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9 DICIEMBRE 2016
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¿Por qué da miedo una sociedad sin aborto?

Benigno Blanco Rodríguez | 12 comentarios valoración: 4  61 votos
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Tomás de Aquino, con la profundidad antropológica que le caracteriza, dejó escrito que el bien lo conoce mejor el que lo practica que el que no lo practica y que, en cambio, el mal lo conoce mejor el que no lo practica que el que lo practica. Ruego al lector que se detenga un momento y relea –¡saboree con calma!– lo que acabo de escribir para valorar la profundidad de tal afirmación, pues esta elemental constatación permite entender por qué a una sociedad como la nuestra le cuesta tanto volverse con aprecio a realidades valiosas como la vida, el matrimonio y la familia.

Pongamos ejemplos más cercanos y personalizados para ayudar a entender bien esta idea. El drogadicto, el fumador o el borrachín (es decir, los que practican un mal) no pueden entender lo bien que se vive sin esas dependencias, pues les falta esa experiencia y les da miedo tenerla. En cambio los que no se drogan, fuman o beben pueden valorar muy bien lo estupendo que es no vivir colgados de una dependencia que podría cercenar su salud, limitar su sociabilidad y condicionar su libertad. Reitero la idea de Tomás: el bien lo conoce mejor el que lo practica que el que no lo practica; y el mal, por el contrario, lo conoce mejor el que no lo practica que el que lo practica. Y, lo mismo que a las personas, les pasa a las sociedades.

Traslademos esta reflexión al debate actual sobre el aborto en España. Dejando al margen a las minorías ideologizadas y radicalizadas que ven el aborto como algo bueno en sí mismo, resulta sorprendente que muchos que en principio no ven el aborto como algo deseable, sin embargo apuesten por leyes permisivas del mismo por entender que sin tales leyes la sociedad sería más injusta y se crearían situaciones personales insoportables. Quizá lo que les pasa a éstos es que no conocen el bien que supone una sociedad que apuesta por la vida, porque de hecho en su vida personal apuestan por lo contrario y, por lo tanto, no son capaces de conocer y entender la felicidad de quienes viven abiertos a la vida. Son como el borrachín que piensa que sin alcohol no es posible pasar la vida, porque no conoce otra cosa y le da pavor existencial experimentar si está equivocado.

Quienes creen que la permisibilidad legal del aborto es imprescindible para resolver “determinadas situaciones”, son como el drogadicto que no puede concebir la vida sin chutarse pues siente que sin la dosis la vida sería insoportable. Pero el drogadicto y el que defiende el aborto se equivocan: como se adhieren al mal, no conocen el bien alternativo y éste les da miedo siquiera como hipótesis. Ellos no lo pueden entender, pero la vida sin droga es estupenda y la sociedad sin aborto es mucho más justa y alegre. Se parecen a aquellos que en otras épocas creían que una sociedad sin esclavos sería inviable e insoportable: por practicar el mal –la esclavitud– no podían entender el bien de una sociedad de hombres libres.

Sucede los mismo con otros grandes debates antropológicos de nuestra época: quienes no intentan vivir una sexualidad responsable no pueden entender la maravillosa libertad y felicidad que ésta proporciona ni las creativas posibilidades vitales que engendra para la relación interpersonal; quienes no son capaces de proponerse una relación matrimonial fiel y permanente en el tiempo, no pueden entender la fuente de felicidad que genera este estilo de vida. También en estos campos se cumple la intuición tomista: el bien lo conoce mejor el que lo practica que el que no lo practica; y el mal, por el contrario, lo conoce mejor el que no lo practica que el que lo practica.

