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Jonás llevaba razón

Fernando de Haro (Qaraqosh, Iraq)

Escribo desde Qarasqosh, el ground zero del genocidio cristiano en el norte de Iraq. Un genocidio que no se quiere reconocer. Cinco check points desde Erbil para llegar a la que fue la mayor ciudad cristiana del país. Los tres primeros de los peshmergas. El ejército kurdo dosifica la entrada. Desde la siete de la mañana, largas colas para cruzar los controles. Los kurdos permiten a los cristianos visitar sus casas a cuenta gotas. Dos horas antes de la puesta del sol tienen que volver. El ejército iraquí, que controla la zona más cercana a Qaraqosh, es más flexible. A la entrada de la ciudad patrullan también las fuerzas estadounidenses. De fondo se oyen los bombardeos, explosiones roncas, irreales. El responsable de la milicia cristiana cuenta que ha detenido a dos miembros del Daesh a escasos kilómetros.

Al llegar a las primeras calles la imagen es dantesca. Como la que he visto al norte de Mosul, en Batnaya y en Teleskof. Pero aquí la desolación si cabe es más impresionante. Se trata de un gran pueblo fantasma. La única ventaja es que no hay minas. Las casas abandonadas a toda prisa están saqueadas. Muchas de ellas bombardeadas por la coalición internacional. Los cristianos que han conseguido entrar esta mañana queman sus ropas a las puertas de sus hogares. No quieren recuperar nada que los milicianos del Daesh hayan usado. Se elevan columnas de humo aquí y allá. Todos los muebles han desaparecido. Cuando alguien del Daesh se casaba venía a Qaraqosh a abastecerse. Las pocas mujeres que no se marcharon fueron violadas repetidamente y convertidas en “esposas” del Estado Islámico.

En la gran catedral sirio católica, levantada con el esfuerzo de todo el pueblo, los representantes del califato instalaron una galería de tiro. Han quemado el techo y en las columnas de la nave principal hay pintadas en favor del Estado Islámico. La voluntad de destrucción del Daesh tiene una obsesión: las cruces. Las mutila todas, las derriba, las fusila.

El cementerio está custodiado por el ejército iraquí. Hace falta una larga negociación para visitarlo. La soledad de los muertos solo está acompañada por el ladrido de perros sin sueño. El Estado Islámico ha profanado las tumbas, como en los pueblos del norte.

Se ha cumplido la profecía del profeta Jonás. Las madres de los niños cristianos de Nínive les enseñaban a sus hijos desde hace 30 años que la profecía se había cumplido tres veces. Pero esta es la cuarta vez que Nínive (Mosul) y su llanura es destruida. Jonás llevaba razón. No será la última, pronto puede llegar la definitiva. El Daesh no es ya la mayor amenaza.

Cuando el Daesh tomó la llanura de Nínive había 120.000 cristianos. Escaparon a Erbil y a los pueblos del norte. La mitad se ha marchado ya del país. Y los otros 60.000 no saben si volver. Todo el mundo tiene pretensiones sobre sus tierras. Los kurdos, que no lo defendieron en su momento, quieren ampliar su frontera. El gobierno de Iraq, chiíta, acaricia la idea de transformar los pueblos cristianos en una zona de su propia confesión que sirva de contención a los suníes. La moderación islámica de los kurdos parece estar convirtiéndose en radicalismo.

Lo “extraño” es que, en estas circunstancias, Naciones Unidas se niegue a calificar lo sucedido como un genocidio. Lo ha hecho Estados Unidos y lo ha hecho el Parlamento Europeo. ¿Por qué no una resolución que reconozca los hechos? ¿Es necesario contentar en este caso las pretensiones chiítas?

Nínive ha sido destruida por cuarta vez pero Jonás sigue saliendo de la ballena al tercer día. Los cristianos no saben si podrán volver. Pero no pocos en estas circunstancias redescubren su fe. Con conmoción se puede escuchar cómo un joven de 20 años, que huyó del Daesh, en su cuarto desordenado y utilizado por el califato, me dice que en estos dos años y medio se ha dado cuenta de que Dios está a su lado. Si un joven mira sin odio su destino es que la ballena ha sido vencida. Jonás llevaba razón.

Jonás llevaba razón

Fernando de Haro (Qaraqosh, Iraq) | 0 comentarios valoración: 3  38 votos
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>Editorial

Bajo aguas tranquilas

Fernando de Haro

Parece que después de la tormenta ha llegado la calma. España encara un 2017 relativamente tranquilo en política, desde luego más tranquilo que Francia, Alemania y Holanda donde las elecciones plantean muchas preguntas. Un 2017 que paradójicamente puede ser tranquilo con un Gobierno en minoría después de un 2016 sin acuerdos y sin Ejecutivo. La mayor incertidumbre en el horizonte, no precisamente pequeña, es qué va a pasar con el proceso de secesión de Cataluña.

