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6 DICIEMBRE 2016
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El sueño del rabino

Alver Metalli | 0 comentarios valoración: 3  137 votos
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Quiso que fuera él quien escribiera la introducción de ‘El Jesuita’ (2010), que después se convirtió en un best-seller mundial al ser considerada la primera biografía autorizada del nuevo Papa latinoamericano. “Por lo que yo se, debe ser la primera vez en dos mil años de historia que un rabino escribe el prólogo de un libro que recoge el pensamiento de un sacerdote católico”. Con él ha reflexionado sobre ‘Cielo y tierra’, con él ha conversado durante dos años y medio en los estudios de Canal 21 en Buenos Aires sobre la Sagrada Biblia. Ahora que el viaje de Francisco en Tierra Santa es oficial y el patriarca latino Fouad Twal ha confirmado el mes –mayo de 2014– el rabino argentino Abraham Skorka sueña con acompañar a Francisco.

O quizá ya sabe que lo hará, ya que de este tema han hablado varias veces cuando Bergoglio, el amigo Bergoglio, no era todavía Papa. “Diferentes instituciones judías me pedían a quien homenajear, de Argentina, con una visita en Tierra Santa, y yo indicaba siempre a él, a Bergoglio”. El viaje no se pudo realizar. “Cuando fue elegido Papa –Simón Peres lo había conocido y se que habían quedado mutuamente impresionados el uno del otro, dice Skorka– desde la Presidencia de Israel se pusieron en contacto conmigo para manifestar su deseo profundo de recibirlo en Israel”. Era el 13 de junio y el rabino Abraham Skorka se encontraba en Roma en espera de ver al viejo amigo vestido con la túnica blanca. “Todas estas cosas se las he contado y la idea le ha gustado”.

Después ha tocado a Benjamin Netanyahu. La invitación ha sido oficial. Skorka ha visto las imágenes del encuentro entre Francisco y el primer ministro israelí en televisión. Ha escrito un correo electrónico al Papa, como hacía a menudo cuando el amigo Bergoglio era arzobispo, y ha continuado haciendo ahora que es Francisco. “Estamos en contacto”, admite, “y continuamos a intercambiar opiniones sobre las cosas de la vida, de la política, de lo que pasa en el mundo…”. Probablemente –pero esto el rabino Skorka no lo dice– le ha recordado las palabras intercambiadas en junio para ir juntos a Tierra Santa. Skorka está convencido que con Francisco el pueblo judío ha encontrado el mejor amigo que haya estado nunca en el Vaticano, en el trono de Pedro. “El diálogo franco, sincero, profundo y afectivo con muchos judíos en Argentina, no sólo conmigo, no deja dudas al respeto. Es una historia de atención y respeto”.

Cincuenta años han pasado desde la histórica visita de Pablo VI en Tierra Santa, que Francisco se propone conmemorar. Skorka tenía 14 años cuando el papa Montini puso los pies en Israel, pero el recuerdo de aquel momento es nítido en su memoria. “Mis padres y mis abuelos nacieron en Polonia”, recuerda Skorka. “Han vivido en su piel el antisemitismo cristiano; el hambre y las persecuciones han sido las dos razones por las cuales abandonaron el país. Al mismo tiempo he sabido siempre que la cultura, los valores del pueblo polaco, tenían mucho que ver con el cristianismo y que el cristianismo tiene sus raíces en el judaísmo. Son mensajes contradictorios, pero esta ha sido también mi fuente de inspiración en el diálogo interreligioso: si hay un reconocimiento real, sincero, respetuoso, se puede trabajar juntos por un mundo mejor. Lo que me causó más dolor en aquella visita de Paolo VI es que no se pudo ir a Jerusalén, entonces dividida”. Papa Francisco irá y Skorka querría compartir ese momento histórico con él. También la visita de Juan Pablo II dice tenerla “muy fresca en la mente; una emoción enorme verlo allí, en pie, escuchando el himno de Israel”. Recuerda como durante su papado se produjo el reestablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Israel y el Vaticano.

La visita de Ratzinger se produjo en un momento complicado para Oriente Medio; difícil que tuviera el mismo impacto sobre la gente y los gobiernos. “Ratzinger –explica Skorka– dijo cosas profundas, con mucha valentía, de gran valor, como en el primer capítulo de los tres volúmenes de Jesús de Nazaret, construido como una midrash talmúdica… lo he hablado con Bergoglio”, recuerda. De éste último, del amigo Bergoglio, se espera todavía más. “Un rugido, dice, el rugido de un profeta que pide que se haga justicia a quienes sufren”. Un “paso adelante” que está convencido “será posible gracias a la capacidad de Francisco de ir a lo esencial”.

El Papa no se deja atemorizar por las críticas de los tradicionalistas y conservadores, que en estos tiempos se han intensificado. Los tradicionalistas lo acusan de moderno, los conservadores, los del Tea Party norteamericano, de marxista. Los primeros piden a Dios “que lo ilumine o elimine”, los segundos hacen un llamamiento a los gobiernos para aislarlo. Hacemos al rabino Skorka una pregunta a flor de piel. Si el Papa corre algún peligro, como hace tiempo ha declarado un magistrado italiano. Se detiene pensativo. El silencio se alarga. Pregunta si la cuestión se refiere a peligro físico. Después, precisa: “La Iglesia católica apostólica romana debe cuidar de él…mucho…mucho…”.

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