Si el anterior análisis es correcto –y lo es–, para avanzar en la construcción de una sociedad comprometida con la vida (o con la sexualidad responsable, el matrimonio o la familia), es imprescindible hacer que quienes están habituados al mal pierdan el miedo a experimentar el bien. Y este es el terreno de la transformación personal; se trata de un objetivo que está más allá de la fuerza de las leyes. Las leyes pueden coadyuvar a favorecer este cambio pero no lo pueden provocar por sí mismas; está más allá de su ámbito de eficacia. Quienes pueden provocar la revolución que nuestro mundo necesita son quienes pueden testimoniar con su vida que practicando el bien se puede ser muy feliz. Quienes conocen el bien porque lo practican tienen que hacer llegar con su testimonio personal su mensaje a quienes no lo conocen porque no lo practican.

En materia de aborto, el mensaje es el mismo: quienes apuestan por la vida deben ser capaces de mostrar con su testimonio personal que la vida merece la pena, para que puedan aprender quienes no se atreven a apostar por rechazar el aborto. Por eso las leyes que establecen mecanismos para favorecer la apuesta por la vida –como sucede con el anteproyecto Gallardón– son un buen paso en la dirección correcta, por pequeño que sea ese paso.

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12Comentarios
Juán L. Sevilla
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Tomás de Aquino
Siguiendo con Tomás de Aquino, también dice:"Cuando haya que elegir entre dos extremos sobre cada uno de los cuales amenaza peligro,debe elegirse evidentemente, aquél del que se siga un mal menor" (Regimene Principum I-5) Por eso, cómo el Partido Popular no estaba forzado a elegir, por tener una mayoría absoluta en ambas cámaras, y por tanto mayor incluso que la que tuvo Zapatero para aprobar su Ley, podemos decir tranquilamente que la Ley de Gallardón,no es un mal menor,y puesto que pudiendo haberlo evitado, permite seguir matando,  no un paso en buena dirección. Matar va siempre en mala dirección. En sus manos, y sólo en las suyas, estaba derogar este crimen. Y no lo ha hecho. Mal absolutamente mayor, e inadmisible.
gloria maria tomas
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¡Gracias!
A D. Benigno Blanco: por la claridad, la valentía y el rigor de su defensa de la vida  ¡siempre! y claramente en este artículo
gloria maria tomas
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¡Gracias!
A D. Benigno Blanco: por la claridad, la valentía y el rigor de su defensa de la vida  ¡siempre! y claramente en este artículo
Juán L. Sevilla
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Tomas de Aquino (2)
Y entre que se aprueba este Proyecto , y una Ley de aborto cero, que pueden pasar años, mueren al día 311 niños. Pero eso lo silenciamos. Y todo ello con el aplauso de quienes hablan de sí a la vida y llaman maximalistas  a quienes defienden TODA vida humana... TODA.   Muy coherente, sí señor. Es decir que ya damos por aceptada la muerte de miles de ñiños. Muy coherente y muy ético, sí señor.
Juán L. Sevilla
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Tomás de Aquino 3
Para quienes no hayan leido en el foro el nº 73 de la Evangelium Vitae, dice textualmente: (...) Cuando no sea posible evitar o brogar totalmente una ley aboortista, un parlamentaria cuya absoluta oposición personal al aborto sea clara y notoria a todos, puede lícitamente ofrecer su apoyo a propuestas encaminadas a limitar los daños de esa ley (..) No me consta ni la total y pública oposición de Gallardón a todo tipo de aborto, ni estamos en situación de imposibilidad de abrogar la Ley anterior. Recordemos que el P.P., tiene una mayoría absoluta en ambas cámaras. Zapatero aprobo su Ley con mayoría minoritaria, en el Congreso de los Diputados. No falta apoyo parlamentario. Falta voluntad real. Y es que el lobby gay, también cuenta.
Pablo Berenguer O`Shea
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¿Va a cambiar algo, o no?
La pregunta justa es si el proyecto, tal y como es (y tal y como quedará al final), supone, o no, una mejora. No se suele dar razón de ello, mirando los hechos. Ej. si la facultad real de abortar y el número de abortos fueran a seguir siendo iguales (ojalá no, pero parece que se asume implícitamente si continúa el "supuesto psicológico"), ¿por qué es una mejora un cambio "conceptual" en la ley?, explíquese por favor, no es evidente. Fue la ley del 85 y su aplicación por los 2 partidos (no la ley Aido), la que generó y consagró la "mentalidad" del aborto como derecho. ¿Qué es una facultad que el ciudadano puede ejercer y exigir al estado y a los demás conforme a la ley? Un derecho. ¿Qué es un aborto de un niño enfermo por el impacto psicológico de su enfermedad en su madre? Un aborto eugenésico. Gracias en todo caso a los que hacen todo lo que pueden.