El último Barómetro del CIS, la encuesta pública más representativa, muestra que los españoles se han relajado: la imagen de la política ha mejorado en 7,8 puntos. Rajoy en su mensaje de fin de año expresó su voluntad de acabar los cuatro años de legislatura. Tendió la mano a su socio de Gobierno -a Ciudadanos- y al que, en teoría, es el principal partido de oposición, el PSOE. Los socialistas respondieron con el doble lenguaje que vienen usando desde que echaron a su último secretario general, Pedro Sánchez. Hicieron críticas a la gestión de los populares pero después destacaron el valor de los acuerdos ya alcanzados con el Gobierno y reafirmaron su voluntad de seguir en la misma línea que han mantenido en los últimos meses.

Algo parecido a esa “gran coalición” por la que tanto se suspiró en 2016 funciona en la política española desde que los socialistas permitieron la investidura de Rajoy con su abstención. Una “gran coalición”, eso sí, a la española. Los socialistas, con el peor resultado electoral de su historia, una crisis interna que dura ya demasiado tiempo y la amenaza de convertirse en la tercera fuerza han decidido ganar tiempo y pactar. Pactar para hacerse valer, para poder sacar pecho ante sus electores y demostrar que cuentan, no como sus rivales, la izquierda ruidosa y utópica de Podemos que se pierde en los pasillos del Congreso.

El PSOE quiere pactar, Rajoy quiere pactar. Se ha olvidado de sus amenazas de convocar elecciones en mayo (las encuestas le siguen dando mejores resultados que en los comicios de verano). Los acuerdos con los socialistas le permiten dar estabilidad a su Gobierno y reducir a la insignificancia a Ciudadanos, su teórico socio, pero también su competidor: buena parte de sus votos son de antiguos votantes del PP.

La voluntad de pacto de Rajoy con los socialistas ha provocado que los dogmas de la anterior legislatura hayan dejado de serlo. Para acordar el techo de gasto (paso previo de los presupuestos) ha aceptado subir el salario mínimo. Los populares ya están dispuestos a financiar parte de las pensiones con impuestos, tal y como reclamaban los socialistas. No es descartable que el PSOE acabe permitiendo la aprobación de las cuentas públicas de 2017 a cambio de concesiones que el Gobierno del PP hasta hace nada consideraba imposibles.

La marcha de la economía permite esta “política de entendimiento”. 2016 se va a cerrar con un crecimiento muy por encima del 3 por ciento. Y las previsiones para 2017, aunque apuntan a una relativa desaceleración, son también positivas. El empleo aumenta a razón de 400.000 puestos de trabajo al año y es posible que en 2020 la tasa de paro sea parecida a la que había antes de la crisis. El objetivo de déficit, por fin, se puede alcanzar sin grandes esfuerzos y sin importantes recortes, si acaso con una reestructuración del IVA.

A la “pax económica” hay que añadir el pragmatismo de Rajoy. El PP ya ha renunciado a su ley de educación aprobada la pasada legislatura, ley de la que no se puede sentir especialmente orgulloso. Y estará seguramente dispuesto a hacer lo mismo con su ley de seguridad ciudadana también cuestionada por el centro-izquierda, también muy revisable.

Bajo aguas tranquilas

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  62 votos

>CINE

La ciudad de las estrellas (La La Land)

Juan Orellana | 0 comentarios valoración: 3  48 votos
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Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D.

One, la nueva película de Fernando de Haro que se estrena en Madrid el próximo lunes, cuenta lo que nunca te han contado sobre la India. En la mayor democracia del mundo, en el país que compite con China por el liderazgo de Asia y de buena parte del planeta, sigue vigente un rígido sistema de castas. Por eso la minoría cristiana, que se atreve a afirmar la igualdad efectiva entre los indios, es perseguida. Los parias (los sin-casta) que abandonan el hinduismo y abrazan el cristianismo, buscando una vida más digna, pierden las ayudas sociales. Los obstáculos legales que limitan las conversiones han sido respaldados por el Tribunal Supremo. Un nuevo nacionalismo hindú no duda en recurrir a la violencia para restringir la libertad y lleva a cabo prácticas que algunos califican como prácticas genocidas. Prueba de ello es lo que sucedió en el distrito de Kandhamal durante 2008. Se pretendió “limpiar” de bautizados una amplia zona.

