Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
9 DICIEMBRE 2016

Te quiero libre... y responsable

Volvemos a estar a vueltas con el tema del aborto. A muchos les gustaría que este tema hubiese dejado de ser motivo de debate hace tiempo, por haber llegado a ser algo totalmente normalizado y aceptado, pero me temo que eso es altamente improbable, pues todo lo que afecta a lo más esencial de la vida humana estará siempre entre nuestras cuestiones perennes.

Sin embargo, intereses de un lado y de otro se empeñan en apartar del centro lo verdaderamente esencial para poner en la picota otras preguntas en las que cabe un debate más encarnizado y una criminalización más feroz del contrario. ¿A quién le importa cuándo empieza una vida humana? Lo verdaderamente importante es la LIBERTAD, así, a lo grande, aunque, curiosamente, el concepto de libertad que se acabe defendiendo es bastante pequeño, reducido del todo, una simple libertad de elección.

La libertad de elección que se propugna es la libertad para hacer lo que uno quiere y disponer de lo que se tiene al alcance para los propios propósitos. Soy libre de decidir qué hacer con mi propio cuerpo, porque mi bombo es mío. Sin embargo, olvidamos muy frecuentemente que libertad implica responsabilidad, y que, para disponer libremente de algo, debo, en primer lugar (y aunque parezca una perogrullada) disponer auténticamente de ello.

Cuando alguien adquiere la libertad para ejercer de aquello para lo que se ha preparado (libertad, esa sí, que no tenemos garantizada ni por asomo), primero se ha hecho dueño de esos conocimientos, y después está listo para ejercerlos libremente. Pero también se hace tremendamente responsable. Un médico, de un enfermero, de un maestro, de un profesor, de un conductor de cualquier tipo de vehículo... tienen en sus manos decenas de vidas.

Nos parecería absurdo hablar de la libertad de estas personas sin apelar a su responsabilidad. Sin embargo, eso es lo que hacemos cuando se trata de la tan proclamada libertad sexual y reproductiva. Ahí podemos decir sin sonrojarnos que somos libres de hacer lo que nos plazca con nuestro propio cuerpo, pero sin que asome en ningún momento la responsabilidad.

No hablo ahora de los casos de aborto por violación o por razones graves relacionadas con la salud de la madre o del hijo. Esos casos merecen una atención aparte y, por desgracia, son los que acaban utilizando como argumento quienes defienden un aborto totalmente normalizado y sin restricciones. Sin embargo, la realidad es tozuda y muestra que estos casos constituyen un porcentaje mínimo y que gran parte de los abortos que han tenido lugar en los últimos años han sido elección de la madre, sin otras causas.

Llama la atención leer en las redes sociales a chiquillas que aún ni han terminado la ESO afirmar su libertad sobre su propio cuerpo. Lo han aprendido bien pronto. Se aclama sin cesar por todas partes que las mujeres somos libres de disponer de nuestros úteros y demás órganos sexuales. Sin embargo, qué curioso, esa libertad es abanderada después de que se haya dado el embarazo. ¿Dónde estaba la libre disposición del propio cuerpo antes de que tuviera lugar esa fecundación? ¿Dónde la libre elección a la hora de hacer lo que necesariamente se ha de hacer para que eso suceda? Al parecer, en esos momentos no somos tan maduras y autosuficientes, como proclamamos después. Repito que dejo fuera el supuesto terrible de la violación. En la mayor parte de los casos, hemos sido libres y dueñas de nuestros cuerpos para pasar un buen rato con ellos. También lo han sido los caballeros que han compartido con nosotras esos estupendos momentos. Eso sí, ha sido una libertad falseada, porque ni unos ni otros nos hemos hecho plenamente responsables de nuestros actos, de nuestros cuerpos o de los cuerpos ajenos. Después, cuando llega la parte menos agradable, el caballero desaparece del horizonte como si la cosa no hubiera ido con él, y ahí es cuando nosotras, y solo nosotras, somos libres y responsables de nuestros cuerpos, cuando ya llevamos en nuestro interior un cuerpo que no nos pertenece.

Se alude a la libertad de la mujer después del embarazo... ¿Y antes? ¿Hemos sufrido enajenación mental transitoria, aturdidas en una sobredosis de libertad sin libertad? Me parece una absoluta falta de respeto y una utilización de la libertad sexual totalmente al servicio de las ideologías políticas y los intereses comerciales de las multinacionales de los métodos anticonceptivos y del aborto (multinacionales que, contrariamente a lo que podríamos pensar, se dan la mano para conseguir fines comunes). Porque no, no son ONGs. Aunque a veces las ONGs acaben sirviendo a sus intereses con el pretexto de la defensa de ciertos derechos.

Somos libres. Nuestro cuerpo es nuestro, y aunque no nos lo hemos dado a nosotros mismos, podemos disponer de él para lo que nos plazca. Pero la libertad implica conocer y asumir. La libertad, como gran poder que es, conlleva una gran responsabilidad.

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sobre este blog
Susana

Hija, hermana, amiga, novia, tía, alumna, filóloga, monitora, getafense y persona humana en general.
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