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4 DICIEMBRE 2016
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Como Jonás, saldremos vivos de la ballena

José Luis Restán | 1 comentarios valoración: 3  60 votos
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Philippe Barbarin, el cardenal que llegaba en bicicleta a las Congregaciones previas al Cónclave que eligió a Jorge Bergoglio, ha tomado esta vez un avión y se ha plantado en Erbil, la capital del Kurdistán iraquí, convertida en centro neurálgico para los líderes cristianos de Iraq. El arzobispo de Lyon, Primado de las Galias, ha llevado así su solidaridad al corazón sufriente de la cristiandad, al que se había dirigido dramáticamente Francisco con estas palabras: “queridos hermanos y hermanas que sois perseguidos, sé cuánto sufrís, sé que estáis despojados de todo. Estoy con vosotros en la fe en Aquél que ha vencido el mal”.

En los territorios defendidos por los peshmergas kurdos se asientan miles de familias cristianas, llegadas especialmente desde Mosul tras la entrada de los milicianos del ISIL, Ejército Islámico de Iraq y el Levante, que han constituido una suerte de grotesco Califato islámico al que llaman a adherirse a todos los musulmanes del mundo. Grotesco y con muy escasas posibilidades de asentarse y pervivir, pero con una eficacia contundente a la hora de sembrar el terror entre quienes no se someten. En pocas semanas ha comenzado en Mosul (la antigua Nínive) una auténtica limpieza de cristianos, pero también de chiíes y de sunníes que no aceptaban las imposiciones del ISIL. Por lo que se refiere a los cristianos, se les ha dado a elegir entre convertirse al Islam o pagar la jizya, un impuesto para que los infieles puedan vivir en territorio del Califato. De lo contrario debían abandonar la ciudad y sus propias casas llevando tan sólo lo puesto. Después han declarado que las casas de los cristianos son propiedad del Estado islámico y las han marcado con la letra "N", indicación del término despectivo "nazareno".

En una dramática carta dirigida a sus fieles y a toda la sociedad iraquí, el Patriarca caldeo Louis Raphael Sako ha denunciado que estos actos deberían ofenden a los propios musulmanes, ya que el Corán sostiene la libertad de cada persona para profesar la religión que decida y prohíbe la coacción en materia de fe. Mar Sako ha recordado, casi entre lágrimas, que “durante mil cuatrocientos años los cristianos han compartido con los musulmanes recuerdos felices y amargos, han mezclado la sangre para la defensa de los propios derechos y de las propias tierras, han construido juntos ciudades, una civilización y una heredad común”. Y ha señalado sin medias tintas que es una vergüenza que ahora los cristianos sean echados, expulsados y limitados en sus propias vidas, y que estos hechos tendrán consecuencias desastrosas para todos, para los propios musulmanes y para la propia existencia de Iraq.

De hecho el país está ya partido en tres: el Kurdistán, única zona estable que acaricia el viejo sueño de la independencia, la zona controlada por los sunníes y el sur chií. Frente a la idea de sus antecesores, Sako ha cultivado entre los caldeos un concepto abierto de ciudadanía, rechazando las tendencias al gueto y convirtiéndose en muñidor de diálogos y alianzas con todas las comunidades. Pero ahora el furor del ISIL amenaza con anegar en sangre y oscuridad todo ese esfuerzo.      

En la catedral de San José, en Erbil, repleta de fieles, Mar Sako ha tronado con su claridad de siempre, para denunciar el horror y sostener la esperanza baqueteada de su pueblo: "Nuestra fe permanecerá firme a pesar de todos los sacrificios y nuestra esperanza se mantiene fuerte”, ha dicho al agradecer al cardenal Barbarin su presencia. También transmitió de parte del Papa Francisco el deseo de que se mantenga el vínculo de los cristianos con esa tierra, “en la que está escrita nuestra historia, larga y profunda”.

Mar Sako es un hombre de cuerpo pequeño pero de gran sentido práctico y enérgico liderazgo, incluso en los pequeños detalles. Por eso ha pedido a los cristianos  que mantengan el raciocinio y la perspicacia, que calculen bien sus propias opciones y traten de comprender lo que está en juego en la región, que vayan adelante con amor y solidaridad para construir una verdadera confianza entre ellos mismos y con los vecinos, que procuren reunirse cerca de sus iglesias, que sean pacientes, soporten y recen hasta que la tempestad haya pasado. “El hombre fue creado libre y no debe ser esclavo de nadie… los cristianos son verdaderos ciudadanos, al igual que sus hermanos musulmanes, y nadie tiene derecho sobre ellos. Con su apertura de mente y su participación en las instituciones, han dado mucho a Iraq y los musulmanes. Os invito a ser fuertes, a pesar de todo el sufrimiento… Jonás fue tragado por una ballena, pero salió sano y salvo. Como él, Mosul saldrá sana y salva de esta guerra". A su lado el cardenal Barbarin se mostraba emocionado. Con él estábamos todos en Erbil.

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1Comentario
Sar
|
Gracias
Gracias por arrojar luz sobre lo que ocurre en Iraq. La mayoria de nosotros no comprendemos las noticias del resto de medios, xq no entendemos el origen. Gracias por aclararnos.

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