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8 DICIEMBRE 2016
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¿Musulmanes y cristianos adoran al mismo Dios?

P.D.

El primer Seminario del Forum Católico-Musulmán forma parte de una larga lista de encuentros promovidos sobre todo a partir de la Declaración conciliar Nostra Aetate, punto de referencia esencial para el diálogo interreligioso. La visita de Juan Pablo II a la mezquita de Damasco y la oración silenciosa de Benedicto XVI en la mezquita azul de Estambul constituyen momentos emblemáticos de dicho camino.

El encuentro, según los responsables de Oasis, "presenta dos novedades, una de método y la otra de contenido. Metodológicamente el forum aparece, por parte musulmana, no como una iniciativa particular promovida por personalidades individuales o Estados, sino como la expresión de un consenso general". Ese consenso sobre el diálogo con los cristianos ha empezado a fraguarse a partir de la primera respuesta al discurso de Regensburg firmada por 38 intelectuales, y ha seguido con la declaración A Common Word que contó con la adhesión de 138 personalidades -a las que se añadieron sucesivamente otras firmas-. El consenso es decisivo, constituye una de las fuentes de la elaboración doctrinal para gran parte de la teología musulmana. La segunda novedad, según aseguran en la institución promovida por el Cardenal Scola, es de contenido, radica en el hecho de que, tanto en el forum como en la precedente carta abierta, se ha insistido con decisión en la dimensión religiosa, e incluso estrictamente teológica, del diálogo". De hecho, en el comunicado de presentación del seminario se afirma explícitamente que la composición de las delegaciones es "religiosa y no política", y "prescinde de las relaciones diplomáticas de los Estados habiendo sido constituida a partir de la autoridad sapiencial".

Obviamente nadie pretende negar que la religión posea, sobre todo en los países de mayoría musulmana, consecuencias directas en la vida comunitaria, también en el nivel de las decisiones políticas y de los sistemas jurídicos. No sólo es evidente que las afirmaciones de principio contenidas en la carta abierta deben ser verificadas a partir de su actuación concreta en un contexto cada vez más difícil para las minorías cristianas, como lo demuestra el continuo éxodo de cristianos de Oriente Medio. Sin embargo, la voluntad de las dos partes es no disolver el carácter específico del hecho religioso en consideraciones geopolíticas por importantes que sean. Uno de los inspiradores del diálogo islámico-cristiano, el padre Georges Anawati, amaba repetir que en este campo es necesario armarse de una "paciencia geológica". Por ello sería iluso imaginar que heridas milenarias puedan sanar en pocos meses. El objetivo del forum era profundizar en la afirmación del amor a Dios y al prójimo en sus aspectos teológicos y espirituales, y también en las consecuencias prácticas respecto a la tutela de la dignidad de la persona humana y a la defensa de la libertad religiosa. Los 15 puntos del documento final abren diversas pistas para dicho trabajo.

Ciertamente las cuestiones a las que es necesario responder son muchas pero "la pregunta más aguda coincide con la más sencilla: ¿musulmanes y cristianos adoran al mismo Dios?", afirman los responsables de Oasis. "Sin este recíproco reconocimiento, -explican- todo es más difícil". La respuesta católica es clara y está contenida en el n. 16 de Lumen gentium: "el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abraham adoran con nosotros a un solo Dios, misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día". Benedicto XVI fue muy contundente en la audiencia concedida a los participantes en el forum: "Soy consciente de que musulmanes y cristianos tienen puntos de vista diferentes en las cuestiones que se refieren a Dios. Sin embargo, podemos y debemos ser adoradores del único Dios que nos ha creado y que cuida de cada persona en todos los rincones de la tierra". Por parte musulmana respondió Seyyed Hossei Nasr afirmando: "Para ambos Dios es a la vez transcendente e inmanente, creador providente del mundo (...), el amante cuyo amor abraza todo el mundo creado".

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