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9 DICIEMBRE 2016
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La lección del papa Francisco sobre el sentido de la Navidad

Julián Carrón | 1 comentarios valoración: 3  274 votos
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Ante la urgencia cotidiana de vivir, que es común a todos y que parece anular cualquier esperanza, ¿tiene todavía algo que decir la Navidad? ¿Se trata tan sólo de un recuerdo que evoca buenos sentimientos, o es la noticia de un hecho capaz de incidir en la vida real?

«La razón de nuestra esperanza es esta: Dios está con nosotros. Pero hay algo aún más sorprendente. La presencia de Dios en medio de la humanidad no se realiza en un mundo ideal, idílico, sino en este mundo real. Él eligió habitar nuestra historia así como es, con todo el peso de sus límites y de sus dramas, para salvarnos, para levantarnos del polvo de nuestras miserias, de nuestras dificultades» (Francisco, Audiencia general, 18 diciembre 2013). Estos días me repito con frecuencia estas palabras del Santo Padre para prepararme para el gran acontecimiento de la Navidad.

¡Al Misterio le gusta desafiarnos constantemente «en este mundo real», sin titubear en las cosas que hace! Por eso Dios elige esas circunstancias que pueden mostrarnos mejor quién es Él y qué extraordinaria novedad puede generar en el mundo. Y esto debería alegrarnos a todos, porque significa entonces que no existe situación, momento de la vida o historia que le pueda impedir a Dios generar algo nuevo. ¿Y de qué modo nos desafía?

Mientras espera la Navidad, la Iglesia nos propone las grandes vicisitudes del pueblo de Israel, y nos muestra cómo interviene Dios en la hístoria. Por ejemplo, poniendo ante nosotros la historia de dos mujeres estériles, incapaces de tener hijos: una mujer de Sorá e Isabel (una será madre de Sansón, defensor del pueblo judío. y la otra de Juan el Bautista, precursor de Cristo; cf. Jueces 13,2-7.24-25a y Lucas 1,5-25). Son dos mujeres que no pueden "arreglar" las cosas de ningún modo: ninguna genialidad suya puede hacer que sean madres. Es imposible, es algo imposible para los hombres.

De este modo, el Señor quiere hacemos comprender que para Él todo es posible, y que por tanto es posible no desesperar. Nadie puede decir que esté abandonado, olvidado o condenado a la propia situación, encontrando en ella una justificación para dejar de 'esperar. No hay nada imposible para Uno que hace cosás como estas: hacer madres a dos mujeres estériles. Su maternidad imprevisible representa el mayor desafío para la razón y la libertad de cada uno.

No existe situación, relación o convivencia humana que no puedan cambiar. Y si alguien se ha resignado al pensar en su historia, el Señor desafía hoy de nuevo su falta de esperanza. «Tu ruego ha sido escuchado», le dice el ángel a Zacarías, «tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan». El evangelio lo define como un «alegre anuncio», porque nosotros no estamos condenados al escepticismo, y no estamos aplastados por el fracaso de todos nuestros intentos.

Y no solo existe la promesa. sino también su cumplimiento, ¡porque tendrá de verdad un hijo! Estos hechos anuncian a aquellos que conservan aunque sea una brízna de ternura por ellos mismos, que es posible cambiar, porque para Dios todo es posible. Él sólo necesita encontrar en nosotros una disponibilidad de corazón.

Si dejamos entrar esta potencia de Dios, nuestra vida, al igual que la de Zacarías, se llenará de alegría: «Tellenarás de alegría y gozo». Una alegría que no es solo para nosotros, sino que se nos da también para los demás: «Muchos se alegrarán de su nacimiento». Y esta alegría demuestra quién es Dios, quién actúa en medio de nosotros. Juan «estará lleno del Espíritu Santo» y empezará a cambiar lo que toca.

La liturgia de la Iglesia nos invjta también a mirar a otra mujer, esta vez virgen, de nombre María, a la que le sucede algo no menos misterioso que a las dos mujeres estériles: el acontecimiento de la Encarnación por obra del Espíritu Santo, al que María da su consentimiento, diciendo «sí». Con la Navidad, el Señor nos trae este anuncio alegre. Acogerlo o no depende de cada uno de nosotros, de nuestra disponibilidad sencilla a dejamos sorprender por Él, que nos alcanza constantemente con Su iniciativa aquí y ahora, «en este mundo real».

Si lo pedimos y nos mostramos disponibles a lo que el Señor va a hacer en medio de nosotros con la Navidad, muchos a nuestro alrededor se alegrarán de «nuestro» renacimiento. Esta novedad es lo único que podrá convencer a cada hombre de la credibilidad del anuncio cristiano que le ha alcanzado. Basta con pensar en cuántos hombres de toda cultura se alegran hoy, hasta sentirse desafiados como nunca, por la existencia de un hombre como el papa Francisco, en quien el Misterio ha encontrado un corazón disponible.

Julián Carrón es presidente de la Fraternidad de Comunión y Liberación

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1Comentario
JA
|
Vaya promesa -Navidad- más correspondiente con el corazón!!
Gracias.

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