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8 DICIEMBRE 2016
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La tentación del anticomunismo

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Es una trampa. Y en las trampas conviene no caer porque se tarda mucho en salir de ellas y siempre acabas haciéndote daño. Desde las elecciones del pasado mes de mayo, España está conmocionada por el éxito de Podemos como Francia lo está por el ascenso del Frente Nacional.

Cada palabra que pronuncia Pablo Iglesias, el líder de la nueva formación española que ha conseguido 1.250.000 votantes, es estudiada con detenimiento y respondida con prontitud. Podemos es un partido comunista. Aunque no lo diga expresamente. Por eso reivindica el control de los medios de comunicación, la influencia de la revolución venezolana y la nacionalización de ciertos medios de producción. Sus votantes no son marxistas y menos aún estalinistas, son simplemente gente descontenta. Pero el comunismo ha vuelto a hacer lo que hizo Lenin cuando salió de Suiza en un tren sellado: aprovechar la insatisfacción.

El caso del Frente Nacional francés no está tan claro, al menos si seguimos el análisis de Finkielkraut (ABC 14-07-2014). “Personalmente –aseguraba hace unos días–, jamás hubiera votado a un partido que se presenta como anticorrupción y antisistema y que erige en modelo político a un autócrata como Vladimir Putin. No me gusta el Frente Nacional, pero no creo que sea un partido fascista. Deploro su éxito, pero me abstengo de insultar a sus electores”.

La tentación no es solo insultar a los electores del Frente Nacional o de Podemos sino volver a caer en la polarización antifascista o anticomunista. Algunos ya dedican muchas energías a señalar las pulsiones totalitarias del partido de Pablo Iglesias. La vieja izquierda socialdemócrata se siente atraída por el que cree aire fresco del nuevo comunismo y el centro-derecha, huérfano de ideas, teje con la crítica a los recién llegados un mensaje que parece solido.

Entretanto, la gente, que aspira a un cambio real, vuelve a ser olvidada. Finkielkraut lo decía también con rotundidad: “Me gustaría que las preguntas ¿quiénes somos? y ¿quiénes queremos ser o seguir siendo? sean planteadas por todos. El tiempo de las acusaciones, de las denuncias, el tiempo del antifascismo ha quedado atrás”.

El pensador francés se expresaba hace unos días en los mismos términos en los que lo hacía Del Noce en 1945: “el postfacismo no debe ser un fascismo en sentido contrario (antifascismo) sino lo contrario del fascismo”. Donde se lee antisfascismo, fascismo y postfacismo se puede leer anticomunismo, comunismo y postcomunismo.

La polarización entre el antifascismo y anticomunismo ha sido especialmente dañina en la reciente historia española. Franco instrumentalizó el anticomunismo para prolongar y justificar durante décadas una dictadura levantada sobre la represión. Zapatero se inventó de la nada un antifascismo que usaba sin pudor a los muertos de la Guerra Civil. El anterior presidente del Gobierno necesitaba de ese antifascismo y del anticlericalismo para justificar su proyecto. Por eso era torpe responderle con un clericalismo que no buscara la transversalidad. La mejor respuesta a Zapatero fue la memoria de que España supo hacer una transición a la democracia que superó la polarización.

Pero vayamos, aunque sea solo un momento, a lo que hay detrás de las palabras. ¿Cuál es la trampa del anticomunismo? El comunismo es probablemente la penúltima expresión del pensamiento maniqueo. Y por eso entiende que en el mundo el bien y el mal están al mismo nivel, la dialéctica entre uno y otro es positiva. De hecho, a la violencia le asigna un papel histórico decisivo para alumbrar una nueva era. Dejarse llevar por este engaño es situarse en el polo que la dialéctica te asigna, asumiendo el papel de fuerza contraria (reaccionaria). El comunismo siempre necesitará de anticomunistas. A Podemos le conviene que haya “demócratas encendidos” que acepten su juego.

