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8 DICIEMBRE 2016
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Bergoglio, al salvo de izquierda y derecha

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Este viernes se presenta en Madrid el libro  Francisco, el Papa manso (Editorial Planeta) en el Ateneo www.ateneodemadrid.com/. Sus dos autores, Feliciana Merino Escalera y Marcelo López Cambronero, han investigado en la vida del Bergoglio durante la dictadura argentina. www.paginasdigital.es conversa con ellos.

¿Cómo vivió Bergoglio los años de la dictadura de Videla?

Feliciana Merino: Los vivió, como en general todos los argentinos, pasando por muchas dificultades. Él era, además, el Provincial de los jesuitas argentinos, y la orden estaba muy señalada porque algunos de sus miembros habían pasado a formar parte de grupos terroristas o de asociaciones de una marcada ideología marxista. El Colegio Máximo San José, donde vivía, estaba muy vigilado y hoy sabemos que tenía los teléfonos intervenidos. Al mismo tiempo era una persona poco conocida, joven, sin contactos políticos, por lo que hizo lo que podía hacer desde su posición: protegió, escondió y sacó del país a personas que se encontraban en peligro de muerte sin preocuparse por sus tendencias ideológicas o religiosas. No es poco lo que hizo.

¿Cuál era su relación con el peronismo?

Marcelo López:  Evolucionó con el paso del tiempo, como evolucionó el propio régimen de Perón. En los años 60, cuando en sus primeros gobiernos Perón mostró una preocupación decidida por la pobreza y las cuestiones sociales Jorge Bergoglio, el actual Papa Francisco, como buena parte de los católicos argentinos, se sintieron muy cercanos a las posiciones del gobierno. En aquel entonces se introdujeron en el país el derecho a una vivienda digna, al trabajo, etc. De hecho Bergoglio acudía a sus clases con una insignia del partido peronista (justicialista, en aquel momento), pero en Argentina estaba prohibido mostrar en los centros signos políticos, por lo que le llamaron la atención, e incluso un día no le dejaron entrar porque desafiaba la prohibición de manera reiterada. Posteriormente, sobre todo en el tercer gobierno de Perón, ya en los años 70, el peronismo tomó un rumbo conservador muy marcado y el régimen se alejó de los postulados democráticos, con lo que muchos jóvenes, entre ellos el actual Papa, marcó claras diferencias con el peronismo. En aquellos años Bergoglio se desmarcó de los combates ideológicos y, sobre todo, del uso de la violencia por parte de cualquier bando.

Bergoglio ha asegurado que tuvo una intensa relación con amigos marxistas. ¿Quiénes fueron? ¿Cómo le marcaron?

Marcelo López:  Sus primeros pasos en la política estuvieron, como vimos, cerca del peronismo más social y democrático. En aquellas fechas, cuando era un joven de 16 años, comenzaba a interesarse por esos temas, y coincidió que hizo amistad con Esther Ballestrino de Careaga, una activista paraguaya que había tenido que huir a Argentina y que además de su amiga fue su jefa en un laboratorio de análisis de alimentos. Esther le propuso leer textos cercanos al partidos comunista, como el semanario del Partido Comunista Argentina "Nuestra Palabra" o los artículos de Leónidas Barletta en "Propósitos", una revista de izquierdas. Sin embargo nunca fue comunista, porque el afecto a los pobres y la denuncia de la injusticia no requieren para el cristiano ningún otro añadido que la experiencia de Cristo. Finalmente su amistad con Esther Ballestrino tuvo un final trágico cuando ella, fundadora de las Madres de la Plaza de Mayo, fue asesinada por el gobierno. Cuando se descubrió su cadaver, muchos años después, Bergoglio la lloró con una profunda tristeza.

¿Cómo se mantuvo a salvo Bergoglio de la marea ideológica de derecha e izquierda?

Feliciana Merino:  Siempre tuvo claro que si la Fe se transforma en idología se seca, se empobrece, se vuelve violenta. La ideología no abraza a la realidad, sino que la quiere hacer pasar por su alambique y explicarla según sus propios criterios. El amor a Dios, al prójimo y al mundo mantiene nuestros corazones abiertos, pone en primer lugar a la persona, que es la realidad objetiva por excelencia. Nada debe impedirnos (ni ideologías, ni prejuicios, ni manías) abrazar a los demás tal y como son y estando donde están. La ideología no ayuda a esto, al contrario, separa, divide y aísla.

¿Qué es lo que más marca el pensamiento del actual Papa?

Feliciana Merino:  Sin lugar a dudas: su experiencia de Cristo. ¡No anteponer nada a Cristo! como decía San Benito. En este sentido tal vez lo que más llame la atención es su insistencia en que la Iglesia debe salir a la calle, especialmente a buscar eso que él llama "periferias existenciales", y que son los pobres, los verdaderos pobres, aquellos que, por su ideología, por su situación personal, orientación sexual o, por qué no decirlo, porque se sienten pecadores, creen que Dios no los ama. Esto es un drama pero es verdad: hay mucha gente, mucha, que piensa que Dios no puede amarles tal y como son, que para que les ame tienen que ser de otra manera, cambiar su comportamiento, adaptarse a unas normas que tal vez no comprenden... ¡De ninguna manera: Dios nos quiere tal y como somos! Los cristianos estamos llamados a hacer carne para esas personas, a hacer real, a llevarles a las puertas de sus casas, el amor de Dios, del que somos nada menos que testigos y que nosotros experimentamos también en los rostros de los que son, siempre, prójimos. Cristo "primerea" y nosotros, preferidos, tenemos que "hacernos prójimos".

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