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4 DICIEMBRE 2016
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La OPA de Obama sobre la UE

Paolo Raffone | 0 comentarios valoración: 3  104 votos
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En una rueda de prensa conjunta al término de la cumbre UE-USA, las dos figuras que guían la Unión, Herman van Rompuy y José Manuel Barroso, mostraron hasta qué punto se encuentran sensibilizados y alineados con su invitado, Barack Obama, quien insistió en que todo lo que está sucediendo en Europa, desde la crisis financiera hasta la de Ucrania, forma parte de un mismo proyecto de “unificación” de la Unión Europea con los Estados Unidos de América.

El mundo –según Obama– será más seguro “cuando Europa y Estados Unidos sean una sola cosa”. Poco antes, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, había subrayado que “los americanos pueden contar con nosotros”. La escena, en la práctica, significa que Obama ha lanzado una OPA geopolítica y comercial a la UE, y se ha encontrado con un “sí, como usted desee”. Ningún intento de resistirse ni negociar, ninguna duda, sólo una servil aceptación.

¿Qué han ofrecido Herman van Rompuy y José Manuel Barroso a su invitado americano? En  nombre de la convergencia anti-Rusia y del fortalecimiento del vínculo transatlántico, los dos líderes europeos han confirmado, en nombre y por cuenta de los pueblos, naciones y estados de la UE, la firma del acuerdo para la liberalización del comercio y las inversiones (TTIP) que, como les recordó Obama, debe ser aprobado sin vacilaciones por el Parlamento europeo saliente: “we must move on, now!”.

Para asegurarse el resultado, el presidente norteamericano volverá a reunirse con sus anfitriones europeos en junio, después de las elecciones europeas, en un encuentro del G-7. Si acaso surgieran dificultades en la aprobación del TTIP –cosa que Barroso descartó en la rueda de prensa–, las consecuencias serían desagradables para la UE, que debería buscarse por sí sola el gas y la manera de defenderse del caos que –gracias a Obama– se ha desatado en todo el frente Mediterráneo y de Europa del Este. En resumen, como en una OPA hostil –además de las bellas palabras de amistad y colaboración–, no queda otra opción que dejarse adquirir completamente por los USA. En el gesto de Obama parecía leerse: “that’s capitalism, stupid!”.

Barroso señaló que “el acuerdo no cambia el estado de cosas ya existente entre la UE y EE.UU, sino que derriba las barreras reglamentarias que limitan el crecimiento y la prosperidad”. Aseguró que “el TTIP creará millones de puestos de trabajo en las dos orillas del Atlántico”. Música para los oídos de Obama. Por su parte, Van Rompuy tranquilizó los ánimos con respecto a las relaciones entre la UE y Rusia, puesto que “las sanciones no son hostiles, sino que se trata de medidas de negociación, diplomáticas”, y añadió que gracias a las sanciones a Rusia, “la UE puede encontrar la manera de favorecer a Ucrania con el apoyo financiero que estamos dispuestos a conceder si el gobierno acepta las condiciones de las reformas”.

Para que los mensajes de ambos líderes europeos quedaran bien claros, Obama les ha recordado que “hasta en dos ocasiones en un siglo los EE.UU intervinieron en Europa para poner fin a dos guerras mundiales”. Ahora, añadió, “está claro que en el caso de Ucrania estamos unidos tanto la UE, como los USA y el G-7, para “aislar a Rusia”, a la que se podrían imponer nuevas sanciones con consecuencias mayores. Pero quiso dejar claro que “en Ucrania no se trata de una ampliación de la OTAN”, sino sólo de “nuestro deber de proteger a la población civil”. Parece una reedición de la intervención de la OTAN en 1999 en Yugoslavia cuando comenzó la doctrina R2P de la OTAN. Luego Obama recordó que es consciente de que “algunos países de la UE dependen del gas ruso, por lo que estamos dispuestos a autorizar la exportación de nuestro gas y proporcionaros las tecnologías necesarias para la explotación de vuestros yacimientos nacionales”.

Dejando a un lado la crónica de la Cumbre bilateral, la presión americana sobre Europa resulta inaudita. Desde primeras horas de la mañana, del Bundesbank llegaban declaraciones de su presidente Weidmann que, de forma imprevista y contraria a su estilo habitual, pedía al Banco Central Europeo que preparara medidas de “relajación monetaria” como las de América. Una inversión total, que traiciona tanto la debilidad del sistema bancario teutónico –con necesidad de recapitalización y sobreexposición en Rusia y  Ucrania– como la creciente preocupación en el frente industrial debido al efecto de las sanciones a los suministros y precios de la energía. ¿La estrategia americana ha plegado a Alemania? De momento, parece que sí.

Desde el punto de vista estratégico, parece que Obama está muy debilitado en esta legislatura, cada vez más acosado por los halcones demócratas y neocon. Estos grupos transversales acusan al presidente de haber caído en la trampa de Putin en relación a Siria e Irán. Por tanto, el precio que debe pagar Obama es mantenerse en su línea de política exterior con una mayor contundencia. La crisis de Ucrania, debido principalmente a la incapacidad europea, ha ofrecido al sector “duro” la ocasión de animar al presidente a dar una respuesta “muscular” a Rusia.

En este escenario, sería de esperar una reacción rusa no tanto militar pero sí mediante las fuerzas especiales y de inteligencia en Ucrania, en las regiones orientales y en Kiev. Para evitarla, EE.UU acelera la “limpieza” de los elementos más molestos y del gobierno ucraniano. De hecho, el polémico ministro de Defensa ha dimitido y un importante líder de la ultraderecha nazi ha aparecido muerto. Por su parte, Putin está incrementando las relaciones de cooperación comercial y militar con India y China. En mayo será Pekín quien firme un gigantesco contrato para el suministro de energía en China.

El corolario de todos estos movimientos llegará también desde el ámbito monetario y financiero, puesto que los llamados países BRICS llevan tiempo teorizando sobre la posible creación de una moneda común para sus intercambios comerciales, moneda que estará vinculada al precio de las mercancías. Esta puede ser la verdadera arma letal de Putin hacia la UE y los USA. A la espera de los acontecimientos, no queda más que negociar. El desenlace de la crisis mundial provocada por la torpeza europea en Ucrania lo veremos en mayo o junio, con ocasión de ese G-7 que Obama ha querido celebrar precisamente en Bruselas.

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