Vicente A. Morro
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Sobre Santo Tomás de Auino 3
Estimado Juan L.:
Por fin, en esta tercera entrega empieza Vd., aunque no del todo, a tocar tierra, realidad.
Una cosa es tener la mayoría absoluta y otra muy distinta es poder aplicarla. No debería Vd. ignorar la respuesta -muy triste y que algunos hemos criticado hasta la saciedad con todas nuestras fuerzas y escasos medios- de algunos como Monago, Feijoo y otros populares, además de la tibieza de muchos.
He hablado de maximalismo, sí. Con su postura, Schindler o nuestro Sanz Briz hubieran tenido que mirar para otro lado y dejar de salvar vidas, pues no podían salvar a todos los judios de la masacre. Sor Teresa Gallifa, la fundadora de las Siervas de la Pasión -que se dedican a ayudar a mujeres embarazadas y a evitar que aborten con sus casas cuna- decía "en cualquier lugar me metería yo por salvar una vida". Salvar una vida es salvar a la Humanidad entera, como dice el Talmud. Frente a una sociedad acostumbrada al aborto es imposible -IMPOSIBLE, por desgracia- pasar a que no haya ningún aborto (y ya dije en mi anterior comentario que esto en parte es culpa nuestra). Ese es nuestro objetivo y nuestro horizonte, pero no puede Vd. decir, con seriedad y rigor –y en esto no es usted realista-, que estamos en situación de “abrogar la Ley anterior”: ¡si ni siquiera se ha podido hacer una buena ley de educación o derogar el matrimonio homosexual! A menos que queramos violentar el Estado de Derecho –que estoy seguro de que no es su caso- es imposible acabar hoy en día en nuestra sociedad con el aborto, como es imposible acabar con las violaciones, los asesinatos, o las mentiras, es decir con el pecado. Una cosa son las leyes y otra las conciencias, ya lo dijimos. A menos que Vd. considere que habría que prohibir absolutamente el aborto –que es lo que yo deseo-, a cualquier precio y como sea. Entonces, ¿qué haríamos si una mujer aborta? ¿La mandaría Vd. a la cárcel? Pero, además, suponiendo que se pudiera aprobar una ley como Vd. propone, ¿no le preocuparían los abortos clandestinos? Seguirían siendo abortos y eliminando vidas. Repito, el problema no son las leyes sino las conciencias y vivimos en un mundo totalmente alejado de la Verdad y la Justicia, pero ese es el mundo real. Lo que debemos hacer es trabajar para cambiarlo. Y eso se hace dando pasos en la buena dirección, sean grandes o pequeños. Lo otro es maximalismo que lleva al inmovilismo.
Donde empieza Vd. a tocar realidad es cuando cita al lobby gay: es decir, hay muchas presiones en nuestra sociedad y muchos grupos que tienen muchísima más fuerza y presencia social. El feminismo radical, el progresismo sociológico, la ideología de género, el laicismo militante, el ateísmo activo, el homosexualismo político, muchos son los enemigos de la vida, la familia y el matrimonio. No todo está en firmar una ley. Es muy fácil decir lo que hay que hacer, pero no es tan sencillo llevarlo a la práctica.
Para terminar, no me puedo resistir a compartir con Vd. esta reflexión del entonces Cardenal Ratzinger (Iglesia, ecumenismo y política, BAC, Madrid 1987): “Ser sobrios y realizar lo que es posible en vez de exigir con ardor lo imposible ha sido siempre la cosa más difícil; la voz de la razón nunca suena tan fuerte como el grito irracional. El grito que reclama grandes hazañas tiene la vibración del moralismo; limitarse a lo posible parece, en cambio, una renuncia a la pasión moral, tiene el aspecto del pragmatismo de los mezquinos. Sin embargo, la moral política consiste en resistir la seducción de los grandilocuentes con la que se juega con la humanidad, el hombre y sus posibilidades. No es moral el moralismo de la aventura que pretende realizar por sí mismo lo que es de Dios."
Es muy fácil gritar contra Gallardón y contra Rajoy –y yo a veces también lo he hecho, incluso en mis artículos en prensa o en mi blog en esta misma página-, pero eso solo sirve para tranquilizar la propia conciencia, y no para salvar vidas que es de lo que se trata.
Vicente A. Morro
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Algo sí, todo no.
El aborto dejará de ser un derecho, eso es un cambio conceptual radical y evidente. Se exigirá mayor control –y ahí es donde tendremos que estar vigilantes- para que no se produzca fraude de ley como antes. El número de abortos se reducirá, aunque seguro que no tanto como desearíamos. Se sentará un precedente de que el apoyo social al aborto es reversible y no una pendiente continua. Es verdad que Aznar mantuvo la ley del aborto, pero ya llevábamos 10 años de legalización en España, y muchos llevaban más años de adoctrinamiento. Hay que luchar, pero no creo que sea correcto el todo o nada.
Francisco Medina
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De acuerdo con Pablo Berenguer
Totalmente de acuerdo con Pablo.

