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11 DICIEMBRE 2016
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Un universo alucinantemente alucinante

Enrique Chuvieco | 0 comentarios valoración: 3  140 votos
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Entrevista a Ouka Leele. La artista madrileña subraya que lo ritual y lo sagrado, vivido en el colegio, le ha influido mucho en su arte.

Con sencillez pasmosa, nadie diría que estás ante una de las creadoras españolas más lúcidas e impactantes. Bárbara Allende Gil de Biedma es el nombre de quien tomó otro viendo un cuadro de El Hortelano. Pintora, poeta (La llave de la jaula es su último libro, con Huerga&Fierro), fotógrafa, Ouka reivindica la naturaleza amorosa del ser humano, “porque cuando estás en el amor estás como de verdad eres”. Si llegamos a entender esto, se hará realidad que “el cielo empieza aquí” y valoraremos nuestro entorno y la vida “como una gran obra de arte”, donde el musgo de los bosques “es la alfombra de Dios”. Lo asegura con familiaridad respetuosa, al compás del bombeo de su corazón.

-En tu libro, La llave de la jaula, abordas los abusos a menores y los malos tratos en el que percibo dolor, amor, indignación y denuncia, ¿quiere ser un homenaje a las víctimas y un decir “estoy a vuestro lado”?

Fue una especie de catarsis. Estaba muy concienciada con los abusos y malos tratos por sucesos autobiográficos, historias de otros y porque había conocido un refugio de mujeres maltratadas.  Paralelamente hacia una exposición y los comisarios me pidieron que volviera a montar algo en Las Cibeles. A mi no me gusta repetir (ya monté algo en 1987), pero al final lo hice y el dinero que se recaudó lo dedicamos a la casa de acogida. A la vez, iba escribiendo este libro. Contiene bastante dolor, pero prefiero plantear salidas positivas si algo no me gusta. Por eso el título es también esperanzador.

-Buena parte de las poesías del libro, están fechadas en 2006 y las publicas en 2013 ¿por qué demoraste siete años su publicación?

Lo fui dejando hasta que un día Moncho Tero y Rafa Mora, dos cantantes que se dedican a musicar poemas, les gustaron mucho y versionaron un par de ellos. En una presentación de estas canciones en Liberad 8, un local de toda la vida, estaban Charo Fierro y Antonio Huerga, y cuando las oyeron dijeron en alto: “Este libro lo tenemos que publicar nosotros”. Entonces, me dije que había llegado el momento de hacerlo, a pesar de que ahora estoy en otras cuestiones que me interesan más.

-Has dicho alguna vez que el arte es connatural a ti ¿De dónde brota tu fuente creativa, quién o qué te ayudaron a entrar en esa dimensión?

Soy así desde niña, pero luego creces y toda la cultura y lo que te enseñan parece que te indica que tienes que separarte de ti misma y ser “como se debe ser”. Ese ser “como se debe ser” lo buscas y no lo encuentras. Poco a poco fui yendo hacia mí: me dije que iba a interpretar lo que siempre hacia de niña, por ejemplo, contar cuentos a mis hermanos. Como soñaba mucho, tenía un catálogo y les preguntaba que si los querían de enanos, brujas... Además, cada vez que hacía un dibujo, me decían: “¡Qué maravilla!”. Como niña, eso lo valoras y me pasaba el día dibujando para obtener ese cariño.

En mi casa había también mucho ambiente artístico: mi padre era arquitecto y en su biblioteca había muchos libros de pintura, fotografía…; mi madre amaba el teatro, mi abuelo era pintor y fotógrafo y mis bisabuelos eran amigos de Sorolla. Están en su museo retratados por él.

Luego empecé con la pintura y las fotos. En un momento dado, me di cuenta de que ponía unos títulos muy especiales en las fotos. Escribir, para mí, era algo tan íntimo que pensaba que no fuera para nadie más. En cierta ocasión, le dije a un coleccionista que había estado escribiendo por la noche; él me dijo: ¡Enséñamelo!, por favor. ¡Es como si me dijera que le enseñara las bragas: me moría!. Pero él me insistió que tenía que publicarlo, que no podía tenerlo guardado.

Hoy día necesito escribir. Soy como una fuente que mana todo el día, si le pones un tapón, explota.

-¿Crees que tienes un don?

Rafael Gordon me decía que tenía un don y yo le decía que no tenía nada, pero ahora empiezo a pensar que igual sí; igual que otro lo tiene para ser un buen cocinero. Todos tenemos dones. Creo que tengo una facilidad para lo artístico, para la fotografía. Me pasa cuando doy talleres o conferencias, que salen todos con los ojos brillantes y me dan las gracias.

-Alguien dijo que el arte de crear es el arte de seguir las propias obsesiones, ¿cuáles son las de Ouka Leele?

El amor. Para mí es como una ciencia. La naturaleza humana es amorosa y estamos siempre desconfiando con candados, llaves y miedo a que te roben o peguen. Nuestra naturaleza no es esa, es amor; cuando estás en el amor estás en como de verdad eres. En cuanto empiezas a desconfiar y separarte del otro, estás entrando en algo antinatural para ti. La verdadera revolución es que el ser humano vuelva a su verdadera naturaleza.

Recientemente han descubierto que el corazón tiene neuronas, como el cerebro, creo que eso es muy interesante, porque si empezamos a pensar más con el corazón, a hacerle más caso al corazón, igual cambian las cosas.

