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26 FEBRERO 2017
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La necesaria tercera fuerza

Fernando de Haro | 1 comentarios valoración: 3  43 votos
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La manifestación en forma de V de los independentistas este jueves en la Diada de Cataluña muestra hasta qué punto es necesaria una tercera fuerza política que crea en la Constitución y que pueda servir de bisagra. Se puede creer en la Carta Magna del 78 no para blandirla como un texto cerrado, sino como un instrumento con el que ofrecer soluciones, también a aquellos catalanes que quieren una consulta pero dentro de la legalidad (son muchos).

Esa tercera fuerza, dada la caída del PP, sería conveniente en Cataluña pero también en el resto de España. Los populares, cuatro meses después de las elecciones europeas, parece que siguen sin hacer el diagnóstico adecuado de lo que ha sucedido. Piensan que la bajada de impuestos del próximo año y la reactivación (ya veremos qué ocurre si Europa no tira) serán suficientes para recuperar a sus votantes. Es una terrible simplificación, como tantas otras. No parecen darse cuenta de que estamos ante un fin de ciclo, ante el fin del modelo creado en la transición. Es lo que en un libro publicado en 2013 Moises Naim llamaba, de forma profética, “el fin del poder”. La tendencia que sacude a todo el mundo ha llegado a Europa y a España: la distancia entre los partidos clásicos y la gente aumenta, se cuestiona su capacidad de representatividad. Pero ni el PP ni el PSOE, enfrascado este último todavía en su crisis interna, parecen haberse dado cuenta de que la fórmula que se creó en el 78, con partidos fuertes, toca a su fin. Y nadie habla de revisar las listas cerradas (de asomarse al modelo alemán) o de hacer una reforma desde dentro para que las instituciones recobren prestigio y no sean puestas en duda por su partitocracia. Todo lo que ha hecho el PP ha sido hablar de la elección directa de alcalde, propuesta que ha quedado bajo la sospecha de ser una maniobra para mejorar los resultados de las elecciones municipales.

Como decía con sentido común Finkielkraut, no se puede criminalizar a la gente que vota Frente Nacional en Francia. Ni a los que votan Podemos en España. Quieren algo, nuevo, diferente.

Es muy probable que la crisis del bipartidismo haya venido para quedarse y una tercera fuerza, que permita gobernar a la derecha y hacerlo también a la izquierda sin necesidad de echarse en manos del nacionalismo y de los radicales, es una buena solución para no sucumbir a la inestabilidad.

Algunas voces han señalado con inteligencia que esa tercera fuerza podría surgir de la unión de UPyD y Ciudadanos. Lo sucedido en el partido magenta el pasado fin de semana, su rechazo encubierto a la propuesta de Sosa Wagner, retrasa esa posibilidad. Quizás en UPyD todavía pesa demasiado el personalismo. Pero a los “ciudadanos” se les ve abiertos.

Sin duda UPyD plantea algunos problemas programáticos serios. Es un partido estatalista, laicista y defensor de los nuevos derechos. El estatalismo, por desgracia en España, es un mal de la derecha y de la izquierda. Y los nuevos derechos exigen ciertamente un debate laico en profundidad. Un debate que el PP no ha querido impulsar. Es inútil descalificarlos sin más. Hay que suscitar un diálogo sereno sobre lo que nos aportan y lo que nos quitan. Todo derecho tiene un coste y la sociedad debe saberlo. Y sobre todo hay que vigilar para que no nos nieguen la libertad. La política en España, como en todo el mundo, sirve fundamentalmente para tutelar espacios de libertad. En eso consiste la laicidad, la laicidad positiva.

Sin una tercera fuerza los espacios de libertad pueden estar en peligro. Quizás el gallego lo sabe y por eso se ha dado tanta prisa en recibir a Rosa Díez en Moncloa, a la vuelta de vacaciones. Rosa Díez estaba encantada con la foto.

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1Comentario
Sandra Gómez
|
¿Más de lo mismo?
A la vista de este artículo, vuelvo a constatar preocupada la falta de información de esta revista o el desconocimiento o la mala fe del autor.

