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4 DICIEMBRE 2016
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Genocidio de cristianos en Mosul

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«Este es un nuevo genocidio; nuestra denuncia debe ser fuerte». El dramático llamamiento es de monseñor Amel Nona, arzobispo caldeo de Mosul, la ciudad de la que están huyendo miles de cristianos después de la nueva oleada de persecución desatada por los yihadistas del Estado Islámico. A pocas horas de que comience la represión anunciada, se reunió en Ankawa, a pocos kilómetros más allá de la frontera con el Kurdistán iraquí, con otros líderes religiosos cristianos del centro y del norte de Iraq: Bashar Matiwardah, arzobispo de Erbil, y Nichodemus Daoud Matti Sharaf, de la Iglesia ortodoxa de Mosul, Kirkuk y Kurdistán. El objetivo fue el de unir sus fuerzas para demostrar al mundo lo que está sucediendo en la región, «el enésimo episodio de la persecución de los cristianos que prosigue desde 1913».

«Las cosas –explicó– precipitaron el viernes; comenzamos a recibir una enorme cantidad de llamadas desde Mosul y alrededores de personas que pedían ayuda y consejo: la policía islámica y el Isil habían puesto en marcha una cacería de cristianos y, al interceptarlos, les ofrecían dos opciones: huir o morir». El religioso narra además que los yihadistas hicieron irrupción en las casas y se llevaron todo lo que encontraron: pasaportes, documentos, dinero, joyas y celulares. «Cientos de familias fueron despojadas de todos sus bienes antes de ser expulsadas de la ciudad; otros fueron golpeados en el “check-point” de los islamistas mientras estaban huyendo».

En cuanto al signo escrito en la puerta de las casas de los cristianos (“Nazrainy”) para identificarlos con desprecio, el religioso indicó: «Es por ello que es un nuevo genocidio». El primer paso es denunciar al mundo lo que está sucediendo y después proceder inmediatamente para ayudar a los desplazados. El primer grupo es de alrededor de 2500 personas. «Ya hemos acogido a unas 50 familias en una de nuestras Iglesias de Al Qosh», cerca de Tall Kayf, la llamada “tierra de frontera”, esa línea de fuego en la que la distancia entre el último “check point” Peshmerga y el primero del Estado Islámico es de solo un kilómetro. Desde allí huyen los cristianos gracias a los corredores de seguridad creados por los “Guerreros que ven la muerte” y Unicef.

Marzio Babile, responsable de Unicef en Iraq, quiso reunirse con Nona, «para coordinar las operaciones de primeros auxilios y poner a salvo a los perseguidos». Babile explica que hoy podrían llegar 900 desplazados a Ankawa, ciudad al norte de Erbil. «La tragedia dentro de la tragedia», prosigue el arzobispo de Mosul. «El 4 de junio fui a celebrar misa a una parroquia fuera de Mosul; al día siguiente traté de volver a la ciudad, pero se desencadenó lo que hemos visto». Y que no ha acabado. Desde entonces, Nona no ha vuelto a Mosul y ayuda a sus compatriotas desde afuera, recibiéndolos: «Entonces les dije que lo peor estaba todavía por venir. Y es así».

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