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9 DICIEMBRE 2016
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Magdi Alam: 'Estoy orgulloso de que la gente haya podido ver mi conversión'

¿No se puede mantener un diálogo con el islam moderado?

Hay que distinguir entre el islam como religión y los musulmanes como personas. Yo he llegado a la conclusión de que el islam como religión es incompatible con los derechos fundamentales de la persona y con los valores absolutos, universales y transcendentes que representan el sentido de nuestra humanidad. Mientras que con los musulmanes como personas se puede y se debe dialogar. Se puede y se debe construir conjuntamente una común civilización del hombre, a condición de que la pertenencia por parte de los musulmanes conlleve la aceptación de algunas reglas que representan el fundamento de la civilización humana. Entre estas reglas seguramente el primer nivel sea la fe en la sacralidad de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural, el respeto de la dignidad de la persona como fundamento de la convivencia civil, y el respeto de la libertad de elección del individuo, en cuyo primer nivel se sitúa el respeto a la libertad religiosa.

Dice que la presencia del islam en Europa está amenazando la libertad de la fe cristiana... concretamente la de los musulmanes que se han convertido al cristianismo en Europa.

Yo creo que Europa tiene que habituarse al hecho de que, mientras a los musulmanes se les permite convertir a los europeos al islam, lo opuesto no está permitido, porque si un musulmán declara públicamente su conversión es repudiado y condenado a muerte por apostasía. En Europa hay millones de europeos convertidos que lo dicen públicamente y los musulmanes que se convierten, que no son tantos, son obligados a vivir en silencio su nueva fe porque tienen miedo de ser asesinados en Europa. Esta realidad significa que en Europa la libertad religiosa no está siendo respetada. Entonces, si nosotros hablamos de reciprocidad, antes de preocuparnos por la violación de la libertad religiosa en los países musulmanes, en Arabia Saudí o en Irán o Pakistán, tendríamos que partir del hecho de que esta libertad religiosa deberíamos asegurarla en primer lugar en el corazón de Europa.

Aquí en España se ha criticado que le haya bautizado Benedicto XVI, algunos dicen que debería haber sido bautizado por un sacerdote normal.

Es, a mi parecer, una posición laicista de quien considera la fe como algo de lo que avergonzarse y creo que hay mucha ignorancia por parte de aquellos que han criticado mi conversión y el hecho de que haya sido el Santo Padre el que me ha impuesto los Santos Sacramentos, porque esta gente no sabe que el Bautismo es un acto público, no un acto privado. El Bautismo debe hacerse públicamente y muy probablemente no saben que las conversiones de los catecúmenos al catolicismo tienen lugar siempre durante la noche de la Vigilia Pascual. Por tanto, aquellos que han criticado que yo me haya convertido durante la Vigilia Pascual y que se haya hecho de modo público son gente que no conoce la realidad de la religión católica. Yo estoy orgulloso de haberme convertido, estoy orgulloso de que se haya hecho públicamente y estoy orgulloso de que la gente haya podido ver mi conversión. No es un hecho del que yo me tenga que avergonzar o que deba mantener escondido. Considero que el hecho de que haya sido el Papa el que me ha dado el Bautismo ha sido un don, el don más bello que yo podía haber recibido. Y querría añadir que si yo hubiese recibido el Bautismo en una pequeña parroquia en un pueblito perdido de Italia habría sido igualmente criticado porque habrían dicho que yo lo estaba haciendo de ese modo porque me avergüenzo de mi fe, porque tengo miedo de hacerlo públicamente y porque no quiero que se hable de ello. Lo que intento decir es que cuando hay mala fe, cuando hay un prejuicio, cualquier cosa que hagas hará que hablen mal de ti.

Usted vive con una escolta de la policía italiana, ¿no es así?

Exacto, pero en realidad son Carabinieri, la otra fuerza de seguridad en Italia, que es una disciplina más militar que la policía. Es una decisión de las autoridades italianas y del Ministerio del Interior italiano. Es una situación que viene desde hace más de cinco años y que deseo que termine cuanto antes para poder vivir como cualquier otra persona.

¿Y por qué tiene que llevar escolta?

He sufrido condenas a muerte por parte de los extremistas y los terroristas islámicos. Y sobre todo recientemente la situación ha empeorado porque a estas amenazas se ha unido la amenaza de la extrema izquierda italiana.

¿También ha sido amenazado por la extrema izquierda italiana a raíz de la conversión?

