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9 DICIEMBRE 2016
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Zapatero laicista en unas Naciones Unidas que no lo son

Ignacio Valero

La colaboración del Gobierno de Zapatero con el UNPFA (Fondo de Naciones Unidas para la Población) ha cobrado una importancia fundamental en los últimos años, adquiriendo un volumen de financiación cada vez mayor.

El recientemente creado Fondo Global España-UNFPA, dotado con más de cuatro millones de euros anuales, centra su actividad en cuestiones tan variadas como género y derechos reproductivos; migración con enfoque de género; empoderamiento de mujeres indígenas en salud sexual y reproductiva, y equidad de género.

Se explicita así el liderazgo de las corrientes más reaccionarias sobre salud sexual y reproductiva, en la política exterior española, y en concreto del GIE, Grupo de Interés Español en Población, Desarrollo y Salud Reproductiva.

El GIE, que  ha fijado su base programática en "la concepción de la sexualidad y la reproducción como dos dimensiones diferentes del ser humano que deben ser contempladas de manera independiente", entiende que "no se deberán esgrimir en ningún caso razones políticas, económicas, culturales, sociales, religiosas o de género para justificar la vulneración o la limitación permanente o temporal de ningún derecho humano, incluyendo los derechos sexuales y reproductivos". Asimismo concibe cómo "una forma de convivir con esta realidad (con las religiones) puede ser comenzar a reflexionar seriamente y en profundidad sobre la manera de recolocar y encuadrar el espacio, el rol y la función pública de las religiones dentro del ‘estado laico'. Se trataría de reconocerlas y al mismo tiempo evitar que sigan reivindicándose como el espacio de la ética sin tener que dar cuentas a la sociedad".

El resultado lo encontramos en el Encuentro de Mujeres por un Mundo Mejor,  donde la vicepresidenta Fernández de la Vega nos dejó la siguiente declaración como principal estrategia: "Organizar  una campaña de distribución masiva de profilácticos con el fin de evitar enfermedades de transmisión sexual".

El UNFPA (United Nations Fund for Population Activities), que es hoy el mayor comprador mundial de preservativos masculinos del sector público, nos sorprende no obstante con una visión alejada del sectarismo ibérico, y en su último Informe sobre el Estado de la Población Mundial, bajo el sugerente título de "El Enfoque Cultural, clave para mejorar la situación de los derechos humanos y el género", establece con realismo razonamientos de los que debería tomar buena nota la solidaridad oficial española.

Entre ellos, y superando el relativismo que subyace en el documento, destaquemos cómo el marco de derechos humanos no puede representar la imposición de un modelo individualista de los derechos, donde se minimiza la importancia de la comunidad (más evidente en países de desarrollo, según el informe), y cómo se trata de imponer una separación "entre la Iglesia y el Estado", forzando a colocar la religión exclusivamente en el ámbito privado.

El informe reconoce cómo "en algunas culturas" la participación de las mujeres en determinados aspectos, y la de los hombres en otros, no se considera como desigualdad, sino como diferencias en las responsabilidades y las funciones. Y al insistir en promover la equidad de género en nuestra labor (del UNFPA) de desarrollo, tal vez nosotros estemos imponiendo nuestros propios valores culturales.

El documento introduce el  denominado "enfoque con sensibilidad cultural", que presumiblemente se impondrá en los corrillos de expertos, pero al menos con la comprensión del deber de reconocer la resistencia local y aprender de ella.

El suplemento Jóvenes, Religión e Instituciones Religiosas es toda una declaración de principios: "La religión es parte de la cultura de muchos jóvenes, contribuye a formar sus identidades y les ayuda a moldear su vida adulta. A través de la religión desarrollan las creencias, los valores y las normas que les ayudarán a encontrar su camino en el mundo".

Sin embargo, tras afirmar que las instituciones religiosas contribuyen al desarrollo luchando contra la pobreza y proveyendo redes de seguridad para marginados y pobres, desvela una comprensión reducida del problema del desarrollo, con razonamientos como que los "embarazos e hijos no deseados garantizan la subsistencia de la pobreza de una generación a la siguiente. Para romper este eslabón es necesario informar a los jóvenes sobre su salud y derechos reproductivos y de esta manera darles la posibilidad de decidir cuántos hijos tendrán y cuándo".

Al menos el UNFPA asume una posición inclusiva donde los líderes religiosos pueden movilizar a las comunidades, ayudar a la construcción de la opinión pública y denunciar prácticas perjudiciales...

"Dada la importancia de la religión en las vidas de los jóvenes, los programas de desarrollo deben involucrar a instituciones y líderes religiosos, y a los jóvenes mismos, para buscar un terreno común y promover el cambio de forma conjunta. Los trabajadores del desarrollo (y la cooperación internacional en general) deberían lograr el apoyo de los líderes religiosos para llegar a los jóvenes, enfrentar problemas como la violencia de género, terminar con prácticas tradicionales perjudiciales, alentar la responsabilidad masculina y mejorar la información y los servicios de salud sexual y reproductiva". Todo un abismo frente a los planteamientos del GIE y de la cooperación española.

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