No diga, por favor, que “nadie habla de revisar las listas cerradas (de asomarse al modelo alemán) o de hacer una reforma desde dentro…”. Eso es, debería saberlo, sencillamente falso. O bien, lo sabe, Sr. De Haro y lo oculta interesadamente. No sé por qué me da el pálpito que es lo segundo. Y le voy a decir por qué lo pienso.

Sabe Ud. que lo que dice no es verdad. Y lo sabe porque aunque una no comparta su opinión la mayoría de las veces, eso no quita que parezca que suele Ud. leer la prensa. Debería saber de qué habla. Y si es así, no puede desconocer el discurso reformista de ciertos partidos desde hace ya años (estará o no de acuerdo con ellos, que ya vemos que no, pero no niegue la evidencia, por favor). No le pido, si quiere, que esté a la última, es decir, que se haya enterado de que el Grupo Parlamentario de UPyD tiene fechada el 9 de septiembre en el Congreso una Proposición de Ley relativa a la reforma de la de régimen electoral general y garantizar mayor proporcionalidad (en la que, oh casualidad, se habla de las listas cerradas). ¡Pero si me he enterado hasta yo que ni me va ni me viene la política y estoy todo el día entre lavadoras y mocos (con perdón)!
Y le cito solo este grupo porque lleva años dando la lata con la reforma de esa ley injusta y porque lo cita un par de veces en su artículo (el otro que cita, Ciudadanos, no tiene una proposición igual).

Y si no lo desconoce, me temo que la única respuesta es que deliberadamente lo quiera ocultar (no quiero pensar que miente). ¿Y por qué? se pregunta una inocentemente. Le animo a que me conteste. Pero una, que es un poco mal pensada, le ve asomar el plumero cuando alude a “problemas programáticos” de UPyD tales como el “estatalismo, laicismo y la defensa de nuevos derechos” (nunca había leído esto de que fuera un problema defender un derecho, perdone mi ignorancia). Y no lo entiendo muy bien, la verdad (salvo que haya por ahí alguna obsesión inconfesable).
A ver… dice Ud. que el “estatalismo” es “un mal de la derecha y de la izquierda” en España (¿es decir, del bipartidismo que se acaba?) Entonces es un “problema programático” para UPYD ¿y está bien en los que gobiernan o también es un problema de ellos?.
Lo de “laicista” me imagino que lo dice por separar al Estado de una confesión religiosa, es decir, lo propio del “laico”, pero ¿me quiere decir que lo adecuado es lo contrario? ¿Es decir, que se mezcle todo y que nos gobiernen los religiosos o que los políticos se metan en las sacristías?
Pero lo mejor es lo de los “nuevos derechos” que exigen un “debate en profundidad”, debate que ha de ser… “laico”. ¿En qué quedamos?: es el laicismo un “problema programático” o es la actitud necesaria para una discusión sobre los “nuevos derechos”.

Y hay más. Le confieso que me deja patidifusa con algunas cosas que dice: por supuesto que todo derecho tiene un coste: conseguir el derecho de las minorías marginadas históricamente (negros, mujeres, homosexuales) ha tenido un coste enorme y en muchísimos casos estamos lejísimos de que sean plenos aunque hay que valorar lo que mucha gente ha hecho para que estemos donde estamos (más que yo, sin duda, y quizás más que Ud). Pero ponerlo en contraposición con “vigilar para que no nos nieguen la libertad” me ha sonado, perdóneme no quiero ofenderle, de lo más antisocial, retrógrado y egoísta que he oído desde hace mucho:  me ha sonado a “ojito que conseguir derechos para quienes no los tengáis os va a costar mucho, que lo sepas, sociedad, pero a mí, mi libertad no me la toques…” Hombre pues qué quiere que le diga… Si lo que Ud. llama “libertad” impide la igualdad y el desarrollo de las personas con sus derechos, no es libertad ni se le parece.

Para otro día, si quiere lo del “personalismo” de UPyD y la “apertura” de Ciudadanos, que también tiene gracia.

Un saludo

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