Vencer el maniqueísmo no es fácil. Las simplificaciones son más cómodas, aunque no suelen ser muy constructivas. La experiencia cristiana, que puede ayudar mucho en esta encrucijada, siempre ha sido clara: no hay nada que sea necesariamente malo. La razón, también la razón política, puede adentrarse en la complejidad. Para distinguir votantes de proyectos, el anhelo justo de un cambio de la utopía que se vuelve violenta, realismo de justificación mentirosa... la lista es larga.

No queremos frentes, queremos comprender cómo construir una vida común mejor. También Podemos puede ayudarnos a hacerlo si no caemos en su dialéctica. La pregunta planteada por Finkielkraut –¿quiénes somos?– es la decisiva.

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3Comentarios
Bernardo Moncada Cárdenas
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Profesor
Justísimo. Una cosa es responder, accionando, y otra reaccionar. También acá en Venezuela hará mejor partir de quiénes somos, qué queremos ,en lugar de qué tememos u odiamos, no?
Carlos Domingo
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Este es un artículo errado o peor aún, manipulador
La organización PODEMOS, liderada por Pablo Iglesias, no es comunista y no es siquiera socialista. Los personeros del poder financiero español, y sus amos, los grandes del capital financiero anglonorteamericano, pueden estar y de hecho están tranquilos con Pablo Iglesias. PODEMOS ha logrado el objetivo que quería la oligarquía española y occidental en general: desviar la atención de las masas con un discurso que parece popular y hasta socialista, y en realidad no plantea los cambios profundos que necesita una sociedad para dejar de ser expoliada por los parásitos multimillonarios. PODEMOS no solamente NO ES COMUNISTA, sino que es francamente ANTICOMUNISTA, pues divide a la izquierda y fortalece al capital financiero y a parásitos ancestrales, como la realeza española. PODEMOS no habla para nada de desbancar del poder económico real a los banqueros y en general al capital financiero en España. Pablo Iglesias es un hombre con la mente ágil que sabe nadar entre dos aguas, en careos improductivos que nunca llegan al fondo de las cuestiones, y se queda siempre en la superficial lucha pseudo-parlamentaria de las Cortes españolas, hace mucho tiempo alejadas de las necesidades del pueblo español, tanto materiales como espirituales. Otra cosa, España nunca ha superado la polarización fascismo-izquierdas, porque la supuesta "transición", nunca lo fue en cuanto a los principales actores económicos. Es cierto que la Iglesia Católica dejó de ser todopoderosa en el sistema educativo, pero sigue siendo un actor económico principal y su influencia en la España actual es todavía decisiva, mientras en otras naciones capitalistas, incluso imperialistas, la iglesia no tiene ni remotamente ese poder. La supuesta transición fue simplemente poner un maquillaje falsamente democrático al mismo régimen oligárquico, en el que los fascistas siguen siendo los que detentan el poder de decisión en las cuestiones principales. Una "democracia representativa" de las élites, en la que hacen falta millones para poder acceder al poder, nunca será una verdadera democracia y mucho menos participativa. El nombre real de eso es PLUTOCRACIA, o sea, el poder del dinero, y sus personeros, la oligarquía financiera. Otra falacia del artículo es el uso de la palabra violencia como la fórmula que da el comunismo para alumbrar una nueva era. La falacia consiste en que el comunismo no habla de VIOLENCIA, sino de LUCHA DE CLASES, que no es necesariamente VIOLENCIA. Lo que sucede es que cuando los pueblos y sus líderes naturales toman las riendas, las oligarquías luchan con uñas y dientes para no perder sus privilegios que las sitúan por encima de quienes producen las riquezas que ellos acumulan sin doblar el lomo trabajando. Y en esa lucha, son quienes primero ponen la violencia, incluso de manera extrema y sin haber precedentes. Nada más hace falta recordar a la Comuna de París para ver cómo fue la contraofensiva de los burgueses de Versalles contra el pueblo francés, y no sólo el parisino. Lo que el Comunismo aprendió de las lecciones históricas, es que a la oligarquía, para desempoderarla, hay que quebrarla COMO CLASE, y eso no significa necesariamente VIOLENCIA FÍSICA, sino DESEMPODERAMIENTO EFECTIVO, y es la oligarquía, históricamente, la que comienza el terror contra las revoluciones. Reto a cualquier articulista o lector a una enumeración histórica sobre este asunto. Saludos.
