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9 DICIEMBRE 2016
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>Entrevista a Ricardo Luis Baccarin

El "oro verde" que mantiene Argentina a flote

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 3  44 votos
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Entre las muchas riquezas de Argentina, la más importante la representa el sector agrícola. Ricardo Luis Baccarin es vicepresidente de Panagrícola SA, una de las empresas mediadoras más grandes del sector, que trabaja en el mercado argentino desde 1947. Director del MATBA, empresa de análisis del mercado agrícola, es también analista del mercado de cereales y regularmente edita documentos informativos sobre el sector agrario.

Argentina es un país que tiene en la agricultura el punto fuerte de su economía. Vistas las políticas de los últimos años, ¿corre el riesgo de perder supremacía, como ha sucedido con la carne, que ha pasado del primero al cuarto puesto en el ranking mundial de exportaciones?

Por suerte, Argentina sigue siendo un país muy fuerte en lo que se refiere a la producción cereal. Cuenta con tecnologías de vanguardia y es una potencia comparable a los Estados Unidos, enormemente superior a Europa como capacidad productiva.

¿Por qué se generó en 2008 un conflicto con el gobierno que llevó al país al borde del colapso?

La cuestión se debía principalmente a la tasa de exportación, que del 35% debía modificarse y sustituirse por una que podríamos definir como más móvil, porque variaba no solo por la cantidad de producción sino también por la cotización en Bolsa. De este modo, especialmente por la soja, que dio un salto notable en su cotización, esta tasa, a la que hay que añadir otras que afectan al sector, provocó una reacción que duró de marzo a junio de 2008 y que fue muy fuerte, pues dio lugar a una gran movilización popular. Fue la protesta más grande que nunca se ha visto en el sector.

Tras perder el liderazgo en la exportación de carne, ha pasado algo similar con la producción de grano…

En la base de todo está el hecho de que en las producciones que afectan al mercado interno, el Gobierno cree que estos sectores dedicados a la exportación constituyen un impedimento para la contención de los precios internos. Estas decisiones, que han llevado al sector de la carne a perder 45 millones de cabezas, también han hecho que la producción de grano pasara de los 20 millones de toneladas a unos 11-12, llegando a niveles de producción de hace cien años. Los productores han tenido que privilegiar la soja, dedicada principalmente a la exportación dada la grandísima demanda mundial y que está fuera de las medidas que no solo este Gobierno sino también otros han tomado para proteger el mercado interno.

¿Es verdad que China es el país que importa más soja y que más del 70% del producto se destina a la alimentación porcina?

Sí, China es el principal importador y sus fuentes, además de Argentina, son Estados Unidos y Brasil. El frijol de soja, una vez molido y transformado en harina, se destina sobre todo a la alimentación de los cerdos. El proceso se realiza en China, aunque su tecnología de molido es mucho menos moderna que la de los países exportadores.

La producción de soja en cantidades muy grandes empobrece el terreno, sobre todo si se usan transgénicos, ¿no? ¿Existe en Argentina una filosofía de producción sostenible que no empobrezca la tierra?

Todo cultivo absorbe sustancias nutritivas. Al principio no había problemas, pero progresivamente se fue recurriendo al uso de fertilizantes, absolutamente necesarios para la producción en cualquier cultivo. Está claro que el aprovechamiento masivo de la tierra, si no se apoya en una rotación agraria, empobrece el terreno, pero el problema reside en cómo alternar y qué sembrar. Por ejemplo, el girasol tiene un mercado muy limitado y el maíz tiene costes muy altos, porque aparte del precio de las semillas exige irrigaciones constantes y precisas en el tiempo, lo cual termina aumentando los costes. Ciertamente, a nosotros nos conviene que Europa no use transgénicos porque así podemos vender más. Si Europa se pasara al transgénico, aumentaría desmesuradamente la producción. Las biotecnologías no son nocivas, de hecho son necesarias porque, dadas las crecientes exigencias de la alimentación mundial debidas al desarrollo demográfico y la estabilidad sustancial de las extensiones de terreno habilitadas para la agricultura, resulta imposible volver, por ejemplo, a los fertilizantes naturales, pues la producción escasearía.

La producción agrícola argentina es capaz de alimentar a 160 millones de personas, cuatro veces su población. ¿Cómo es posible entonces que existe el problema del hambre? Soy consciente de que esta no es propiamente una pregunta técnica.

En efecto, entramos en la esfera política. Creo que hay políticas de gobierno según las cuales no conviene que aumente el acceso al bienestar, porque la imposibilidad de acceso a un nivel básico de consumo genera ventajas políticas nada desdeñables. Pero aparte de los ámbitos gubernamentales, sería útil volver a una educación y una instrucción que garanticen un cierto nivel, un instrumento que de seguro permitiría el crecimiento social de las clases más desfavorecidas. Pero estamos hablando de cuestiones atávicas que perduran desde hace mucho tiempo. No creo que haya factores de cambio a corto plazo. Y tampoco medios…

¿La inmensa producción agrícola argentina goza de un apoyo tecnológico del mismo nivel? ¿Existe una industria que se ocupe de proporcionar maquinaria y tecnologías de primer orden?

Sí, el país cuenta con una gran producción de máquinas agrícolas. Se han constituido dos polos industriales muy importantes, por ejemplo en la provincia de Santa Fe. Aunque sigue habiendo una importación significativa. En todo caso, de 2007 a 2010 se registró un record productivo y nos convertimos en grandes exportadores, sobre todo de maquinaria indispensable en la siembra directa, un método en el que estamos a la vanguardia con Estados Unidos.

¿Cómo es la situación actual del sector agrícola?

Es un periodo complicado, con precios que caen y costes internos que aumentan. A pesar de que cultivar en Argentina es menos caro que en Brasil o en Estados Unidos, las elevadas tasas pesan mucho. En un momento en que los precios internos crecen y disminuyen los internacionales, la situación se hace obviamente difícil.

¿Pero existe un proyecto para el futuro? ¿Cómo podrá volver a desarrollarse el sector?

Creo que el desarrollo ya se da, pero es evidente que hacen falta políticas a medio y largo plazo que permitan optimizar los recursos, la producción, los mercados de exportación. Pero hay que ser conscientes de que estas decisiones no garantizan una ventaja política inmediata. Habrá que esperar dos o tres legislaturas para empezar a ver los resultados de decisiones a largo plazo, como sucede con eventuales planes educativos. Somos uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales y tierra fértil. Basta pensar que extensiones como la “pampa húmeda” solo se encuentran en áreas muy concretas de Estados Unidos y Ucrania, pero no tienen la grandeza de la nuestra. Pero insiste en el gran valor que tiene el desarrollo de la educación.

¿En qué sentido?

Hay países que no disponen de grandes recursos pero son excelentes en ciertas producciones. Suiza, por ejemplo, no tiene cacao pero es líder en la producción mundial de chocolate. Esta “distonía” es fruto de la cultura. Para generar economía, lo primero que hace falta es la inteligencia.

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