Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
7 DICIEMBRE 2016
Búsqueda en los contenidos de la web

Víctor Manuel, 50 años en 40 canciones

Félix Caballero | 0 comentarios valoración: 3  59 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 3  59 votos

Víctor Manuel está de aniversario; más aún, de bodas de oro. Lleva 50 años casado con la música y lo ha celebrado en Oviedo, muy cerca de su Mieres natal, con dos conciertos ya históricos en los que se ha regalado y ha regalado a su público la compañía de lo mejor de la música española de las últimas décadas: Ana Belén, Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Miguel Poveda… Nosotros nos hemos sumado a la celebración escogiendo 40 de sus canciones, tarea nada fácil pero muy gratificante.

Víctor Manuel forma parte, por derecho propio, de la santa triada de los cantautores españoles, junto a Joan Manuel Serrat y Luis Eduardo Aute, sin que nos atrevamos a ordenarlos, más allá de asignar el primer puesto a Serrat, al fin y al cabo nuestro Bob Dylan. También está Joaquín Sabina, pero por edad y estilo es otra cosa. El de Mieres es uno de los pocos cantantes españoles a los que les basta con su nombre de pila como tarjeta de presentación. Son muy pocos: Raphael y, tal vez, alguno más.

El intérprete y compositor asturiano celebró estas bodas de oro el 12 y el 13 de septiembre con dos conciertos en Oviedo durante las fiestas de San Mateo, titulados genéricamente 50 años no es nada y que se recogerán pronto en un CD y un DVD homónimos. El público agotó las entradas en cuanto se pusieron a la venta y es que la ocasión no era para menos, porque el cantante se hizo acompañar por lo mejor de la música española de los últimos tiempos –Ana Belén (también estuvieron sus hijos, David y Marina), Joan Manuel Serrat, Miguel Ríos, Pablo Milanés, Luis Eduardo Aute, Miguel Poveda, Estopa, Rosendo, Pedro Guerra, Soledad Giménez, El gran Wyoming, Ismael Serrano…–, además de por los más grandes representantes de la música asturiana, como Nuberu –grupo con el que en 1978 grabó Aida la fuente, sobre la mítica militante comunista asturiana muerta durante la represión militar del levantamiento revolucionario de 1934–, Hevia o Marisa Valle Roso.

Hijo de ferroviario y con un abuelo fusilado en la Guerra Civil, Víctor Manuel San José Sánchez nació en Mieres el 7 de julio de 1947. Tras trasladarse a Madrid en 1964, siendo todavía un adolescente, para estudiar canto y piano, alcanzó pronto notoriedad con canciones protesta en las que manifestaba sin tapujos su ideología socialista –fue militante del PCE hasta 1982–, superada ya la inconsciencia adolescente que le llevó a ensalzar a Franco en Ese gran hombre.

Esos temas le dieron popularidad, pero también levantaron las iras del régimen y sus cachorros fascistas. En 1968 le arrebataron el triunfo conquistado en el Festival del Atlántico con El cobarde, después de que las autoridades forzaran una nueva votación irritadas por el tono antimilitarista del tema. En 1969 fue descartado por La planta 14 para representar a España en Eurovisión y vetado en TVE hasta el 30 de enero de 1975. A finales de 1972, tras estrenar con Ana Belén en Ciudad de México la comedia Ravos, escrita por él mismo y censurada en España, el Ministerio de Información del Gobierno español orquestó contra ellos una campaña de difamación acusándolos de ultrajar una bandera española, por lo que tuvieron que pasar seis meses exiliados. En 1976, tras haber recibido varios anónimos, un grupo de extrema derecha hizo estallar una bomba en su casa de Torrelodones (Madrid). Afortunadamente, la pareja estaba en Cuba y no hubo que lamentar daños personales. A Víctor Manuel y Ana Belén cierta España no les perdonó nunca ser comunistas y triunfadores.

La carrera del asturiano dio un salto cualitativo en 1979, cuando volvió al primer plano musical y logró un gran éxito de ventas con el disco Soy un corazón tendido al sol, donde, sin dejar los temas políticos, demostraba ser un autor capaz de avanzar y de cantar a su tierra, al amor y a otras muchos asuntos. Con este álbum y, sobre todo, con esta canción, renació a los 32 años y recibió varios premios revelación, lo que no dejaba de ser curioso puesto que ya había conseguido varios números 1 durante toda la década. El disco incluía Solo pienso en ti, para muchos su obra maestra, basada en la relación entre dos jóvenes discapacitados psíquicos, que subió a lo más alto de la listas de éxitos.