Carlos Domingo
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Otra falacia del artículo
Cuando el autor (o la autora) de este artículo escribe: "Donde se lee antisfascismo, fascismo y postfacismo se puede leer anticomunismo, comunismo y postcomunismo", está haciendo lo mismo que ha hecho la propaganda imperialista postmoderna igualando a dos enemigos irreconciliables para presentar al comunismo como un paralelo o un igual del fascismo. La realidad histórica y política de la actualidad es totalmente otra e incluso transversalmente opuesta, si tal expresión da una idea. El fascismo fue precisamente el mecanismo que encontraron las oligarquías occidentales para combatir el reflujo, el ascenso enorme que tuvo la izquierda en los años 20 y 30 con el triunfo de la Revolución de Octubre en Rusia y del Ejército Rojo en la Guerra Civil y contra la intervención extranjera de 14 naciones imperialistas o sus satélites contra la Rusia soviética en 1918. El fascismo fue instrumentado para aplastar a la izquierda y a su vanguardia revolucionaria, los comunistas, y para eso fue generosamente financiado por esos mismos que ahora lo pretenden igualar al comunismo. Mussolini, Hitler y Franco fueron financiados, armados y aupados por los mismos capitalistas financieros que hoy dirigen las más grandes transnacionales, o mejor dicho, por los "monarcas" dinásticos de esas familias financieras, entiéndase los Rockefeller, Rotschild, Morgan, Sloan y unas cuantas más, y super transnacionales como las famosas siete hermanas del petróleo y toda la multitud de falsos bancos independientes que forman todos parte del mismo conglomerado financiero en el que están también el Complejo Militar Industrial estadounidense y las supercompañías como la General Motors, la Coca Cola, Walmart, Dollarama y todas esas multinacionales que han expoliado, destruido y asesinado a millones de personas en el mundo entero. El fascismo hitleriano fue financiado por esas casas financieras y compañías como la Ford, la General Motors y muchas otras que hoy son los grandes emporios financieros yanquis lo alimentaron bien para que mordiera a la naciente y creciente potencia soviética. Lo que pasó es que el perro les mordió la mano y se tragó a la Europa continental. Pero las oligarquías estuvieron a favor de eso. Al fin y al cabo, Pétain y Daladier preferían las divisiones de la Wehrmacht en París que un triunfo del PCF en las urnas. Por eso encarcelaron a miles de diputados y concejales comunistas franceses antes incluso de que comenzaran los truenos de la guerra con la agresión a Checoslovaquia, después de la infame y cobarde conjura muniquense. No, el fascismo y el comunismo no solo no son sinónimos, ni se parecen. Son precisamente opuestos, enemigos irreconciliables, y los mecanismos actuales hegemónicos de la oligarquía financiera mundial, son también mecanismos fascistas, como lo son la agresión militar a Iraq, la destrucción de Libia, la fragmentación de Yugoslavia hace ya unos años, la guerra económica y financiera contra Venezuela y un bloqueo genocida y una guerra económica permanente contra la Cuba revolucionaria. El fascismo es igual al capitalismo, o mejor dicho, es el instrumento más eficaz, más cruel, más genocida e implacable del capitalismo para conservar su status quo de dominación de tantos miles de millones de personas por un grupito de familias asesinas que no dudan en exterminar millones para controlar los recursos estratégicos del planeta. Saludos.

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