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8 DICIEMBRE 2016

«Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás (G.Marcel), tú debes existir, tú no puedes morir».

Muchas han sido las páginas escritas acerca de Guernica, muchos han sido los estudios realizados sobre las figuras del toro y el caballo y lo que estos representan. Sin embargo, consideramos interesante volver a detenernos en en esta obra. Esta vez con el objetivo de centrar nuestra atención en dos figuras, la mujer con la lámpara y la madre que tiene entre sus brazos a su hijo muerto. Figuras que bajo nuestro punto de vista reflejan con mayor intensidad lo que es el hombre.

Las mujeres de esta obra son mujeres que sufren, es una consecuencia de la barbarie, del bombardeo, de una masacre en la que murieron personas. La mujer que sostiene a su hijo entre sus brazos grita, su rostro refleja las palabras de G. Marcel «Amar a una persona es decirle: tú no morirás jamás», es decir, «tú debes existir, tú no puedes morir». A ello se une que todos los personajes que aparecen gritan de dolor, sufrimiento.

Guernica no era solo un testimonio del bombardeo, ni siquiera de la Guerra Civil española, era también un alegato contra la guerra, contra la barbarie y todos los desastres que conlleva la sinrazón. Un símbolo de paz. El cuadro trasciende la Guerra Civil española para convertirse en representativo del dolor y la muerte que causa cualquier guerra. Sin embargo, nosotros consideramos que en este dolor existe una promesa de Bien, representado en la mujer con la lámpara. Es el único punto luminoso en una escena de horrores, sin ella no habría esperanza, puede considerarse como el estandarte de la justicia y de la esperanza.

Ante esta situación de dolor, de guerra, representada en esta obra y que acontece cada día en diversos rincones del mundo, nos encontramos con hombres, como Luigi Giussani, que dicen: «‘Mujer, ¡no llores!’. Este es el corazón con el que miran la tristeza, el dolor de todos aquellos con los que se relacionan, por la calle o por el camino, mientras dura su viaje. ‘Mujer, ¡no llores!’. ¡Qué inimaginable es que Dios – ‘Dios’, aquel que hace el mundo en este momento- al mirar y escuchar al hombre pueda decir: ‘Hombre, ¡no llores!’, ‘Tú, ¡no llores!’. ‘No llores, ¡porque no te hice para la muerte, sino para la vida!’. ¡Por ello te traje al mundo y te rodeo de una gran compañía de gente! Hombre, mujer, chico, chica, tú, vosotros, ¡no lloréis! Existe una mirada que os penetra hasta los tuétanos y un corazón que os ama hasta vuestro destino».

Cuando uno ha sido alcanzado por esta mirada, el corazón descansa, resulta inevitable comenzar a contemplar Guernica con otros ojos, con una mirada llena de esperanza y ternura hacia aquel que tenemos delante y hacia nosotros mismos.

 

La obra se encuentra expuesta en la segunda planta del

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sobre este blog
María Pizarro
Licenciada en Historia del Arte y apasionada por la enseñanza de la lengua y cultura española, a la que se dedica desde hace varios años.
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