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4 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Monseñor Ovidio Pérez Morales

"En Venezuela el totalitarismo no tiene futuro"

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Al cumplirse un año de la muerte de Hugo Chávez, Venezuela se encuentra en una situación cada vez más difícil. Las protestas de los estudiantes contra Nicolás Maduro están provocando importantes enfrentamientos y las revueltas están siendo sofocadas con violencia por las fuerzas de seguridad. La inflación está por las nubes, el PIB se ha hundido, así como el cambio con el dólar. En los supermercados la gente se aglomera en filas interminables para adquirir alimentos básicos que empiezan a escasear. De todo ello hablamos con monseñor Ovidio Pérez Morales, obispo emérito de Los Teques y ex presidente de la Conferencia Episcopal y del Concilio Plenario de Venezuela.

La situación del país no deja de empeorar.

La crisis se está agudizando. Tenemos muchos problemas, de seguridad, de alimentación, de servicios públicos, de salud. Además hay muchos prisioneros políticos. Y aún hay un problema más profundo: se quiere imponer al país un proyecto político ideológico de tipo socialista, pero no un socialismo cualquiera, sino un socialismo a la cubana, según el modelo de Castro, similar al socialismo real. Este es el principal problema, del que derivan todos los demás.

¿En qué punto está ese proyecto?

Ya está en marcha. Por el momento, hemos podido constatar que bajo las palabras socialismo y comunismo se está verificando algo aún peor. Estamos asistiendo de hecho a una estatalización salvaje y a la concentración del poder en una sola persona.

Esta situación ya se vivía con Chávez, sólo que su gran carisma conseguía enmascarar los problemas. Maduro ya no tiene ese carisma y los problemas saltan más a la vista, ¿no es así?

Chávez fue quien puso en marcha ese proyecto. También es verdad que Chávez tenía un carisma muy particular. Pero el proyecto político es el mismo y ahora se está poniendo de manifiesto con mucha claridad. Pongo un ejemplo: se ha convocado un “congreso para la paz en el país”, así lo llaman, que sin embargo no prevé la presencia de los representantes de los partidos de la oposición parlamentaria. Evidentemente, no es un verdadero congreso para la paz sino algo muy distinto. Pues bien, al final de la primera sesión del congreso el vicepresidente de la República ha dicho: “seguiremos aplicando el programa por la patria”. Me pregunto qué es lo que verdaderamente quiere, ¿un diálogo para acelerar el camino de ese proyecto?

El país está inmerso en una gran violencia.

La fuente principal de la violencia es precisamente la voluntad de imponer ese proyecto a toda la población. Pero el 50 por ciento de la población no simpatiza con el proyecto. Los que están de acuerdo con un sistema a la cubana son un porcentaje muy reducido de la población total.

¿Qué impacto está teniendo la crisis en la población?

Están los estudiantes, que han sido los primeros en salir a protestar, y luego hay personas y grupos de la sociedad civil, y los partidos de la oposición. En uno de los estados del norte del país, en la frontera con Colombia, se está viviendo prácticamente una insurrección en acto.

¿Qué ha sido lo que ha desencadenado la revuelta?

Mucha gente está tomando conciencia del hecho de que problemas como los de seguridad, antes incluso que los alimentarios o sanitarios, se están agravando precisamente a causa de la imposición del proyecto comunista. Por eso no basta con liberar a los presos políticos, que por caridad es una cosa justa; en juego hay algo mucho más profundo. Liberan a los presos pero el problema permanece. Esta no es la solución. Ha sucedido lo mismo que se verificó a la muerte del rey Salomón.

¿Se refiere al personaje bíblico?

Exactamente. El sucesor de Salomón fue Roboam. La gente se presentó ante él para pedirle que fuera más indulgente que su predecesor. Pero él en vez de acoger estas peticiones decidió ser aún más violento. Así que la gente se marchó y formó el pueblo de Israel. Eso es lo que está sucediendo aquí, en el norte del país, con la guardia nacional que está reprimiendo con violencia las manifestaciones de los estudiantes. Lo que hay en acto en Venezuela no es un problema de democracia débil o imperfecta. Se trata de un proyecto muy preciso que apunta al control de todos los aspectos de la vida de una nación: las comunicaciones sociales, la propiedad, la educación. También aquí es evidente que se está llevando adelante un proyecto de ideologización en sentido marxista. Por ejemplo, están eliminando el programa de educación religiosa en las escuelas.

¿Qué contribución puede aportar la Iglesia? El Santo Padre ha expresado su gran preocupación al respecto.

La acción de la Iglesia está muy limitada. Me explico. Una cosa que ha hecho este régimen ha sido descalificar a los hombres de la Iglesia. Empezando por el cardenal Castillo Lara, que murió hace unos años, después de ser gobernador del Vaticano. Lo mismo hicieron con el actual, y con todos los obispos. Ahora la cosa sigue adelante en un tono menor porque quieren evitar que la Iglesia tenga la fuerza de unir a las personas. Por este motivo la Conferencia Episcopal se encuentra en dificultades en este momento. El gobierno no quiere que la Iglesia se dirija al pueblo ni que convoque a los diversos sectores sociales. Quiere ser el gobierno quien realice esta función. No admite que haya alternativas a su poder. Le puedo poner otro ejemplo.

Por favor.

Tenemos una Asamblea nacional, pero solo en teoría. De hecho, la Asamblea confió al presidente de la República todos los poderes para legislar. Si cerrásemos incluso materialmente las puertas de la Asamblea nacional, nadie se daría cuenta, pues prácticamente ya no existe. No solo el poder legislativo, al presidente le corresponde también el Tribunal Supremo de Justicia. En Venezuela ya no hay división de poderes, todo está concentrado en las manos del presidente.

Estaba diciendo que la Iglesia los márgenes de actuación de la Iglesia son muy reducidos. ¿Qué se puede hacer en un contexto así?

Estamos dispuestos a hacer sacrificios, no es la primera vez que la Iglesia se encuentra en una situación similar y tampoco será la última. Sabemos que debemos avanzar por el camino de la evangelización invocando la reconciliación y la paz. Y diciendo claramente que ese proyecto sigue su marcha. Como hace la Conferencia Episcopal, que siempre recuerda que en 2007 se votó un referéndum que pedía la aprobación de la introducción del sistema socialista y la población dijo no. De hecho, ese sistema se aplicó fuera de la Constitución. Recientemente, la Conferencia Episcopal ha repetido con claridad lo que ya había dicho con ocasión de aquel referéndum, es decir, que ese proyecto es moralmente inaceptable. Pero mientras tanto el proyecto sigue su camino. También sabemos otra cosa.

¿Cuál?

La libertad, la justicia, la solidaridad, la fraternidad tienen futuro. No tienen futuro la opresión ni los regímenes totalitarios. Que Dios nos asista.

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