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12 DICIEMBRE 2017
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>Entrevista a Alfonso López Quintás

"El aborto niega que la persona es diálogo con el don"

Enrique Chuvieco | 0 comentarios valoración: 3  145 votos
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Catedrático emérito de Filosofía, miembro de varias academias en España y Europa, promotor de la Escuela de Pensamiento y Creatividad y autor de más de 50 obras, considera que cuando se oscurecen las ideas en una determinada época se necesita que alguien “dé la voz de alarma y defienda lo que hay que defender”, como ocurrió con la esclavitud y actualmente con la vida humana desde el momento de nacer. Acaba de publicar Las sinrazones del aborto con la editorial de libros electrónicos Digital Reason.

Le he oído decir que el aborto nunca puede ser un derecho, ¿por qué?

Porque los derechos humanos deben responder siempre al fomento de la vida y no a promover la muerte. No me gusta la expresión “Cultura de la muerte”, porque con la muerte no se promueve nada; me gusta decir “Cultura de la vida” porque es para cultivar la vida. Por ejemplo, una mujer tiene un niño y tiene derecho a cuidarlo, a pedir ayuda, a que la sociedad le ofrezca posibilidades para educarlo. Los derechos son siempre para algo positivo y, por tanto, decir “tengo derecho al aborto” es una contradicción “in terminis”, porque es un fallo tremendo contra la lógica. Si supiéramos pensar bien, todas estas cuestiones caerían por su propio peso. A veces me preguntan cuál es el mayor error actual de la humanidad, y respondo: que no se sabe pensar. A esto no se pone remedio –y he viajado por todo el mundo-: no conozco ninguna universidad que dedique un curso a aprender a pensar, se da por supuesto que se piensa automáticamente, y no es así.

¿Qué opina de la Ley del aborto que se está tramitando en el Parlamento?

Dicho globalmente, es un buen intento frente al disparate de la última ley que concedía, sin apenas restricciones, abortar a las mujeres y con la que las jóvenes de 16 años podían hacerlo sin el conocimiento de sus padres. Eso era un dislate, pues va contra toda lógica y contra los principios de una antropología sana, se tenga o no fe. Esta ley pone freno a esa matanza. Si hoy nos espanta conocer la existencia de la esclavitud, los del mañana dirán de nosotros con relación al aborto: “¡Cómo eran tan locos!”. Se está atacando mucho esta Ley y lo que hay que hacer es perfeccionarla.

En este sentido, era previsible que los partidos de izquierda se opusieran a la Ley, pero también la han criticado en el propio partido del Gobierno.

Hubiera querido que los partidos de izquierda no se pusieran tan bravos con respecto a esta Ley. No entiendo que se opongan a frenar los 113.000 abortos el año pasado. En cuanto a los políticos del partido del Gobierno, creo que les da miedo defenderla para no parecer de derechas; es el complejo de siempre. Pero yo no alabaría a los dirigentes del PP que se oponen a la Ley. La defensa de la vida tiene que ser algo que esté por encima de los intereses de partido. Durante muchísimos años fui catedrático de antropología, sabía que mis afirmaciones en defensa de la vida, de los auténticos derechos humanos, me iban a causar muchos perjuicios, pero eso va en la profesión. En los tiempos actuales, tenemos que tener ideas muy claras sobre las cuestiones fundamentales y defenderlas a cualquier precio.

¿Qué la parece la contestación que ha habido también en el Parlamento Europeo con relación a la Ley Gallardón?

Gracias a las actuaciones del Partido Popular Europeo y español, con Mayor Oreja al frente, están realizando una gran tarea en este sentido. He leído también que el ministro Gallardón ha dicho que iniciarían una campaña por toda Europa para promover la sensibilidad favorable a la vida, lo cual me parece fantástico. Cuando se oscurecen en una época las ideas y los hombres enloquecemos, se necesita que alguien dé la voz de alarma y de manera positiva defienda lo que hay que defender, en este caso la vida. Me gustaría que no se redujeran este tipo de iniciativas únicamente a España, puesto que vivimos globalmente, por lo que deberíamos abordar estas cuestiones en el ámbito de la Unión Europea.