Como artista, para mí la naturaleza, la vida, es una gran obra de arte. Los artistas somos como imitadores. Una flor -esas pequeñitas que crecen en el suelo y casi ni ves- es una lección de geometría; o miras al cielo y cada día es diferente en los colores de las nubes: desde el negro, negro, hasta el amarillo chillón, verde…

-¿Opinas que todo lo que se hace es arte o crees que debería ser algo más profundo y, paradójicamente, objetivo?

El arte es lo que te conecta con lo verdadero y tiene que curar a las personas. Para mí, el arte nos tiene que llevar a lo sagrado, a lo intangible, a la bondad, pero, también es verdad, que hay cosas feas y aberrantes que son necesarias para abrir puertas. Incluso, en la propia creación artística, el error te lleva al hallazgo.

Estamos sedientes de bondad y podemos conocer lo que está bien y lo que está mal. Los animales son fieles a su naturaleza, pero el ser humano puede hacer todo con su libertad: el máximo bien y el máximo mal. Creo que nos hemos salido de nuestra naturaleza. Estamos fuera del Paraíso, aunque creo que hay un yo en cada persona que vive dentro de él y se quiere conectar continuamente contigo para que vuelvas a entrar en el Edén. Mucha gente se queja de lo mal que está todo, pero hay mucho más que eso: estamos en un Universo que es alucinantemente alucinante. El cielo empieza aquí.

-En la enfermedad, has dicho, aprendiste a escuchar los susurros de tu cuerpo; ¿cómo debemos cuidarle y qué debemos evitarle?

El cuerpo sabe la verdad y no le puedes engañar. Si a un niño le maltratan sus padres, piensa que es bueno lo que le hacen porque no puede reciclarlo. Ese niño crece y le vienen enfermedades. El médico nunca le pregunta nada de su vida, pero le dice que se tome un antibiótico o le abre la tripa para operarle. Te van estropeando cada vez más y nadie pregunta “¿qué te ha pasado?”, pero el cuerpo lo sabe y, por eso, se queja, porque vive en un cacao importante. En cuanto te unes con tu espíritu y tu verdad, desaparecen las enfermedades. La primera premisa del amor es amarte a ti mismo, por eso no debemos hacer nada que vaya contra uno mismo.

-Me emocionó tu frase de que el “musgo es la alfombra de Dios”,¿crees que el participar de la naturaleza nos hace mejores y nos acerca más a la divinidad y a lo espiritual?

Creo que sí. Cuando estoy en un bosque es sublime; hay una belleza, un misterio… Me encanta que el musgo sea la alfombra de Dios, porque ¡qué hay más bonito! No sé si era san Juan de la Cruz o san Francisco, quien salía al campo y decía que iba “a comer en la mesa del Señor” frambuesas, moras y todo lo que encontrara.

-De pequeña, querías ser santa porque te atraía todo la magia que hay en la religiosidad católica, ¿continúas con esa sensibilidad?

Iba a un colegio que parecía que nos educaban para ser monjas. Llevábamos unos velos hasta los pies y al entrar tenías que estar en la iglesia, rezar el Angelus a las doce, Misa, por la tarde el Rosario… Me inculcaron mucho lo ritual y sagrado, que ha influido mucho en mi arte.

Ser santo es llegar a vivir en el amor, a ser tu mismo.

-¿Crees que se puede vivir la vida sin la esperanza de que todo lo que uno ama permanezca siempre?

El amor es eterno. En todas las relaciones debes cuidar a las personas, aunque cuidarlas sea también no verlas. Por ejemplo, te pones a pensar mal de alguien y te pones muy quisquilloso con ella, entonces conviene alejarse definitiva o temporalmente. Con cada persona se da una relación diferente.

-Decir verdaderamente a una persona “te quiero” lleva mucho tiempo porque se trata de abrazar toda su persona, también lo que no nos gusta

Es verdad, el amor es un don. Ves a una persona y la percibes especial y ambos se ven como preciosos. Cuando te enamoras de verdad de alguien, te gusta todo lo que hace: es como dos almas que se reconocieran; me gustaría vivirlo día a día, pero percibo que lo cotidiano empieza a matar la relación. Actualmente no me veo capacitada para estar en pareja.

-La movida representó para ti una primavera creativa,¿Crees que acabó por lo efímero de las cosas o porque no tenía nada más que decir?

Viví un momento histórico de una generación muy creativa, que contagiaba alrededor. Nació espontáneamente y se acabó igual. Era algo de juventud, porque tienes más dificultad para estar solo y te reúnes con los demás, mientras que de mayor te recluyes más fácilmente para trabajar en la “celda”. De aquella época, echo mucho de menos a Carlos Berlanga y a Poch: eran ángeles.

-¿Cuáles son ahora tus fuentes principales de inspiración, qué te motiva?

Lo mismo de siempre: la naturaleza por encima de todo, la literatura y la meditación, y ahora estoy muy interesada también en la pintura. Estás ante un lienzo en blanco y van apareciendo mundos. Me interesa mucho porque es una conexión con lo que no se ve.

-¿Qué tipo de meditación?

Meditar es llegar al vacío. Es como si fuéramos tazas. Si tienes la taza llena de facturas, problemas, gente que te ha hecho daño… Imagínate ahora que el café sea la energía de la vida y que cae continuamente en la taza, pero al estar llena, rebosa: te pierdes que se vuelva a llenar de lo divino, que te cura, que te hace estar el cien por cien de lo que tú eres.  Nos preocupamos demasiado de alimentarnos, pero esto es lo más importante: vaciarte para llenarte de lo espiritual, de lo divino. Para mi esa es la medicina real, no el antibiótico. No hay que hacer nada más: vaciarte y llenarte.

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