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21 ENERO 2017
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>Entrevista a Carlos Melconian

Argentina aún puede renacer

Arturo Illia | 0 comentarios valoración: 3  50 votos
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Mientras el Senado aprobaba la maniobra unilateral del gobierno argentino que traslada los pagos de los “bonos tango” de Nueva York a Buenos Aires, aunque los propios titulares de los bonos argentinos estuvieran en contra de esta decisión, y el Ejecutivo sigue con su fábula de un país maravilloso, vamos a intentar entender mejor lo que sucede en este país tan cercano a nosotros. Lo hacemos con el economista más acreditado del momento, Carlos Melconian, que además de un currículum muy respetable (consultor del Banco Mundial y de varios presidentes y gobiernos argentinos, así como del Banco Central del país) tiene una particularidad muy difícil de encontrar: habla un lenguaje sencillo y claro, desprovisto de los tecnicismos tan habituales entre sus colegas. Por eso participa habitualmente en programas televisivos y radiofónicos y es muy querido por la gente. Actualmente es consultor del candidato a la presidencia Mauricio Macri, un industrial argentino fundador del partido PRO y actual alcalde de Buenos Aires.

¿En qué se diferencia este default del de 2001?

Ya le adelanto que le daré respuestas muy prácticas. El contrato vigente afirma que un titular de un bono no ha recuperado la inversión en estos diez años, por lo que Argentina estaría en default. Se puede decir todo lo que se quiera: que se han hecho depósitos, que estamos en un default técnico transitorio, que hay un juez en Nueva York que no permite los pagos, que estamos en un default selectivo, etc. Sin embargo, todo eso es relevante.

¿En qué sentido?

En la práctica, hay gente que tiene bonos argentinos y no le ha llegado el dinero. Pero no todas las situaciones son iguales. Hay gente en Argentina que ha recibido el dinero, pero a día de hoy el país está en medio de un proceso donde también hay muchos antiguos acreedores que han ganado sus causas. Hay una distonía en el ámbito legislativo que establece que los créditos exigibles en las jurisdicciones de Londres y Nueva York pueden ser secuestrados. Para ver las diferencias con el pasado, el de 2001 fue un default general de la deuda argentina, decidido por las autoridades en una semana trágica en la que, recordarán, se alternaron cinco presidentes. En aquella ocasión se decidió políticamente no pagar, y esa decisión fue avalada por el voto del Congreso. Por tanto fue un default generalizado, mientras que el actual solo afecta a un segmento de los acreedores.

¿Qué debería hacer o haber hecho el Gobierno?

En una posición extrema, el Gobierno afirma que quiere pagar la deuda, pero que no se lo permiten. En términos prácticos, no cambia el hecho de que estamos en un default parcial. En la jerga futbolística, podemos decir que hemos jugado un buen partido, pero si el balón no entra en la red no podemos cantar victoria. El gol habría sido ir a Wall Street y vender bonos, pero no ha sido posible porque al colocarlos habrían sido secuestrados. En todos estos años, el único dinero que Argentina ha recibido lo ha obtenido de Hugo Chávez.

Parece que el préstamo nunca fue reconocido por Argentina y causó una subida del interés del 2 a casi el 17%...

El préstamo se hizo a plena luz del día, no bajo cuerda. Pero no sé a cuánto asciende el interés actual. Sin embargo, sí sé que es de dos cifras.

Caminando por las calles de Buenos Aires es difícil no notar la cantidad de manifestantes que lucen el eslogan “Patria o buitres” propuesto por el Gobierno…

Muchísimas cosas de las que dice este gobierno son pura ficción. El rencor que demuestra hacia los medios no se debe a otra cosa que a su incapacidad para comprarlos todos. También hay que decir que ningún otro gobierno ha dedicado tal cantidad de energía y capital a monopolizar los medios. En todo caso, el resultado es que muchos sectores de la sociedad argentina han llegado a creerse muchas fábulas, como la que dice que los primeros años de la década kirchnerista fueron muy florecientes. Una creencia que desmiente el solo hecho de que si así hubiera sido realmente, Argentina no habría recaído en la crisis y se habría desarrollado del mismo modo que otras naciones latinoamericanas. Pero las cosas están cambiando, y lo demuestra el resultado de las elecciones de 2013, donde el Gobierno perdió con un 70% de votos a la oposición. Como en 1997 con Menem, esta es la demostración de que la sociedad argentina, igual que comete errores de valoración al conceder todo el poder a un gobierno, luego se lo quita. En todo caso pienso que a partir de 2016, y siempre con la incógnita de quién ganará las elecciones de 2015, este país se normalizará en positivo.

