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4 DICIEMBRE 2016
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>El engaño del darwinismo social:

¿Le importan las elecciones europeas más que Eurovisión? Debería...

Francisco Pou | 0 comentarios valoración: 3  112 votos
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Si en algo estamos de acuerdo es que no estamos de acuerdo. Es el buen punto de partida de una España donde, no sólo hay más ´soluciones´ que españoles, sino que, además, las aproximaciones son distintas. Un taxista me habla de Constitucional Comparado, un abogado de la función de las Fuerzas Armadas, una monja de proceso electoral y, finalmente, un banquero, del sistema de partidos. Hasta la ‘cocina española’ es ya hoy un tentempié, un ouvrebouche de reducciones de tortilla, fusiones orientales y minerales centelleantes en postres andalusís. Hay más gazpachos que partidos políticos, y hay un montón. Dudamos de nuestra identidad.

El sistema de turnos, la alternancia de partidos, es un clásico en España desde la Restauración. Pero uno empieza ya a sospechar que, más que una decisión del electorado, se produce una decisión inducida por la ‘honradez’ de robar por turnos de las ubres públicas. Un monumental “qué-hay-de-lo-mío” nacional que crea el turno. Los casos de corrupción son ya apabullantes en España. Los trajes de Camps han dado paso a guarismos escalofriantes; cantidades abrumadoras de dinero que, caiga quien caiga, seguro que alimentaban la ‘cola’ de la alternancia a un cuerpo social que ya ha desarrollado una biología digestiva especializada en lo ajeno. Eso sí, con alternancia. Es lo que tiene dejar hacer al tiempo en la historia. Que el sueño de la razón produce estos monstruos.

El PSOE empieza a socavar a Rajoy (‘sus recortes’) prometiendo plantar cara a Europa. Pero el PSOE mismo está erosionado por padres de la Patria, como Felipe, que hablan de un gobierno de concentración. Precisamente ahora, con tanta gente preguntándose acerca de las diferencias de Zipi con Zape… Sólo la posición ante el derecho a la vida en Europa parece unir a los populares, a algunos, y plantar distancia a una izquierda desarbolada. Desarbolada por la posición ante el aborto-derecho, barbaridad jurídica que solo siguen las femen en Europa en argumentarios donde lo único cierto es que acaban mostrando pechos, como criterio intelectual de contundencia. Desarbolada también por el nacionalismo, vasco y catalán, cuando el nacionalismo es una epidemia propia de las derechas más casposas.

Vienen micropartidos, como chinches molestas para el sistema, a mover el mapa del reparto del pastel desde la transición. Entre izquierdas, en torno al PSOE y derechas, en torno al PP, o nacionalistas, pasando la boina o la barretina en cada legislación. El pastel está –dicen– pasado. Volver a empezar con ellos si la mayoría de ellos son frutos del mismo bizcocho…

Se acaba. Lento o rápido, pero se acaba una Europa de las ideologías y una Europa de los funcionarios para alumbrar un nuevo hito en la historia. Pero la historia no se mueve sola. El darwinismo social es un mito que ha tragado nuestra generación: “cualquier cambio en el tiempo es bueno, simplemente porque es cambio, simplemente porque es nuevo”. No es cierto. No se puede ignorar el enorme retroceso antropológico de los campos de concentración de Hitler. No fue un ‘paso evolutivo’, fue una monumental tragedia. Por eso Europa, nuestra ‘polis’ queramos o no, pide nuestra acción personal, responsable, para llegar a una Europa de la persona. Porque nuestra libertad actuando es quien construye la historia, no “el tiempo” que, solo, lo que nos muestra es oxidación, decadencia hueca, al estilo Eurovisión.

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