El CD y el DVD 50 años no es nada permitirá a su público reencontrarse una vez más con lo más granado de la obra del asturiano, que ya había sido posible recorrer con el cancionero y el disco sinfónico Vivir para cantarlo (2007) y la gira del mismo nombre que, a partir de febrero de 2009, le llevó por toda España y Latinoamérica, permitiéndole repasar toda su carrera y explicar los sentimientos y pensamientos que le produce cada canción.

Es muy difícil escoger un número reducido de canciones entre las cientos que ha grabado en estas cinco décadas, aunque él lo haya hecho para sus dos conciertos de Oviedo. Nosotros, por nuestra parte, hemos seleccionado 40. No son necesariamente los mejores, pero sí grandes canciones y suficientemente representativas. Las hemos clasificado en cuatro grandes grupos temáticos: Asturias, el amor, la canción protesta y las crónicas de la vida (la familia, la droga, la homosexualidad, la violencia contra las mujeres, la memoria histórica, la guerra de Iraq, la catástrofe del Prestige, el 11-S…), aunque muchas de ellas podrían ser colocadas a la vez en dos o tres grupos, o tal vez en los cuatro. La planta 14, por ejemplo, es un tema de ambiente asturiano, pero también una canción protesta y una gran crónica.

Asturias

Asturias (1976). Himno oficioso de la región, aunque, curiosamente, no fue compuesta por él. Se trata de un poema que el salmantino Pedro Garfias (1901-1967) escribió en la Guerra Civil. Víctor lo descubrió en México, donde el poeta acababa de morir. “Asturias si yo pudiera, si yo supiera cantarte”. Por supuesto que Víctor ha sabido cantarle, y muy bien, a esta “hija de su misma madre”.

La romería. Tema costumbrista y alegre donde los haya que describe una típica romería asturiana. “Y la gente por el prado / no dejará de bailar / mientras se escuche una gaita / o haya sidra en el lagar”.

El abuelo Vítor. Dedicado a su propio abuelo, que moriría poco después. Uno de los cantos a la vejez más conmovedores del pop español. Un tema autobiográfico lleno de cariño y con un punto de protesta (“El abuelo fue picador allá en la mina / y picando negro carbón quemó su vida”). Y esa María que le esconde su tabaco.

La planta 14. Uno de sus temas más conocidos y también más combativos. La primera gran crónica de Víctor Manuel. Un accidente minero con tres muertos; una madre que rumia su agonía en silencio; una presentida viuda que se muerde el pañuelo; un patrón con sombrero, gravedad y aburrido gesto; un chófer bien domado que se siente desplazado; un chaval de quince años que llora impotente y se abraza contra un árbol; mineros que se hacen cruces y reniegan de Dios, y uno de ellos, el más fiero, que, por no irse al patrón, llora en el suelo.

La canción protesta

El cobarde (1969). El manifiesto antimilitarista que debió ganar el Festival del Atlántico. “¿Por quién lucho yo / si en mi corta vida no existe el rencor?”.

Por eso estoy aquí (1971). Una inusitada confesión de izquierdismo “de café”. “Porque no tengo valor para coger un fusil / y recomponer las cosas y hacer un mundo feliz”.

Cómicos (1975). Escrita en apoyo de la huelga que los actores españoles protagonizaron ese año. “Cómicos: / duermen vestidos, / viven desnudos,/ beben la vida a tragos”.

El paisano (1976). Sentido homenaje al histórico dirigente comunista asturiano Horacio Fernández Inguanzo, conocido como El Paisano, (Llanes, 1911-Gijón). “Hasta las piedras, si hablaran, hablarían bien de Horacio”.

Esto no es una canción (1981). Un corte de mangas a los que durante cuarenta años entendieron España de un modo excluyente. “Cuando hablen de la patria / no me hablen del honor / ni me cuenten batallas / ganadas cara al sol”.

De una sola manera se pronuncia tu nombre (1981). Un canto a la libertad y una denuncia de lo maltratada y lo manipulada que es. “Tu nombre sirve para odiar, encarcelar, torturar o matar”.

Déjame en paz (1983). Una vuelta de tuerca a Esto no es una canción (“déjame en paz, que no me quiero salvar, / que en el infierno no estoy tan mal”), con un toque de atención sobre los que seguían bastardeando la libertad (“para imponer su voluntad / sirve cualquier brutalidad. / Echan la historia para atrás / en nombre de la libertad”).

Cruzar los brazos (1986). Un guiño a la insumisión. “Si el peligro es que me llamen mal patriota / los que siempre hacen las cosas por pelotas, / menuda gloria”.

España, camisa blanca de mi esperanza (1994). Víctor tomó el título de un poema de Blas de Otero, lo que creó no pocos equívocos sobre su autoría. Unos decían que era una poesía del vate vasco y otros de Rafael Alberti. Una canción sobre las sempiternas dos Españas. “España, camisa blanca de mi esperanza, / a veces madre y siempre madrastra”.