El país se normalizará, ¿pero quién puede hacerse cargo de momento de la responsabilidad del cambio?

Hay que considerar dos factores. El primero es que el cambio es siempre un deseo de la sociedad: cuando en 1989 Menem asumió la presidencia, la sociedad quería un cambio drástico. Por ejemplo, mi padre por aquella época había pedido una línea telefónica a la sociedad Entel, que era la del Estado, y tenía que esperar 14 años para poder tener el teléfono. Con las privatizaciones realizadas por Menem, en solo 24 horas tuvo la línea. La gente veía entonces que los servicios funcionaban como en un país moderno y en poco tiempo todo el mundo era menemista. Pero luego, como sucede siempre, los poderes en Argentina quieren durar veinte años y terminan dilapidando el capital positivo inicial.

¿Y ahora?

Ahora estamos en un punto y aparte. En la crisis que estamos viviendo, la sociedad pide un cambio radical. Es verdad que la fábula kirchnerista hace que algunos quieran un cambio parcial, manteniendo por ejemplo el subsidio estatal que se concede a las clases menos pudientes por cada hijo. Claramente esta medida es positiva, pero mirando los 12 años en el poder de este gobierno es la única gota salvable en el mar de fracasos que lo han rodeado. Pero también hay que tener en cuenta que sea quien sea quien asuma la presidencia tendrá que poner en marcha un par de políticas que, como sucede desde hace años en Chile, Brasil y Uruguay, tendrán que mantenerse y desarrollarse independientemente del color político del gobierno.

En los últimos 20 años parece que se mantiene la constante del fracaso total del peronismo, que primero con el menemismo y luego con el kirchnerismo ha llevado al país al abismo.

Usted sería un perfecto candidato para Mauricio Macri. Olvida dos gobiernos importantes, como el de Alfonsín en los albores de la actual democracia, y el de la Alianza (grupo mixto radical-peronista que asumió el poder en 1999), que también fracasaron. Por tanto, lo que Macri sostiene es que los gobiernos llevan treinta años fracasando, y añade, como usted dice, que el peronismo, cambiando las formas, hizo lo mismo. Hay que decir que el movimiento peronista es muy bueno a la hora de intuir las exigencias inmediatas de la sociedad y satisfacerlas, como le decía antes con el ejemplo del teléfono. Menem nunca fue considerado ni conservador ni liberal, pero comprendió que la gente quería las privatizaciones, igual que tras el desastre de 2001 Kirchner intuyó que debía seguir los pasos del populismo de Chávez en Venezuela y Evo Morales en Bolivia, dado el rechazo de la sociedad hacia el neoliberalismo menemista. Pero luego no saben capitalizar los resultados, porque quieren gobernar veinte años…

¿Corremos el riesgo de ver avanzar este peronismo “disfrazado”?

Macri sostiene que nos encontramos ante otro cambio peronista, auspiciado por los dos candidatos del movimiento, que sin embargo han formado parte tanto del gobierno actual como del precedente. Estas observaciones le han catapultado al primer puesto en los sondeos. Hay que ver si la mayoría de los argentinos que, aun no reconociéndose en el peronismo, le votaron para realizar el cambio vuelven a hacerlo.

El gobierno de Alfonsín, el primero de la joven democracia argentina, generó grandes expectativas, pero luego fracasó por las continuas huelgas generales de los sindicatos peronistas.

Efectivamente, el de Alfonsín es el gobierno que más esperanzas despertó, y luego cayó o lo derribaron, pero también los gobiernos peronistas fracasaron. La pregunta surge espontánea: ¿cómo es que en Uruguay, Chile y Brasil esto no sucede? ¿Porque allí no hay peronismo? Pero también sus gobiernos terminan cayendo. Así que pongo un ejemplo. En Chile los fondos de pensiones son privados desde hace 50 años y se actualizan en función de la situación económica, pero se mantienen. En Argentina, desde los años 40, el fondo de pensiones era estatal, luego llegó Menem y lo privatizó, luego llegó Kirchner y en vez de modificar o actualizar la situación, discutiendo por ejemplo sobre los porcentajes exorbitantes de estos fondos tratando de bajarlos o corregir los errores, se hizo con el dinero y lo volvió a nacionalizar todo. Lo mismo se puede decir sobre la independencia de los bancos centrales.