En este asunto, han entrado en campaña de acoso y derribo los medios de comunicación contrarios a la Ley, ¿era también una cuestión previsible?

Siempre que oigo que algo era previsible, me rebelo porque hay que seguir extrañándose; no hay que acostumbrarse al mal. Como amigo que soy de la música, si un pianista comete un error, me rechinan los dientes y mucho más si lo hago yo. En la parte moral, debe ser igual. Por ser un partido político o un medio de comunicación de izquierdas no se puede defender algo si va contra la verdad. Es decir, cuando está por medio una vida, si un  determinado partido me lleva a eliminarla antes de nacer o en su declive, tendría que salirme del partido. No podemos acostumbrarnos a lo que está mal, y además es contraproducente.

Estos hechos dan la medida actual de la mentalidad común sobre la concepción de la vida, ¿cuál ha sido el recorrido entre los europeos para llegar a esta posición contraria a la vida?

Sería muy largo de contar, pero por decir uno: el relativismo tremendo que existe. Yo tengo en mi biblioteca libros que exponen: “Yo soy dueño de mis valores” o “el hombre crea los valores”. Esto es terrible. El hombre tiene una parte fundamental en el conocimiento, configuración y realización de los valores, pero no los creamos nosotros. Si contemplo el Partenón en Grecia y nos preguntamos dónde radica su belleza, uno podría decir: “En el Partenón. Ese edificio de mármol blanco que está en la meseta de la Acrópolis”; otros dirían: “No, está en el sujeto que lo contempla”, porque si no hay sujeto que contemple su armonía no surge la belleza. Los dos tendrían razón, pero sólo en parte y, por lo tanto, es falso lo que dicen los dos. La belleza no está ni en el sujeto ni en el objeto: surge entre los dos. Es decir, es como una eclosión, como cuando se unen dos cables y se produce la luz. El relativismo es terrible porque tiene parte de verdad. Por ejemplo, no se alumbran los valores si no acoge el ser humano los valores que le apelan a que los encarne en la vida, pero de ahí a afirmar que somos los que decidimos, eso es el relativismo.

¿Por qué dicen ahora tantas mujeres: “Nosotras decidimos”? No, no, vosotras no decidís; sois un sujeto fundamental activo en la generación de un ser, que es una de las fuentes de vuestra dignidad, pero eso no significa que vosotras decidáis, porque el ser humano que generáis y acogéis es distinto de vosotras.

Este recorrido ha sido toda una trayectoria filosófica que durante mucho tiempo le ha ido dando más protagonismo al sujeto. En principio, está muy bien hacerlo, porque el sujeto humano tiene una importancia enorme en todo lo que sea vida física y espiritual, pero siempre tiene que ser en diálogo con algo que nos viene dado. Uno puede ser el mayor pianista del mundo, pero no hace nada si no tiene piano; y si tiene piano, pero no tiene partitura, tampoco sería nada. Un día me dijo un pianista búlgaro que acaba de morir: “Yo sin Bach no sería nada, pero Bach sin mí, tampoco”. Hacen faltan ambas partes.

¿Cómo le gustaría que concluyese este tema tan sangrante del aborto?

Esta discusión nos tiene que llevar –y está ocurriendo- a una clarificación mayor en  las ideas y, posteriormente, a optar por la defensa incondicional de ese bien que es la vida humana. Cuando estudiamos lo que es una vida humana naciente, descubrimos que es realmente un prodigio. Los biólogos, incluso los no creyentes, dicen que sólo la aparición de una célula es realmente un milagro. La humanidad se tiene que hacer cargo de esto, como lo hizo para dignificar la vida humana y oponerse a la esclavitud. Si esto se hiciera, estaríamos en el buen camino.

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