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11 DICIEMBRE 2016
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El milagro económico

Tulio Álvarez | 0 comentarios valoración: 3  120 votos
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Cuando El Usurpador utilizó la expresión “Ofensiva Económica” un frío intenso bajó por la nuca de quienes estamos acostumbrados al lenguaje encriptado del régimen. En un país civilizado, la referencia a unas medidas económicas se dirigiría a frenar la inflación, el desempleo, la carestía de bienes, incrementar la producción, sanear la economía y, en general, a amortiguar las dificultades de sus ciudadanos; pero, en Venezuela, un anuncio de esta naturaleza prefigura una agresión.

Inmediatamente, analistas y expertos opinan con la profunda convicción que da la ignorancia sobre los hechos más elementales de la subsistencia y la vida ordinaria; los empresarios, duchos en el arte del disimulo, aparentan que la guerra no es con ellos y manifiestan sus “dudas” acerca de la posibilidad de que esa "nueva ofensiva económica" pueda ayudar a superar la crisis, aunque expresan expectativas sobre futuras bonanzas si “les tiran algo”; las amas de casas, verdaderas doctorandas en ciencias sociales, no comen cuento porque ellas son las que están en las calles; y el pueblo llano está pasivo, curtido por tanto sol que recibe haciendo las filas frente a los abastos y supermercados, acostumbrado a vivir bajo el racionamiento y el marcaje, para adquirir dos paquetes de harina, pan, un kilo de leche en polvo y dos rollos de papel toillete.

El proceso de destrucción nacional se ejecuta al mejor estilo del socialismo del siglo XXI. No puede prescindir del control de cambio que ya lleva tres devaluaciones, solo en este año. Resultaría jocosa, si no estuviera planteado en sufrimiento de millones de seres humanos, la afirmación oficialista de que las medidas se centran en tres ejes: producción, abastecimiento y precios justos. El usurpador afirmó que se “debe producir más y mejor para destrabar todos los mecanismos inducidos o creados que impidan la producción en el país”, como si no fuera él, precisamente, el responsable de la inexistencia de un sector privado que tenga la carga de la productividad; también se hace el desinformado sobre una realidad muy particular, las trabas a las que se refiere han sido creadas por ellos mismos.

El mejor ejemplo de lo que he dicho es el Decreto N° 600 que consagra la regulación general de precios, costos y ganancias máximas, dirigidas a promover el “orden público socialista consagrado en el Plan de la Patria”. De manera que cualquier actividad productiva tiene un margen máximo de ganancia establecido anualmente por el mismo régimen y, en ningún caso, ese margen excederá del 30% de la estructura de costos del bien o servicio. Todas las personas que realicen actividades económicas deberán obtener el Certificado de Precios Justos a fin de gestionar la adquisición de divisas y, para ello, deberá demostrarse el cumplimiento de los criterios de precios justos, con independencia de que exista o no fijación expresa.

Tengo que aclarar que aquí existe un extraño concepto de soberanía agroalimentaria porque todos los alimentos se importan después de haber destruido los centros productivos rurales y desmantelar a la industria nacional. De manera que mal pueden controlar la inflación si no se produce en lo interno y tampoco pueden sostener una moneda estable. Por si fuera poco, a pesar de los ingresos extraordinarios y exorbitantes producto de la renta petrolera, no hay dinero para cubrir el derroche, las regalías y donaciones a Cuba y otros países, y la corrupción. El déficit fiscal estará en torno al 30% en 2014 y, como el Banco Central de Venezuela está subordinado al poder ejecutivo, la única forma de financiamiento continuará siendo la emisión inorgánica de un bolívar crucificado. Y ellos pretenden controlar la inflación.

Frente a esta catástrofe, en velada burla a la clase trabajadora, el régimen aprobó el Decreto N° 935 de fecha 29 de abril de 2014 mediante el cual se fija un incremento del 30% del salario mínimo mensual de los trabajadores quedando el mismo fijado en 4.251,40 bolívares. Al día en que escribo este artículo, la tasa de cambio negociada de acuerdo al sistema SICAD II es de 69,48 Bs/$, lo que implica que el salario mínimo en Venezuela es equivalente a 61 dólares, el menor de América Latina. Y esto no cubre la ignominia que viven los profesionales, especialmente en el sector educativo. Solo para ejemplificar, el autor de este artículo, con el más alto grado escalafón, con 31 años de docencia, con el máximo número de horas que se permiten dar, no llega a devengar 100 dólares mensuales por las clases que imparte en la Universidad Central de Venezuela.

En 2014, las reservas internacionales han caído en un 35% sin ponderar el impacto de la baja del precio internacional del oro. El endeudamiento se ha exponenciado llegando a la cifra de 97.000 millones de dólares y las demandas contra la República en tribunales extranjeros o por las cláusulas arbitrales que fueron colocadas, en forma inconstitucional, renunciando a la jurisdicción nacional, representan un riesgo de 75.000 millones de dólares a lo menos.

Venezuela cuenta con las mayores reservas petroleras del mundo y se han mantenido los más altos precios en el mercado mundial. No tenemos una super población a la que atender en sus necesidades. Como contrapartida, las riquezas mineras, forestales, acuíferas, las inmensas costas, la fertilidad de las tierras y las bellezas naturales ideales para la actividad turística, sin contar la estratégica ubicación del país, constituyen ventajas competitivas frente a cualquier otra economía del continente.

Pero la inflación creció en un 36% en un solo año, se montó al 56,2% en 2013 y se proyecta en un mínimo de 70% para 2014, eso si tenemos suerte. Solo la inflación del mes pasado en Venezuela es mayor que la anualizada de la mayoría de los países latinoamericanos. Desde el año pasado, la moneda se ha devaluado en un 700%; y, como ya dijimos que todo se importa, es imposible controlar esa inflación. De ahí que estemos en presencia de un verdadero fenómeno económico: la forma en que un régimen corrupto ha llevado a un país pleno de riquezas a la máxima miseria. Un milagro digno de estudio.

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