Este documental está grabado en Nueva Delhi; en Bhubaneswhar, la gran ciudad del hinduismo; y en las selvas de Orissa, junto al Golfo de Bengala. Recoge los rostros y las historias de gente sencilla (la inmensa mayoría de los bautizados de la India son parias) que ha encontrado en el cristianismo una forma más humana de vivir. Muchos explican por qué abrazaron la nueva religión y han abandonado la antigua. Otros relatan las injusticias sufridas y los motivos que les permiten ser fieles al credo de la cruz. La película da voz también a los nacionalistas hindús que justifican las políticas de discriminación.

Estamos ante el cuarto documental de una serie dedicada a los cristianos perseguidos. El primero de ellos, "Walking next to the wall", fue rodado en Egipto y está dedicado a los coptos. El segundo, Nasarah, grabado en el Líbano, está dedicado a los sirios e iraquíes perseguidos por el Daesh. El tercero, Aleluya, a Nigeria. Los cuatro están disponibles en la plataforma Vimeo. La serie está dirigida por Fernando de Haro que trabaja con la productora N Medio. El proyecto se lleva a cabo con la ayuda del Instituto de Estudios Históricos de la Universidad CEU San Pablo y la Fundación Hernando de Larramendi.

A las 19 horas del lunes 23 de enero en el Salón de Grados de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Julián Romea, 23. 28003 Madrid.

Estreno de One, documental dedicado a los cristianos de la India

P.D. | 0 comentarios valoración: 4  10 votos

>Columna derecha

>CULTURA

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Caravaggio en Madrid

Elena Simón

Dedicado a Alicia

Caravaggio siempre es un reclamo excepcional por su revolución pictórica en busca de la realidad. En esta ocasión el Museo Thyssen presenta al gran pintor con sus apasionados seguidores del norte de Europa, 52 obras en total, con 12 del maestro. Su pintura claroscurista, con modelos de la realidad, alejada del ideal clasicista, coincidió con los intereses pictóricos de flamencos y alemanes. El viaje obligado para un artista del s. XVII a Roma, meca del Arte, provocó que en el primer tercio de esta centuria unos setecientos pintores extranjeros se instalaran allí, algunos privilegiados en los palacetes de los mecenas protectores, otros pasando hambre y frío.

Caravaggio inauguró el Barroco de manera rompedora, el mundo ideal neoplatónico se acabó. El concilio de Trento y los ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola pedían realidad, austeridad, ponerse en la situación real del suceso religioso a reflexionar, desechando todo idealismo. Y un hermano de Caravaggio, Juan Bautista, era sacerdote en Cremona. El barroco es movimiento con diagonales, escorzos, claroscuros, que traducen el movimiento interior de la mente de los protagonistas, cuanto más tenso mejor. Éste es su máximo interés, todos los contenidos que guarda, apoyados en las expresiones y en una rica simbología de todo tipo (objetos, animales, frutas y flores, colores…).

Es interesante conocer que Michelangelo Merisi, el Caravaggio, nació en Milán en 1571 y que su padre era arquitecto y administrador del marqués de Caravaggio, Francesco Sforza, casado con Constanza Colonna, con los que la familia tuvo una íntima relación. Estas nobles casas protegerán a Merisi, irascible hasta el enloquecimiento y pendenciero, en las huidas y condenas por sus delitos que llegaron al asesinato. Con cinco años se trasladó a Caravaggio y con trece por fin está en Milán, cumpliendo la promesa hecha a su padre en el lecho de muerte, en el taller de Simone Peterzano, seguidor de Tiziano, con el que vivió cuatro años para aprender el oficio de pintor. Con 19 años aterriza en su soñada Roma, donde, obligado por la necesidad, ejecuta naturalezas muertas y flores, de gran fortuna. Luego vendrán escenas de género como “Los tahúres”, tres medias figuras jugando a las cartas, adquirida por el ojo coleccionista y vanguardista del Cardenal del Monte que contrata al pintor, y pasa a su residencia, por fin con alojamiento y comida, donde bajo su protección pintará Los Músicos y la imponente Santa Catalina de Alejandría, tan venerada en Italia (una hermana del pintor también era Catalina). Sus modelos son mendigos, mujeres de la calle, pendencieros de la noche. La realidad más cruda está servida, con ella representará la experiencia religiosa en su más auténtica veracidad, como un suceso de la vida cotidiana.

