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5 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Colette Capriles

'Hay que abrir espacio a la pacificación'

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Colette Capriles, analista política, ofrece a www.paginasdigital.es las claves de lo que está sucediendo en Venezuela.

Las protestas se han hecho masivas en Caracas después de que el líder de la oposición  Leopoldo López haya sido encarcelado.

Esa detención, enmarcada en la tradición estalinista del "criminal sin crimen", es sobre todo una afirmación del poder arbitrario de un gobierno que necesita en efecto recuperar su sitio como heredero y defensor de la "revolución", frente al descontento y escepticismo causado por su terrible gestión económica y social. La "radicalización", que es así como se está construyendo ante el público chavista el aumento de la represión, la acción de los paramilitares, un posible decreto de estado de excepción en el Estado de Táchira, fronterizo con Colombia. Por ahora, quedará detenido hasta que la juez de instrucción establezca la procedencia de la acusación (que incluye delitos punibles hasta por 10 años de cárcel). Pero lo importante no es tanto el encarcelamiento sino el discurso que está intentando construir el gobierno para justificarlo: habla de una conspiración de la propia oposición para atentar contra la vida de LL y revela así que esta maniobra está enmarcada en su estrategia de contribuir a dividir a la oposición, además de neutralizar la posibilidad de que las protestas alcancen una necesaria madurez política.

¿La represión de  la polícia política está instada desde el Gobierno de Maduro?

Está en todo caso obedeciendo líneas de mando del propio gobierno, aunque algunas señales (como el reemplazo intempestivo del jefe de los servicios de seguridad del Estado al no ser obedecido el 12 de febrero cuando dio orden de acuartelamiento a sus subordinados) sugieren que las complejas relaciones entre las distintas tribus que conforman al grupo gobernante afectan la respuesta del gobierno a la crisis. En todo caso, hay que subrayar que no se había visto en Venezuela una ola de represión tan intensa: censura y autocensura en los pocos medios de comunicación masiva que no están en manos del Estado; asfixia a los medios impresos independientes mediante la restricción de dólares para importar papel; amenazas a líderes e instituciones opositoras; y violencia terrorista del Estado y de los cuerpos paramilitares llamados "colectivos".

¿Cómo se podría frenar la escalada de violencia?

La violencia tiene varias capas, por así decirlo. Hay una que proviene de un malestar profundo, muy extendido y muy inarticulado, que tiene que ver con la percepción de que el "socialismo rentista" ha llegado a su fin como modelo y que la bonanza ha terminado finalmente. Esto genera frustraciones de distinta índole y de distintas expresiones, algunas violentas. Pero la más visible es la de los últimos días, en la que grupos de jóvenes protestan y montan barricadas, interrumpiendo el tránsito en ciertas zonas de las grandes ciudades, lo que es respondido con una absoluta desproporción por las fuerzas militares. Es importante señalar que en efecto es la fuerza armada la encargada de restablecer el orden, y no la policía. Esta situación no cederá en lo inmediato, porque no hay un solo gesto de conciliación de parte del Estado. Por el contrario, en cada aparición pública (siempre en forma de cadena obligatoria en todos los medios de comunicación), Maduro atribuye a la oposición todos los crímenes; utiliza lenguaje de odio, dibuja la silueta de una conspiración mundial para derrocarlo, adopta argumentos de lucha de clase y de enfrentamiento civil, etc. Es decir, incrementa la beligerancia. La fórmula de ir hacia un espacio de pacificación ha sido esbozada por Henrique Capriles Radonsky, el gobernador y ex candidato presidencial, sin que haya habido respuesta alguna; y el movimiento estudiantil ha propuesto la mediación de la Iglesia, con el mismo silencio por parte del chavismo. Es obvio que la posición de la violencia, la polarización, el enfrentamiento y el desconocimiento de la mitad del país que vota por la oposición es la que el gobierno cree que le favorece más.

¿Qué debe hacer la oposición?

En mi opinión, lo que está en la visión que ha expresado Henrique Capriles Radonsky, que es la de administrar las protestas para incluir en ellas no sólo los motivos de quienes adversan al régimen sino los que puedan tener quienes aún lo apoyan, es la vía para obligar al gobierno a una modificación sustancial de su acción de gobierno y de las medidas erráticas con las que pretende controlar aún más la exhausta economía venezolana, y a la irritada sociedad venezolana. Algunos mensajes que han enviado quienes participan en la primera fila de las protestas sugieren la idea de precipitar un cambio de gobierno inmediato, pero esa no es una idea compartida por la mayoría, ni tiene sustento institucional.

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