¿Puede explicarlo mejor?

A menudo viajo tanto a Brasil como a Uruguay, países donde hay bancos centrales que históricamente son independientes de las políticas gubernamentales. Saben que pueden hablar con los gobiernos, pero conservan una independencia operativa. Pueden maniobrar en dos frentes, el de la estabilidad monetaria y el del desarrollo, pero lo hacen a discreción. En cambio, en Argentina la dependencia total del gobierno hace que, por ejemplo, en una crisis como la actual se obligue al banco central a imprimir moneda sin límite para crear empleo a corto plazo, pero arrastrando así a la crisis a sectores esenciales para la economía del país como el agrícola y ganadero, así como los fondos de pensiones. Entonces, a los que se preguntan si hay un enemigo externo que haga fracasar cualquier política, hay que decirles la verdad: no existe ningún enemigo externo.

Entonces, ¿cuál es la causa de la situación que vive el país?

Hay que buscarla en la voluntad de un poder de perpetuarse eternamente. Es una cuestión de progreso educativo de una nación que ponga la ley por encima del poder político e imponga la alternancia. Bien pensado, entre el menemismo y el kirchnerismo hay 22 años de gobierno peronista, un tercio o un cuarto de la vida de una persona, y eso es algo que no puede seguir así.

¿Pero por qué un país con tanta tierra fértil y recursos energéticos inmensos, con cultura, genialidad y dotado de recursos humanos no termina nunca de despegar?

Yo añadiría que si damos la vuelta al mundo encontraremos gerentes argentinos en todas partes. En resumen, el mundo nos quiere, al margen del hecho de que Messi y el Papa sean argentinos. Creo que debemos aprender sobre todo a ir hacia adelante colectivamente, antes de que sea demasiado tarde. Este país ha tenido históricamente niveles de educación elevados, pero tanta positividad, si no se mantiene mediante intervenciones adecuadas, puede caer en una pérdida de competitividad mientras el resto de países latinoamericanos avanza.

Entonces, ¿cómo es que sus previsiones para 2016 son positivas?

Porque la gente ha entendido que esta década ha sido un desastre y quiere cambiar. Si el mercado nos ayuda manteniendo el cambio con el dólar, los precios y los tipos de interés favorables, Argentina rápidamente será capaz de recuperar lo que ha perdido estos años y conseguirá ponerse en camino hacia el desarrollo, como están haciendo los demás países latinoamericanos. Empezará a funcionar el mercado interno y los propios argentinos invertirán en su país los recursos que actualmente tienen en el extranjero. En ese punto el problema será administrar los recursos financieros que lleguen. ¡Mire el optimismo que tengo!

El Papa Francisco es argentino y todos sabemos de qué forma tan determinante incidió Juan Pablo II en el destino de su Polonia. En su opinión, ¿qué influencia podrá tener Bergoglio en el futuro del país?

Recordemos que tenemos el honor de que el primer Papa latinoamericano de la historia sea argentino. Por tanto, toda señal que él lance es importante. Pensemos también en la austeridad que ha mantenido, porque nació en un barrio pobre. Y a pesar de eso pudo progresar y ocupar puestos de relevancia. Personas como Bergoglio nos sirven en primer lugar para recordarnos esto. El Papa Francisco, como Juan Pablo II, tiene una influencia mundial y participa activamente en la búsqueda de soluciones a los problemas de este mundo. Para los argentinos su figura representa también un símbolo de unión. Quien interpreta sus palabras y gestos a favor de este o aquel político o grupo se equivoca de plano. Ante todo, Francisco es para los argentinos la demostración de que para uno de nosotros todo es posible, pero al mismo tiempo ese argentino que ha llegado hasta allí nos muestra continuamente la idea de servicio, de deber trabajar para el prójimo. Es un auténtico ejemplo para todos nosotros.

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