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7 DICIEMBRE 2016
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El disco póstumo de Paco de Lucía culmina la rehabilitación de la copla

Félix Caballero | 0 comentarios valoración: 3  95 votos
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Canción andaluza, el disco póstumo de Paco de Lucía dedicado a la copla, no es el trabajo que esperaban los seguidores del guitarrista después de diez años sin un álbum de estudio (no hay temas nuevos, sino arreglos de clásicos), pero sí el que necesitaba la copla para terminar de rehabilitarse ante una sociedad que pasó de adorarla en los años 40 a denostarla 30 años después por la irrupción del pop y su identificación con el franquismo.

Salido al mercado el 29 de abril, el compacto se publica diez años después del último disco de estudio de Paco de Lucía, Cositas buenas –a raíz del cual le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Artes y cuatro galardones en los Premios de la Música 2005– y dos meses después de su fallecimiento. El guitarrista murió el 26 de febrero tras sufrir un inesperado y fulminante ataque cardíaco mientras jugaba en Playa del Carmen, en el Yucatán mexicano, donde tenía su retiro espiritual y practicaba una de sus aficiones favoritas, la pesca submarina.

Paco de Lucía es uno de los más grandes genios flamencos de todos los tiempos. Recogió la enseña del maestro Sabicas y redimensionó el mundo de la guitarra flamenca, dándole un giro que ninguno de sus colegas fue capaz, introduciendo el cajón (de origen sudamericano) con tanto acierto que hoy nadie creería que este instrumento no acompaña al flamenco desde siempre.

Aunque póstumo, Canción andaluza es un disco completamente acabado como a su autor –un perfeccionista incurable– le gustaba. Lo dejó en fase de posproducción. Esta vez, el Paco guitarrista ha pesado más que el Paco compositor y, seguramente, este sea su álbum estrella como arreglista. Su guitarra suena con la fuerza armónica de una orquesta. Suyas son también las mandolas, las mandolinas, el laúd árabe y el guitarró.

Canción andaluza (nombre que él prefería sobre el de copla) recrea ocho versiones tradicionales de un género musical que siempre le apasionó, la mayoría instrumentales. Es un trabajo de introspección. El guitarrista se reúne solo con otros tres músicos (Piraña, Antonio Sánchez y el bajista cubano Alain Pérez) y tres cantantes (Estrella Morente, Parrita y el venezolano Óscar de León).

Los temas cantados son tres: Te he de querer mientras viva (León y Quiroga), interpretado por Estrella Morente, que el guitarrista dedica a su esposa Graciela y que aborda el siempre murmurado amor entre un hombre mayor y una mujer joven (“No se me importan tus canas / ni el sentir de los demás / lo que me importa es que sepas / que te quiero de verdad”); Señorita (León y Solano), de la que Alain Pérez hace una impagable versión salsera en la voz de Óscar de León; y Zambra gitana, entonada por Parrita, que une Romance de Juan de Osuna y Manuela, rindiendo tributo a uno de los genios del cante: Manolo Caracol.

Entre los temas instrumentales encontramos dos de los títulos más famosos de la historia de la copla: María de la O (León y Valverde), favorita en el inventario pasional de Paco de Lucía, que la conoció en la versión de su adorada Marifé de Triana (“María de la O, qué desgraciaíta / gitana tú eres teniéndolo to”); y Ojos verdes (Quintero, León y Valverde), censurada en su época y de la que se dice que Lorca lamentó no haberla escrito él (“Serrana, ¿me das candela? / Y yo te dije gaché, / ay, ven y tómame mis labios / y yo fuego te daré”).

Los otros tres temas instrumentales son Romance de valentía (León, Quintero y Quiroga), incluido en el repertorio del último espectáculo de Concha Piquer; La chiquita piconera (Quiroga, León y Callejón), inspirado en la obra cumbre del pintor Julio Romero de Torres; y Quiroga por bulerías, un popurrí que va trasteando por modernas bulerías de vacilón son caribeño, desde Lola la Piconera a Vengo a entregarme.

Un género a la altura de los más grandes

La copla, como el fado en Portugal, gozó de una gran popularidad en España durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, pero a partir de los años 60 cayó en desgracia por la pujanza del pop/rock anglosajón y por su identificación con el franquismo (igual que el fado fue identificado con el salazarismo).

Sin embargo, desde comienzos del nuevo siglo viene experimentando una merecida rehabilitación, con el apoyo, por un lado, de algunos de los cantautores y músicos pop más relevantes del país, como Serrat, Aute o Sabina, y la irrupción de una nueva generación de intérpretes que, sin ser propiamente tonadilleras, la han modernizado con éxito, como Pasión Vega, Diana Navarro, Pastora Soler o Concha Buika.

Desde el mundo del flamenco (donde la copla siempre se consideró una hermana menor), el cantaor catalán Miguel Poveda ya la había avalado con su extraordinario disco Coplas del querer (2009), en el que también se incluía Ojos verdes, uno de los títulos del álbum de Paco de Lucía. Pero este trabajo del guitarrista viene a dar al género el espaldarazo definitivo que precisaba: la copla no es una cosa de folclóricas en el sentido peyorativo que algunos le dan al término, sino un estilo a la altura del flamenco, el fado o el tango, músicas todas ellas consideradas patrimonio de la humanidad.

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