Cómo voy a olvidarme (2008). Sobre la memoria histórica. Una denuncia de que 30 años después de la Transición algunas cosas sigan atadas y bien atadas: “Como voy a olvidarme. / Ya sé que les estorba / que se abran las cunetas, / que se miren las fosas”.

El amor

Quiero abrazarte tanto (1970). La primera gran canción de amor de Víctor Manuel, antes de que conociera a Ana Belén. Un tema valiente, con alusiones nada veladas al amor corporal en un tiempo todavía mojigato. “Siento tu mano fría / correr despacio sobre mi piel, / y tu pecho en mi pecho y tu desnudez, / y olvido reproches que imaginé”.

Digo amor y digo libertad (1978). Una lúcida reflexión sobre la relación entre el amor y la libertad. “Digo amor y entrego a los demás / los rincones que me sobran y no quieres ocupar. / (…) / Digo amor y digo en realidad / que el amor que me libera me robó la libertad”.

Soy un corazón tendido al sol (1979). La canción por la que fue redescubierto. Mucho más que una canción de amor: una canción sobre la vida. “Dejo sangre en el papel / y todo lo que escribo / al día siguiente rompería / si no fuera porque creo en ti”.

Solo pienso en ti (1979). Para muchos, su obra maestra. Una historia de amor en tercera persona, protagonizada por una pareja de discapacitados. “No puede haber nadie en este mundo tan feliz”. Otra canción audaz para la época y, quizás, para cualquier época. Todavía hoy el amor (sobre todo el carnal) entre dos personas discapacitadas es en cierto modo tabú.

El amor oscuro (1980). Una especie de vuelta de tuerca a Solo pienso en ti. Otra historia de amor muy especial. Ahora los protagonistas no son discapacitados, sino eso que la gente llama raros. “Ese amor contra la gente / que les mira y no comprenden, / que se afirma satisfecha , / que les siente indiferente; / ese amor de alcoba oscura, / sorprendente y que nos turba, / es invento de unos locos / descolgados de la luna”.

Quién puso más (1980). Una de las primeras canciones sobre la homosexualidad que se grabaron en España, cuando el tema era todavía tabú. “Dos hombres solos y la gente alrededor. / Son treinta otoños contra el dedo acusador”.

Todas son como tú (1980). Una canción que nos recuerda que el amor, el verdadero amor (no el simple enamoramiento) tiene mucho de costumbre. “Me acostumbré a tu cuerpo, / a tus pasos y a tu risa. / Me acostumbré a tus riñas”. Y que tiene una de las frases más bellas del cancionero de su autor: “De ti bebo la luz si mi acera está oscura”.

Ay, amor (1981). Después de Solo pienso en ti, quizá el tema de Víctor Manuel más ensalzado por la crítica. El asturiano no cuenta aquí ninguna historia de amor –propia o ajena– sino que reflexiona sobre este sublime sentimiento. “Ay amor, que despierta a las piedras; / ay de aquel que no te sienta alrededor. / Ay amor que nos abres las puertas; / ay amor tan necesario como el sol”.

Todo lo que amo (1981). Una bellísima declaración de amor. No somos dos, somos uno. No soy yo, soy yo en ti. “Todo lo que amo va de tu mano, / voy cosido a tu piel. / (…) / En tu arena mi cuerpo encallé / a esperar ver el amanecer / y que el tiempo nos mate después. / (…) / Paren el mundo, que yo me bajo / si no te puedo ver, / si me faltas mujer”.

Bailarina (1983). Otra peculiar historia de amor en tercera persona. La pasión imposible de un cuarentón por una joven de dieciséis años. “No es que presienta que está en la vejez, / que a los cuarenta ya no es tiempo de. / Lo que incomoda son sus dieciséis, / esa barrera que existe y no ve”.

Tu boca, una nube blanca (1984). Sobresaliente declaración de amor, de ese “amor como llamarada, como vino que emborracha”. Un texto que describe tanto la ausencia como la presencia. “Amor que vigila el nido / todo se le vuelven sombras. / Maldigo las madrugadas a solas, / peleando con la memoria, / los fantasmas y las horas; / las manos deshabitadas, solas. / (…) / Amor como agua dormida, / voy y vengo a tus colinas. / Que no me falte tu risa nunca. / (…) / Como siembra carnal busco los surcos /

que se palpan, se muerden, se apetecen / se acomenten, se enlazan, desfallecen / y otra jornada más que estamos juntos. /

Sube al desván (1984). Víctor Manuel nos hace sentir correr la sangre por las venas, directa al corazón y más abajo. “Porque hueles a tierra, / porque sabes a hembra, / cuando nadie nos vea sube al desván”. Con una hermosa declaración amor: “El tiempo solo pasa en quién no te ve; / quien duerme a tu costado pierde la fe / en que otra vida exista, que pueda ser / mejor que recorrerte al amanecer”.