Escuchemos más al Papa Francisco y dejemos de centrarnos siempre en el debate sobre la defensa de la vida. La vida se vive concretamente y se defiende viviendo y teniendo razones para vivir, para poder contestar a quien nos la pida.

El debate sobre el aborto es una batalla cultural perdida, aunque se apruebe el proyecto de Gallardón (que no es el del Partido Popular).
Juán L. Sevilla
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Tomás de Aquino 4
Buenos días, D. Vicente: en primer lugar, toco tierra desde el principio. Se lo recuerdo porque no vivo en el limbo, sino que coinozco bien nuyestra realidad en temas como el aborto. Cuando quiera me envía una dirección y le pongo al día. Lo que pasa es que, a diferencia de Uds., por una cuestión de miedos o presiones, y de no querer perder votos, como ocurre con el partido en el Gobierno, yo  no acepto ni una sóla muerte humana. Así de claro. En cuanto a la imposibilidad de cambiar las leyes sin cambiar las conciencias es más bien al revés. De nuevo SantoTomás y muchos otros enseñaron el papel educativo de la Ley. Nuestros jóvenes son abortistas porque han nacido en medio de una Legislación permisiva y lo contemplan como algo "normal", por ser legal.
Las políticas liberales tienen eso precisamente: se promueven para solucionar unos pocos casos in extremis y al fial lo que consiguen es que se multipliquen los casos y se instaure en la conciencia su normalida. Recuerde la defensa de la Ley del Divorcio de Fernández Ordóñez en las Cortes: era para solucionar quiebras in extremis de unos pocos supuesto ¿Por donde vamos ya? Con el aborto, igual.La pregunta de si hayb que meter en la carcel auna mujer que aborta, se utiliza - y udas han caído en eso - desde que el feminismo de género quiere que sea ella, la mujer quien tenga el absolutocontrol de la natalidad, uno de los fines principales - así quedó atestiguado en la Cumbre de pekin de 1995 - de manera que fuese intocable si ella hacía lo que quería con otra vida humana. Eso, si Uds. lo admiten, yo no. Lo que es delito tiene que tener supena. Y si hay abortos clandestinos, la Ley debe perseguirlos. Por esa misma regla de tres, el tráfico de drogas peligrosas, por ejemplo, por ser clanestino, habría que liberalizarlo. En cuanto a que la conciencia social no está preparada para una Ley de aboirto cero, está claro que es una excusa más que una constatación bien verificada. ¿Ud. cree que la conciencia social española estaba preparada para ver cómo más de cincuenta asesinos en serie, terroristas, violadores de menores y otros individuos de la misma especie, podían salir de la cárcel tranquilamente sin cumplir sus condenas? Pues ha pasado. Antes de ello Ud. mismo diría que España no lo aceptaría. Y lo han aceptado, sin que ocurra nada absolutamente, porque en realidad la conciencia social está completamente anestesiada en temas de moral. Por cierto, que Hungría ha aprobado una Constitucón recientemente en la que queda muy claro el aborto cero. Y no ha pasado nada. Más valor y menos excusas para este Gobierno. Y sobre todo, recuerde la nota doctrinal de la Congregación para la Doctrina de la Fe de Noviembre de 2003, sobre el compromiso y el comportamiento de los católicos en la vida política. Concretamente en su nº 4 dice literalmente que no se puede apoyar a ningún proigrama que contenga alguna idea contraria a cinco cuestiones INNEGOCIABLES. Entre ellas está el aborto. Comprenderá que entre lo qeu Ud. quiera decir y lo que decían el Cardenal Raztinger - después Benedicto XVI - y San Juán Pablo II en temas de moral, me quedo con esto segundo. Faltaría más. Y por favor, no cite más personas de la Iglesia católica para seguir defendiendo leyes que permiten matar. Es confundir.  Sin más, reciba un saludo.


