Este lunes el  vicepresidente de la Comisión Europea, Joaquín Almunia, hacía unas declaraciones muy útiles para este propósito.  Fueron unas afirmaciones  que le quitan bastante romanticismo a la independencia. Almunia dejó claro que la secesión supone la salida de la Unión Europea.

El independentismo ha construido un mito sobre las posibilidades de desarrollo que tendría Cataluña en solitario. Se asegura que España es un lastre porque la balanza fiscal implica una transferencia de renta de más de 16.000 millones de euros. El mismo concepto de balanza fiscal supone una conquista del nacionalismo, la renta es de los individuos y no de los territorios. Pero es que además las cuentas están mal hechas. Francisco Caja en un informe de hace unos meses www.dialogolibre.com/assets/arxius/8a0cbc7f04cc8df644e307ab07dfc1e8.pdf demostraba que que el déficit fiscal era solo de 700 millones.

La no España supondría para Cataluña no Europa. Es decir aranceles y  poder usar euros pero no estar en los mecanismos de decisión. Algunas estimaciones hablan de un descenso del comercio del 10 por ciento del PIB. Jordi Gali, uno de los economistas que defienden la independencia asegura que habría que adoptar el inglés como idioma oficial. Lo defendió  en un artículo que se publicó hace un año en La Vanguardia dl.dropboxusercontent.com/u/2021568/La_independ%C3%A8ncia_per_fer_qu%C3%A8.pdf. Tanto orgullo por el catalán para dejarlo relegado a segundo plano es paradójico. Refleja que lo obvios, que es un idioma que no sirve para la internacionalización. Es un símbolo de lo que supone desengancharse de la cuarta economía del Viejo Continente.

Este tipo de cosas es las que el PP y el PSOE, y sobre todo la sociedad civil, deberían estar contando.

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