Nada sabe tan dulce como su boca (1986). Otro inconmensurable canto de amor. “Mi patria, mi bandera, mi segunda piel, / el lugar donde quiero volver”. ¿Se puede decir más de la amada?

Por la luz de tus labios (1988). Una canción llena de aciertos. Un Víctor Manuel particularmente inspirado. “Por la luz de tus labios se podría ir muriendo, / por tu cuerpo minado de jardines secretos, / (…) / el camino a tu lado para mí siempre es nuevo. / (…) / Siempre tengo a tu lado sensación de que el tiempo / aunque apriete los puños se me irá entre los dedos”.

Adónde irán los besos (1993). Otra reflexión sobre el amor, el que dimos y el que guardamos (que es lo mismo que decir matamos); sobre el paso del tiempo. “A dónde iran los besos que guardamos,que no damos. / Donde se va ese abrazo si no llegas nunca a darlo. / Dónde iran tantas cosas que juramos un verano. / Bailando con la orquesta prometimos no olvidarnos”.

Canción pequeña (1996). Un verdadero desnudo emocional, una confesión de la imperiosa necesidad de la amada. “Sin ti me faltaría el alfabeto. / Sin ti consigo hacerme tan pequeño / que si alguien hace así, desaparezco / como un globo de gas que se va al cielo. / (…) / Qué sabe nadie lo que nos pasa por dentro. / A quién le importa si yo te quiero”. Nos importa a nosotros, porque sin ese amor no escribiría canciones tan bellas.

No sé por qué te quiero (2001). Escrita para la película El amor perjudica seriamente la salud, la primera versión la cantaron Antonio García de Diego y Olga Román. Ana Belén la grabó en su disco Mírame con Antonio Banderas. “Si no me hicieran falta tus besos, / me tratarías mejor que un perro. / (…) / Quererte como te quiero / no va a caber en ningún bolero”.

Las crónicas de la vida

Ponemos aquí también algunas canciones de difícil ubicación en estas cuatro categorías, como Luna o Hace falta tener dura la piel.

Luna (1980). El embrujo de la luna. “Cansado estoy de ladrarte luna, / cansado estoy de mirarme en ti. / (…) / Suelta las riendas, por favor, / que apenas puedo ser quién soy”.

Para un niño (1978). Dedicada a su hijo David (1976), hoy un reputado músico que acostumbra a trabajar con su padre. “Si te conozco bien / que te presiento aún antes de nacer”.

Para unos padres (1980). Los hijos que crecen y se van de casa, dejándonos a veces tocados. “Abre las ventanas, / no te niegues más, / que las alas crecen / para usarlas y volar”.

No serás nunca el flautista de Hamelín (1983). Una historia extraña y fascinante: un músico callejero que hace una flauta con el hueso de su pierna amputada por el tranvía. “Érase un hombre pegado a una flauta con un solo pie para andar”.

Hace falta tener dura la piel (1984). Una denuncia de los amos del universo, que nos zarandean a su antojo. “Somos cartas marcadas que sólo ellos ven. / Somos piezas que forman el gran ajedrez / de la historia peones que pueden mover”.

La madre (1988). Una vuelta de tuerca a Matador, donde ya había hablado de la droga. La tragedia de una madre que llega a matar a su hijo para liberarlo del yugo de la drogodependencia. “Qué te puedo dar, que no me sufras. / Qué te puedo dar, que no te hundas”.

Nada nuevo bajo el sol (2001). Para su hija Marina (1983) –hoy actriz de éxito–, después de que creciera. Los hijos que vienen y van, llenando y vaciando nuestras vidas. “Le gustaba tanto cuando la besaba / y ahora cada uno que ella me regala / como si del alma se los arrancara / o para otro se los reservara”.

Deja que te cuide, mariposa mía (2008). Sobre la fibrosis quística, una enfermedad pulmonar crónica potencialmente mortal. “Deja que te cuide mariposa mía, / déjame que vele tu fragilidad. / La vida es la vida y vamos a vivirla, / que todos tenemos alas de cristal”.

Qué me importa la luna (2008). Una canción ecologista, la defensa del medio ambiente como tema. “Qué me importa la luna, no la voy a pisar. / y a Venus y Saturno les miro desde acá./ Sólo tengo la tierra y la voy a cuidar. / Es mi casa, mi aire, es mi agua, mi pan”.

>Comentar

* campos obligatorios
0Comentarios

<< volver

La imagen del día

>SÍGUENOS EN

Julián Carrón sobre los desafíos de Europa

Marcados con la N de nazareno

Persecución en Kaduna

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

Ministerio de educación y cultura

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>DESCARGA NUESTRA APP