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3 DICIEMBRE 2016
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Más allá de la bipolaridad educativa II

Luis Rubalcaba Bermejo, catedrático de Universidad | 0 comentarios valoración: 3  110 votos
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Sorprenden las muchas diferencias del sistema educativo español con países de nuestro entorno más avanzados  y lo poco que se ha hecho para parecernos un poco más a los países que tienen más éxito. Me atrevería a resaltar cuatro puntos esenciales hacia los que creo que debería caminar una reforma en serio de la educación (o el desarrollo de la LOMCE en lo que pueda hacerse dentro de sus límites), aunque los 4 afectan a cuestiones de fondo que ninguna ley puede resolver de manera completa. Ni la mejor de las reformas podría conseguir estos objetivos si no hay cambios de mayor calado que afectan al conjunto del sistema y de la sociedad. Pero las leyes pueden ayudar a avanzar en la dirección correcta. Me parece que en España hace falta una reforma integral del sistema educativo basada en cuatro puntos interrelacionados (y que algo de ellos podría tenerse en cuenta, en su caso, en la letra pequeña de la trasposición de la aprobada ley):

1.       La reforma del sistema de incentivos para la mejora de la calidad educativa: los incentivos que tienen colegios, profesores, padres y alumnos para trabajar mejorando la calidad. El “café para todos” no tiene ningún sentido a ningún nivel. A cada nivel del sistema educativo debe darse el mejor de los incentivos, que muchas veces no es necesariamente el económico, aunque también. El dinero es muy importante y actualmente se están aplicando recortes demasiado generalizados con consecuencias claramente negativas en la educación, desde la infantil a la universidad. En España está faltando dinero y motivación económica en la educación. Pero no todo es dinero. Para ver qué influye además del dinero es recomendable ver qué pasa en Finlandia, En Finlandia, número 1 del mundo en educación durante muchos años según los informes internacionales de PISA (aunque ahora haya sido superada por algunos países asiáticos), el profesorado es la clave del éxito, que goza de una gran preparación –tras un exigente sistema de selección- y un gran prestigio social, de unas buenas condiciones de trabajo, pese a que sus sueldos no son particularmente altos, y una gran autonomía para enseñar en la forma que están mejor capacitados. Con un sistema intensivo, muy personalizado y con relativas pocas horas de clases tradicionales y relativa “baja” exigencia en exámenes (prácticamente no hay exámenes hasta el bachiller) y relativa “baja competitividad” entre el alumnado (se promueve una cultura de “colaborar” antes que de “competir”), sin embargo consiguen resultados que han sido los mejores del mundo en lengua y matemáticas. Viendo como funcionan las cosas en Finlandia, está claro que la solución no es hacer más de todo sino hacer todo mejor. Allá tiene un sistema excelente basado en un sistema de incentivos excelente. La solución no es dar más “caña” a colegios, padres, profesores y alumnos de una manera coercitiva, sino favorecer que todos los agentes del sistema estén motivados a mejorar y subir el listón, premiando a los que trabajan  en esta dirección, premiando el esfuerzo (sorprende lo poquísimo que se valora el esfuerzo en los colegios españoles, más allá de que las leyes no lo hayan favorecido precisamente). Me refiero al esfuerzo de todos. Por supuesto al esfuerzo de los alumnos pero también al esfuerzo de profesores, directores y padres. Pero, ¿Cómo afectara la nueva ley al sistema de incentivos?  Me temo que no mucho y no necesariamente en dirección positiva cuando ya hay una mayoría con un enfado manifiesto con la misma.

