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9 DICIEMBRE 2016

Roberto Rosellini y su incesante búsqueda de la verdad

Soy un realizador de films, no un esteta, y no creo poder indicar con absoluta precisión qué es el realismo. Sin embargo, si puedo decir cómo lo siento yo, cuál es mi idea sobre él.

Una mayor curiosidad hacia los individuos. Una necesidad específica del hombre moderno, de decir las cosas como son, de darse cuenta de la realidad de forma, diría, despiadadamente concreta, correspondiente al interés, típicamente contemporáneo, por los resultados estadísticos y científicos. Una sincera necesidad, también, de ver con humildad a los hombres tales como son, sin recurrir a la estratagema de inventar lo extraordinario con rebuscamiento. Un deseo, finalmente, de aclararnos nosotros mismos y de no ignorar la realidad cualquiera que ésta sea.

Dar su exacto valor a cualquier cosa, significa conocer su sentido auténtico y universal. Todavía hay quien considera el realismo como algo externo, como una salida al exterior, como una contemplación de harapos y padecimientos. El realismo, para mí, no es más que la forma artística de la verdad. Cuando se reconstruye la verdad, se obtiene la expresión. Si es una verdad de pacotilla, se advierte su falsedad y no se logra la  expresión.

El objeto vivo del film realista es “el mundo”, no la historia, ni la narración. Carece de tesis pre-constituidas porque surgen por sí mismas. No es amante de lo superfluo ni de lo espectacular, que al contrario rechaza; va al meollo de la cuestión. No se queda en la superficie, sino que busca los hilos más sutiles del alma. Rechaza los lenocinios y las fórmulas, busca las motivaciones que están dentro de cada uno de nosotros.

El film realista es el film que plantea y se plantea problemas: el film que pretende hacer pensar.

Todos nosotros hemos asumido, en la posguerra, este compromiso. Para nosotros lo importante era la búsqueda de la verdad, la correspondencia con la realidad. Para los primeros directores italianos, llamados neorrealistas, se trató de un verdadero acto de valor, y esto nadie puede negarlo. Posteriormente, a la zaga de los que podrían ser definidos como innovadores, llegaron los vulgarizadores: éstos últimos  son tal vez más importantes aún, difundieron el neorrealismo a niveles  más amplios de comprensión. Luego, como era de esperar, llegaron también  las falsificaciones y las desviaciones. Pero para entonces el  neorrealismo ya había recorrido un buen trecho de su camino.

La aparición del neorrealismo hay que buscarla, en primer lugar, en  ciertos documentales novelados de la posguerra, después en films de  guerra con argumento y finalmente, y sobre todo, en algunos films menores, en los que la fórmula, si podemos llamarla así, del  neorrealismo se va configurando a través de las creaciones espontáneas de los propios actores. El neorrealismo surge, pues, inconscientemente como film dialectal; más tarde adquirirá conciencia en plena efervescencia de los problemas humanos y sociales de la guerra y de la posguerra. Y, a nivel de film dialectal, el neorrealismo se remite históricamente a antecedentes menos inmediatos.

Con Roma, ciudad abierta el llamado neorrealismo se reveló, de forma más impresionante, al mundo. De entonces acá, y desde mis primeros documentales, ha habido una sola y única línea aunque a través de distintos caminos. No tengo fórmulas ni ideas previas, pero considerando mis films retrospectivamente, advierto sin duda elementos que son constantes en todos ellos y que van repitiéndose no programáticamente, sino con toda naturalidad. Sobre todo la “coralidad”. El film realista es en sí mismo coral (los marineros de La nave blanca son tan importantes como la población de Roma, ciudad abierta, y como los partisanos de Paisà o los frailes de Francesco, juglar de Dios .

Luego la forma “documental” de observar y analizar; por tanto, el continuo retorno, incluso en la documentación más estricta, a la “fantasía”, ya que en el hombre hay una parte que tiende a lo concreto y otra que tiende a la imaginación. La primera tendencia no debe sofocar a la segunda. Por último, la “religiosidad”. En la narración cinematográfica, la “espera” es fundamental; toda solución surge de la espera. Es la espera la que hace vivir, la espera la que desencadena la realidad, la espera la que, tras la preparación, permite la liberación.

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sobre este blog
María Pizarro
Licenciada en Historia del Arte y apasionada por la enseñanza de la lengua y cultura española, a la que se dedica desde hace varios años.
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