No, no, es una situación anterior a mi conversión. Digamos que mi conversión ha suscitado muchas polémicas incluso por parte de los extremistas islámicos ha habido una nueva condena. Ha habido discusiones muy fuertes en el mundo islámico, en el que me han condenado como apóstata, como enemigo del islam. Se ha pedido mi condena a muerte pero yo estoy habituado a estas amenazas, no me dejo intimidar, voy adelante, voy adelante con mi fe cristiana y con los valores y los ideales en los que siempre he creído.

Pero, ¿por qué las amenazas de la extrema izquierda?

Porque, de forma compartida con los extremistas islámicos, el odio respecto a la civilización occidental, el odio respecto a la iglesia, el odio respecto a los Estados Unidos e Israel, les hace tener ideas comunes que les llevan a señalarme como su enemigo.

¿Por qué ha dado el paso a la fe de Jesucristo?

¿Por qué me he convertido? Yo creo que me ha sido dada una predestinación, un diseño de Dios que me llevado desde los cuatro años a conocer muy bien y muy de cerca la realidad del catolicismo porque yo ya estudiaba y frecuentaba escuelas de origen italiano y católico en El Cairo, primero en las monjas combonianas, que son las monjas devotas de San José, y después en los salesianos, en el Instituto Don Bosco de El Cairo. Entonces, yo durante 14 años he estudiado en escuelas italianas y católicas pero incluso he vivido en la escuela, dentro de la escuela, porque mi madre, que era la persona que se ocupaba de mí después de su separación, trabajaba fuera de Egipto, en Arabia Saudí. Este conocimiento tan cercano del mundo católico me ha permitido incluso leer y aprender la Biblia y los Evangelios, y estar fascinado por la figura de Jesús. Y sucesivamente he tenido tantos encuentros con personas católicas de buena voluntad que me han convencido de la voluntad de la religión católica, y entre todas estas personas había muchas de Comunión y Liberación. Así como hay religiosos, hay laicos que cultivan una gran fe religiosa. Puesto todo en conjunto, por un lado estaba mi educación de escuela católica y por otro lado los encuentros que me han convencido de la bondad de la religión católica en unión con las difíciles situaciones a las que me he visto sometido por las constantes amenazas de los extremistas islámicos, que llegado cierto punto pienso que tiene que ver con alguna cosa ligada a la gracia, la gracia divina que yo he sentido dentro de mi, la opción de adherirme plenamente a la fe en Jesús.

Usted nos ha advertido en sus libros sobre los terroristas que asesinan en nombre de Alá, pero también sobre la falta de inconsistencia de Occidente y su falta de previsión.

Cierto. Son dos caras de la misma moneda. El miedo que hay en Occidente a los extremistas islámicos pero también la actitud de responsabilidad es a veces una actitud de connivencia ideológica con los extremistas islámicos. Y que se haya consentido a los extremistas islámicos echar raíces en Occidente les ha dado, en primer lugar, el poder en el seno de las mezquitas, creando siempre más y transformando estas mezquitas en su bastión, haciendo de ellas un centro de poder, y de un poder no sólo religioso sino también político, financiero y social. Son mezquitas donde se predica el odio, donde se adoctrina a los fieles a la guerra santa islámica, donde se les inculca la fe en el denominado martirio islámico y donde se termina el trámite de un lavado de cerebro para transformar a las personas en robots de la muerte. Occidente tiene una gran responsabilidad en todo esto y sigue teniendo la responsabilidad de no asumir el deber de asegurar que dentro de Occidente la realidad de los musulmanes corresponde plenamente a las leyes y a compartir aquellos valores que son el fundamento de la civilización occidental.

¿Cómo hace para vencer el miedo?

Yo escribí el libro Vencer el miedo hace tres años. Lo hice porque era conocedor de que el miedo es la verdadera arma con la que los extremistas y terroristas islámicos quieren someter a Occidente y a todos aquellos que no piensan como ellos. Entonces, Vencer el miedo ha sido para mí una palabra de orden, ha sido un acto de fe porque, mientras se sea libre por dentro, franqueando el miedo, se puede ser de las personas que libre y conscientemente deciden sobre la propia vida. Si, por el contrario, nos sometemos al miedo, habremos perdido. Habremos perdido una guerra de libertad y de civilización. La verdadera amenaza que tenemos frente a nosotros en mi opinión no es la de los terroristas que yo defino como cortacuellos, que son ésos que nos quieren aniquilar físicamente. La verdadera amenaza que tenemos enfrente es la de los terroristas que yo defino como cortalenguas, que son aquellos que quieren, inculcándonos el miedo, impedirnos que pensemos libremente, escribir libremente aquello que pensamos. Entonces, vencer el miedo es un acto de fe para ser plenamente libres y para ser plenamente uno mismo.

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