Empieza el encargo para San Luis de los Franceses, ha cumplido los 25, y La Vocación y El Martirio de san Mateo dejarán huella en las almas, y en otros pinceles. La apertura de esta capilla con motivo del Jubileo del año 1600 le hizo el pintor más famoso y solicitado de Roma, con jugosos encargos tanto públicos como privados: El Sacrificio de Isaac, para el futuro papa Urbano VIII, o el imponente San Juan en el desierto encargado por el banquero Coste. Ambas pinturas brillan en esta exposición. San Juan Bautista, con la potencia del desnudo del David de su admirado Miguel Ángel, en una anatomía más suavizada, con el mismo dominio anatómico… y también la reflexión, la tensión interior del protagonista. La austeridad formal domina, una diagonal de luz divina sobre la anatomía de san Juan y la sombra sobre la que se recorta, fondo neutro sin elementos de distracción. La piel de camello que lo identifica, austero y ascético, y el rojo del manto, emblema de su sangre por la violencia de su muerte a manos de Herodes. Sujeta el bastón-cruz, él anuncia a Cristo y lo bautiza en el Jordán, inicio del camino a la Pasión. Figura de gran belleza e impactante presencia, con la que Caravaggio se presenta casi como el nuevo Miguel Ángel.

Caravaggio en Madrid

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 2  276 votos
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Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón

“Tenía Sorolla la vista fácilmente impresionable a cuanto se mueve, y como lo que más se mueve es la luz, cambiando a cada instante, ésta fue su musa” (A. Gimeno).

La cotización y valoración de Joaquín Sorolla sigue en alza. Barcelona nos ha deleitado este verano en Caixaforum con la atractiva y refrescante muestra “Sorolla y el Mar”. También Mapfre abre cartel en el otoño madrileño, hasta el 11 de enero, con una exposición llena de novedades, con la cara menos conocida del imparable artista: “Sorolla y América”, muestra que se inicia con su celebrada pintura social de finales de siglo, que emigró más allá del océano y paisajes urbanos neoyorquinos, retratos americanos, dibujos sobre cartas de menú, y también bocetos, mucho de todo ello guardado allí en la Hispanic Society de Nueva York, grandioso centro de referencia de la cultura española, museo y biblioteca, fundado en 1904 por el potentado del ferrocarril e hispanista Huntington, que fue el mecenas de Sorolla en América. Él le pagó los dos viajes de seis meses que el artista realizó con su familia a Nueva York. Su exposición de 1909 ni tuvo ni ha tenido igual, el pintor vendió cientos de obras y miles de catálogos… hasta el presidente de los EEUU quiso ser retratado por él.

Pero demos marcha atrás en la moviola hasta situarnos en su levante natal, donde se gestó el genio de Joaquín Sorolla. Los primeros años del artista quedan muy lejos de su posterior éxito, porque este pintor español, que tras Velázquez y Goya es la paleta española más cotizada fuera de nuestras fronteras, nació en Valencia el 27 de febrero de 1863 (¿conjunción de astros que dirían algunos lunáticos?). Sus padres, Joaquín y Concepción, del gremio del comercio de tejidos, murieron, quizá víctimas del cólera, en un margen de tres días, cuando el pequeño contaba dos años y medio. La tía materna Isabel y su marido José adoptaron a Joaquinito y a su hermana Isabel, de un año. Con 14 años Joaquín ayudaba a su tío en la modesta cerrajería familiar, pero su destreza para la pintura ya era reconocida y asistía por la noche a clases de pintura. Con dieciséis años entró en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia: las clases se iniciaban a las ocho, sin embargo su compañero, el también pintor Cecilio Plá, nos dice que Sorolla ya venía de sacar apuntes del natural por la ciudad. Ese mismo año, por su aplicación, la Escuela de Artesanos le otorgó un accésit y le obsequió con una caja de pinturas. Su padre adoptivo, consciente de la valía del chico, decidió pagarle clases especiales e intentó que Joaquín no perdiese más tiempo en las labores de cerrajero, pero el chico no lo permitió. A la par recibía la medalla de bronce de la Exposición Regional de Valencia por “El patio del instituto”. Su profesión de pintor ya estaba decidida.

Sorolla pasó cuarenta años pintando casi frenéticamente. Trabajador incansable realizó a la velocidad de la luz cerca de 2.200 cuadros, 9.000 dibujos, apuntes, bocetos, obras todas ellas en las que consiguió como nadie reflejar con una modernidad potente ese derecho que el instante tiene a la eternidad.

Sorolla: un niño adoptado

Elena Simón | 0 comentarios valoración: 1  1374 votos

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