Juán L. Sevilla
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Tomás de Aquino
Tomás de Aquino 5
Antes de nada pedir disculpas por las erratas en el anterior correo. Y posteriormente, creo que la del aborto no es una batalla cultural perdida. Hay mucho trabajo por delante, pero no está perdida. Para aclarar el tema un poco más, creo que la clave es formularse tres preguntas, a saber:
1) En el seno materno ¿hay un ser humano?
2) ¿Todo ser humano tiene derecho a la vida?
3) Si todo ser humano tiene derecho a la vida, ¿cómo legitimar la muerte de un inocente a manos de otro?
Esto de "¡¡Nunca se puede legitimar la muerte de un inocente, nunca!!" se lo escuché de viva voz a "alguien" ya hace muchos años en el Bernabeu. ¿Les suena?
Gracias

Pablo Berenguer O`Shea
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¿qué y por qué cambia?
Creo que sí es bueno que en política se de la "batalla" por unas leyes, en lo posible, más justas (para eso está la política), sabiendo que no se juega todo ni lo primero ahí.
Sobre la ley sigo preguntando (p.ej. a Vicente) qué cambia y por qué. No es evidente por sí mismo (como parece suponerse por quienes nos presentan la ley ahorrándose a menudo dar razones basadas en hechos) que el no llamar "derecho" o "aborto eugenésico" a lo que sí se reconoce y regula como tal cambie de verdad algo en número de abortos ni, con ello, en "mentalidad". Si p.ej. una mujer puede ejercer la facultad de abortar un niño enfermo por el impacto psicológico en ella y el Estado lo regula y ampara, esa mujer obviamente está actuando (con razón) con pefecta conciencia de ejercer un "derecho" legalmente consagrado a un "aborto eugenésico", lo llamen como lo llamen los gobernantes y "juristas". Esa "mentalidad" es exactamente la que generó y consagro la ley del 85 y su idéntica aplicación a todos los niveles de poder por psoe y pp (el poder del pp no empieza ni se limta al gobierno Aznar). No entiendo por qué hacer lo mismo ("conceptualmente" y en contenido real) ahora va a generar efectos contrarios que antes. Ojalá, pero no consigo verlo.

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