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3 DICIEMBRE 2016
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La nueva ley del aborto no le quita votos al PP (y II)

Miguel Ángel Quintanilla Navarro | 0 comentarios valoración: 3  90 votos
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La profunda transformación para bien del atractivo electoral del PP en los años 90 no puede relacionarse con las posiciones de los partidos en la escala izquierda/derecha, como hemos visto: no hay nada en esa escala que explique las victorias en 1996 y 2000. Pero esas victorias coincidieron con una transformación extraordinaria en la claridad de la imagen que los partidos políticos transmiten al electorado.

El PP empezó a ganar elecciones cuando comenzó a competir seriamente con el PSOE, y cuando sus respectivas imágenes públicas se aclararon. Mientras la competencia se mantuvo en niveles bajos, el PP no pudo aproximarse al PSOE, pero entre 1993 y 2000 el número de electores que se mostraba incapaz de situar al PP en la escala ideológica cayó desde el 26 % hasta el 5 %. No fue un proceso de oscurecimiento de su imagen lo que llevó al PP al Gobierno, sino exactamente lo contrario. Ya hemos mencionado el caso de la UCD y del CDS, cuya desaparición coincidió con una aproximación a la media ideológica del electorado, pero también con un oscurecimiento de su imagen pública, como muestra el gráfico.

Lo que todo esto parece indicar es que lo que caracteriza al votante centrista es que considera que el PP es un partido perfectamente “elegible”, perfectamente integrado en el sistema democrático, independientemente de que se sitúe en una posición más o menos cercana al centro teórico de la escala ideológica. El votante centrista no tiene problema alguno en votar a un partido situado claramente a la derecha del centro cuando lo considera conveniente, aunque antes haya votado a un PSOE muy radicalizado. Elaborar una campaña de imagen para ese electorado es perder el tiempo, porque no la necesita. Por el contrario, ese electorado aprecia la claridad de ideas y la coherencia de los mensajes, y cuando se actúa como si el propio partido tuviera que purgar alguna culpa esencial, en realidad se transfiere esa culpa a los votantes que eligieron al PP, que probablemente quedarán sorprendidos de que aquel a quien otorgaron su voto se reconozca ahora indigno de haberlo recibido.

Desde el punto de vista de la estrategia electoral, resultaría, pues, erróneo que se tratara de buscar un punto más centrado de la falsa escala ideológica mediante un oscurecimiento de los mensajes o mediante el desvanecimiento intencionado de las ideas y de las políticas que el electorado reconoce como propias del PP. Se puede ganar situado lejos del centro teórico, pero no se puede ganar sin decir lo que se es. Lo que caracteriza al votante centrista es que se trata de un cliente electoral muy exigente, que, de entrada, demanda a los partidos que solicitan su voto claridad y coherencia, es decir, razones bien compuestas y bien explicadas.

¿Desde cuándo se hunde el PP?

Los gráficos del CIS, actualizados según el último barómetro de enero, muestran lo siguiente (www.cis.es/cis/opencms/ES/11_barometros/indicadores.html):

También muestran esto:

Añado algunos datos más, en los que espero no haber incurrido en error u omisión.

Datos sobre la evolución temporal del deterioro electoral:

Datos sobre la magnitud del deterioro electoral:

Valoración de liderazgos en vísperas de perder las elecciones y última valoración del CIS de Mariano Rajoy:

•        Leopoldo Calvo Sotelo (excluyo a  Landelino Lavilla) en septiembre de 1982: 3,36

•        Manuel Fraga en septiembre de 1989 (no pongo a Aznar): 3,68 (mínima histórica de Fraga: 3,01, sept. 1978)

•        Felipe González en febrero de 1996: 5,09 (mínima histórica de González: 3,86, sept. 95)

•        José Luis Rodríguez Zapatero en octubre de 2011: 3,06 (es la mínima histórica de Zapatero)

•        Mariano Rajoy en enero de 2014: 2,22

Ninguna confianza en:

•        Felipe González en enero de 1996: 28,10

•        José Luis Rodríguez Zapatero en octubre de 2011: 52,5

•        Mariano Rajoy en enero de 2014: 63,3

Intención de voto antes de las elecciones generales:

           UCD

•        septiembre de 1980: 16,5

•        septiembre de 1981: 11,6

•        julio de 1982: 12

•        septiembre de 1982: 6,9

PSOE

 •        septiembre de 1982: 27,9

•        mayo de 1986: 33,2

•        septiembre de 1989: 30,2

•        mayo de 1993: 24,3

•        enero de 1996: 24,2

•        enero de 2000: 18,5

•        enero de 2004: 21,3

•        enero de 2008: 30,9

•        octubre de 2011: 17,9

•        enero 2014: 11,8

  AP/PP

•        septiembre de 1982: 11,6

•        mayo de 1986: 12

•        septiembre de 1989: 9,5

•        mayo de 1993: 16,9

•        enero de 1996: 25,8

•        enero de 2000: 30,6

•        enero de 2004: 27,8

•        enero de 2008: 21,5

•        octubre de 2011: 30,5

•        enero de 2014: 10,8

Todo esto muestra, a mi juicio, que el deterioro electoral del Partido Popular no es imputable a la aprobación de la reforma de la ley del aborto. Es muy anterior y es dramático. Quien pretenda sostener que la debilidad electoral del Partido Popular está asociada directamente y de manera significativa a la propuesta de reforma de la ley del aborto va a tener por delante un trabajo arduo.

Miguel Ángel Quintanilla Navarro es Director de Publicaciones de la Fundación FAES

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