2.       La autonomía de los centros acompañada de una necesaria transparencia y rendición de cuentas. La motivación en los colegios solamente puede llevarse adelante dentro de una gran autonomía. Los colegios y los profesores deberían tener autonomía para conformar los curriculum y que se pueda promover la innovación y la personalización en los colegios. Ello implica abrir el sistema público y concertado a la competencia y a que busquen mejorar la calidad de su servicio. Los economistas sabemos bien que sin competencia es difícil que haya un buen sistema de inventivos a la calidad. Hace unas semanas, me decía uno de los mejores expertos en Educación en los Estados Unidos que exigir mayores evaluaciones externas sin conceder autonomía es como obligar a dar un gran salto con una soga en el cuello.  La diversidad existe de por sí y es buena, y sólo mediante su fomento se pueden luego exigir controles que impidan comportamientos oportunistas o sistemas malos en la educación. Pero aquí puede y debe aparecer el presupuesto público del Estado o de las autonomías para penalizar a los centros que no avancen en la dirección hacia una mayor calidad y, por el contrario, premiar a los que sí lo están haciendo. Nuevamente en esta dirección habrá que ver si la mayor autonomía legal, por ejemplo al permitir mayor especialización,  se traduce en una mayor autonomía real. De nada sirve tener autonomía legal si no existen los medios para ejercerla. También resulta importante saber la supervisión que se hará para evitar problemas de segregación de modo que la autonomía pueda beneficiar a todo el mundo y no sea un menos para nadie.

3.       Favorecer la personalización del servicio.  La clave de la calidad de cualquier servicio, también del educativo, es la personalización. En educación, la urgencia de la personalización nace de la evidencia de que no todos los alumnos están capacitados para aprender lo mismo, de la misma manera, y al mismo ritmo. La evidencia de que cada alumno puede dar más de sí si se le atiende de modo personalizado. En España lo tradicional es contar con personal de apoyo, desdoble de grupos, especialistas para niños con problemas de aprendizaje, tutorías personalizadas para avanzar en esta dirección. Y esto es muy necesario y las reformas deben favorecerlo. Pero no basta. Los propios profesores normales (no de apoyo) y las familias tienen que estar incorporadas, además de la flexibilidad que la ley debe amparar para flexibilizar y adaptar los curricula a las posibilidades de cada alumno. También hay fórmulas imaginativas que permiten la personalización. Como en algunos colegios de Estados Unidos donde la lengua y las matemáticas se estudian según el nivel de cada uno y el resto se hace con el grupo, de modo que se personaliza lo fundamental según el nivel, sin tener que recurrir a las repeticiones de curso que tan mal resultado han dado y dan en España como ha denunciado la OCDE (el abuso de la repetición no soluciona el fracaso escolar, sino que lo suele empeorar, pero en España siempre vamos a lo fácil y es más fácil mandar a repetir que implicarse en un trabajo personalizado con los alumnos en riesgo de repetición y sus familias).

Desgraciadamente en España se habla de educación y se hacen y debaten reformas, dando por supuesto que es servicio público para las familias, cuando hoy en día esto ya no es obvio en absoluto, no puede darse por descontado, y este es un problema capital. Otra fórmula imaginativa viene de Finlandia, una vez más. ¿Por qué no se debate, por ejemplo, sobre los sistemas que pueden implantarse para que los profesores puedan dar menos clases tradicionales y dedicar más de su tiempo a personalizar la enseñanza, a atender a los alumnos y familias que más lo necesitan, y a formarse ellos mismos más y mejor? ¿No se podría copiar, aunque sea un poquito, el modelo finlandés? ¿Nadie se pregunta por qué tiene tanto éxito dándose menos horas lectivas tradicionales que otros países y teniendo los alumnos mucho más tiempo para el descanso y las actividades experimentales? ¿Por qué en España nos fijamos siempre en la cantidad y no en la calidad? ¿Por qué no podemos potenciar las innovaciones organizativas que aumente la calidad del servicio? Nótese que las innovaciones en Finlandia no tienen mucho que ver con la tecnología y la pedagogía. Hablamos de otra cosa.

4.       Potenciar la comunidad educativa y la libertad desde el principio de subsidiariedad. La clave de la educación es la comunidad educativa entre padres, profesores y alumnos. Creo que ya sería hora de centrar el debate en cómo fomentar la comunidad educativa y su libre interacción con la sociedad hacia la mejora de calidad. Sin libertad de acción y de movimiento de la comunidad educativa, la estandarización es un peso, una carga que tiende a hacer de todos una parte del engranaje del sistema propuesto por el Estado. Puede ser estatalismo de izquierdas, de derechas o de centro, pero estatalismo. Y ningún sistema es perfecto. Sin comunidades educativas vivas, como las que hay en muchos colegios públicos, concertados y privados, el cambio de leyes es como un cambio de cromos con la misma baraja. España necesita nuevas barajas con las que jugar y que los jugadores y que los jugadores tengan más fácil jugar a ser protagonistas.

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