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6 DICIEMBRE 2016
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Un espejo al otro lado del río

Horacio Morel (Buenos Aires) | 0 comentarios valoración: 3  95 votos
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A la Argentina y al Uruguay los separan un accidente geográfico y una historia de desencuentro.  En los albores de la independencia americana, ambos países formaban una unidad política, las “Provincias Unidas del Río de la Plata”, pero la diplomacia del imperio inglés metió la cola y consolidó la separación.  Por eso un uruguayo memorioso como Alberto Methol Ferré gustaba presentarse como un “argentino oriental”.

Hoy la relación bilateral ha tocado, tal vez, el nivel más bajo que se recuerde.  El inicio del desbarranco fue el grave conflicto por la instalación de dos industrias pasteras en la margen oriental del Río Uruguay, que divide ambos países hasta desembocar en el Río de la Plata –llamado por los descubridores españoles el “Mar Dulce”- y de ahí al Océano Atlántico.  La pelea llegó a los tribunales internacionales, los que dieron la razón al gobierno uruguayo.  A partir de entonces, las relaciones diplomáticas entre Argentina y Uruguay quedaron afectadas, y un cierto recelo inconsciente se instaló entre dos pueblos históricamente hermanados.

A comienzos de año, el ministro de Industria, Energía y Minería de Uruguay, Roberto Kreimerman, afirmó que “el comercio con Argentina nunca volverá a ser igual” y que debido a “las trabas impuestas desde Argentina, el comercio bilateral no volverá nunca al nivel anterior”. Según Kreimerman, los fabricantes de papel, vestimenta y alimentos de Uruguay están sufriendo por las restricciones al comercio que aplica Argentina, ya que las oficinas gubernamentales argentinas mantienen bloqueadas mercaderías uruguayas por un valor de 32 millones de dólares desde septiembre pasado.

Para los argentinos, el Uruguay siempre representó mucho más que un destino turístico atractivo.  De hecho, salvedad sea hecha del período en que de ambas márgenes del río reinaba el terrorismo de Estado durante las dictaduras militares que precedieron la restauración democrática de Argentina en 1983 y de Uruguay en 1985, el país oriental fue destino habitual de refugiados políticos que se exiliaban de la Argentina buscando seguridad y libertad.

En estos tiempos que corren en la Argentina, en los que existen numerosas trabas a la actividad privada y en los que la inseguridad urbana es un flagelo cotidiano, muchos argentinos de clase media-alta buscan del otro lado del río un aire más respirable.

El Uruguay hoy se presenta como un espejo en el que los argentinos vemos devuelta nuestra imagen como país, lastimosamente deteriorada.  Algunos, cual protagonistas de una película de ficción, se aventuran a atravesar el espejo para ver qué hay del otro lado: el Estado uruguayo en 2013 concedió la residencia a 1.645 argentinos, cifra que triplica las 461 de un año antes. El porcentaje de argentinos sobre el total de residencias otorgadas pasó del 19 % en 2012 al 27 % en 2013.

Una prueba de las razones económicas que empujan a los argentinos a mirar hacia el Uruguay la aporta la producción de trigo, típica actividad agropecuaria argentina.  Es que en Argentina, el gobierno interviene en el mercado del trigo y aplica retenciones, cosa que no ocurre en Uruguay.  Según publica esta semana el diario La Nación de Buenos Aires, productores, asesores, gerenciadores e inversionistas que emigraron de la Argentina para producir por su cuenta o unirse a alguna firma uruguaya son responsables del 40% (y, según la temporada, hasta el 50%) del cereal que se siembra en Uruguay, cuya superficie del cultivo está estabilizada en torno de las 500.000 hectáreas, mientras que en la Argentina se sembraron el año pasado 3,6 millones.

Sin embargo, por la intervención del gobierno kirchnerista en el comercio del trigo, la superficie sembrada perdió 2,3 millones de hectáreas en los últimos diez años. En Uruguay, según fuentes de ambos países que cita el periódico indicado, los argentinos no han parado de sembrar trigo. En rigor, de las 450.000 hectáreas de la campaña 2012/2013 y las 475.000 hectáreas de la última campaña, se estima que unas 200.000 fueron sembradas o gerenciadas por agricultores argentinos, que también cultivan soja.

La avanzada de los argentinos en Uruguay comenzó en realidad después de la devaluación de 2002 y el primer cultivo con el cual se abrieron paso fue la soja. Allí se cultivaron el año pasado poco más de un millón de hectáreas de la oleaginosa, y se calcula que los argentinos participaron en un 60% de esa superficie.

El cepo que el kirchnerismo impuso sobre el trigo, interviniendo el mercado para reducir la competencia entre molinos y exportadores y cuotificando las ventas al exterior, no hizo otra cosa que acelerar el interés de los argentinos por sembrar en Uruguay.

Pero también muchos de los nuevos argentinos residentes en Uruguay no han abandonado sus actividades profesionales y económicas en la Argentina, y han elegido su nueva residencia o bien para desdoblar su negocio, o simplemente como lugar para vivir más seguros, trasladándose el jefe de familia en forma casi permanente entre los dos países.

Otro ejemplo de lo que acontece entre ambos países viene de la mano de la crisis energética que sufre la Argentina.  Todos los veranos, desde hace diez años aproximadamente, el sistema energético argentino no logra hacer frente a la mayor demanda originada en las olas de calor, y tiene que recurrir a la importación de electricidad.  En enero de este año, la energía eléctrica proveniente desde Uruguay se multiplicó casi treinta y seis veces respecto del mismo mes de 2013. Y en un solo mes (de diciembre ’13) aumentó un 64%. En enero de 2013 la Argentina compró 2161 MWh de energía generada en el país vecino, producida con máquinas hidráulicas, es decir, la más barata disponible.  En cambio, en enero último, las importaciones de electricidad desde Uruguay treparon a 77.347 MWh, es decir, casi 3500% más, con el agravante que la totalidad de lo comprado era energía generada con máquinas térmicas, energía más cara.

Recientemente, los presidentes Cristina Kirchner y José Mujica tuvieron la oportunidad de reunirse en Cuba en el marco de la II Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), y aunque no trascendieron los temas tratados, es de esperar que el reencuentro de ambos signifique el inicio de un camino de recuperación de la relación bilateral. Además de las trabas comerciales impuestas por la Argentina, está en agenda la cuestión del dragado del canal Martín García y de los puertos comerciales del Río Uruguay.

Antes de la reunión, el presidente uruguayo había manifestado que “en algún momento tendremos que arreglar y si no arreglamos, los gobiernos cambian y los pueblos quedan. Del pueblo argentino no nos va a separar ni Dios. Vamos a estar juntos siempre; con los gobiernos a veces nos encontramos y a veces nos desencontramos, pero nuestro deber es hacer un esfuerzo por tratar de buscar acuerdos".

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