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3 DICIEMBRE 2016
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Debate sobre multiculturalidad, condiciones para la interacción cultural

a) Si las sociedades liberales habían encontrado uno de sus fundamentos en la estricta separación entre la esfera pública y la esfera pri­vada, hoy se advierte que los dos factores que sostenían ese modelo, el Estado moderno y el ciudadano individual, están sufriendo profundos cambios. Por un lado, el Estado nacional está inmerso en una situación de glo­bali­zación política y sobre todo económico-financiera que relativiza su función clá­sica de garante último de la razón y de la libertad universales, en un sistema de demo­cracia formal. Por otro, los cambios impuestos por la "di­feren­cia cultural" llevan también a una revisión de la imagen del ciudadano aislado frente al Estado. Existen numerosas diferencias cultura­les por las que se agrupan los ciudadanos después de la crisis de los mecanismos tradi­cionales de socialización (familia, escuela, sindicatos). Se apunta a la crítica feminista o de grupos de contestación social (antiglobalización, ecología), pero también a las diferencias rela­cio­nadas con la salud (minusvalías, enfermedades crónicas, sida), y ciertamente las agrupa­ciones de base étnica o religiosa.

b) En consecuencia, la difusión de las diferencias culturales lleva a replantear la relación entre identidades y ciudadanía o entre identidades y democracia. Para algunos la noción de "ciudadanía" -que está en el corazón del sistema político moderno- debe evolucionar e integrar no sólo los derechos clásicos (civiles, políticos y sociales) sino también los así lla­mados culturales. Es significativo que haya nacido la expresión multicultural citizenship para reflejar un modo de ser ciudadano que no se limite a establecer unos límites formales sino que tenga un cierto contenido sustancial. Otros rechazan en cambio que se pueda poner ningún adjetivo a la ciudadanía precisamente para no desvirtuar lo que ha sido históricamente su razón de ser: la garantía de la plena igualdad de los individuos independientemente de cualquier pertenencia que pudiera traducirse en su discriminación. De ahí que se inclinen más bien por profundizar en la concepción política y jurídica de la democracia. Lo que pa­rece claro es que no se consideran resueltas las difíciles cuestiones que las diferencias culturales, en buena me­dida arraigadas en identi­dades comunitarias, plantean a la concepción moderna de la ciudadanía y de la democracia.

 

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