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2 DICIEMBRE 2016

YO SOY EL QUE SOY

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Me llamó mucho la atención, descubrir que los judíos que van a orar al muro de las lamentaciones, llegado el momento de terminar sus oraciones y  retirarse, no lo hacen girándose, sino que caminan muy despacio hacia atrás. ¿Por qué? … la respuesta es lo que me hizo que me detuviera a reflexionar sobre ello.

Cada viernes, antes de que el sol se ponga, el muro se llena de solemnidad. Allí encontraremos impecablemente vestidos con su reconocida ropa negra, la kipá y el talit (el gorro y el manto que tantas veces hemos visto en imágenes), a numerosos judíos esperando la llegada del Sabbat. El lugar se llena de  todo tipo de súplicas, llantos, promesas y letanías que emanan de los rollos de la Torá hasta rebotar contra las enormes piedras sagradas.

"¡Cómo dar la espalda a  algo tan sagrado!" Es la respuesta que encontrarás cuando interrogues sobre la forma de abandonar el muro. La contemplación de estas escenas  me lleva a considerar algunas actitudes externas ante lo divino en la sociedad de hoy. Conductas a veces irrespetuosas, que se han introducido como “lo habitual”, en nuestra presencia ante el Señor.

Se ha descuidado el sentido de lo sagrado en muchos católicos practicantes. Se confunde la cercanía, la confianza, y el trato con Dios, poniéndolo como una mas de nuestras amistades. En esta corriente de hoy día en la que no se duda mezclar todo lo alcanzable, no es difícil encontrar  la de lo sacro con lo profano, y en esa combinación, Dios no queda "bien parado".

Parto de la base que lo importante es la actitud que representan nuestros actos, pero hay que tener en cuenta también el lugar donde se producen. No es lo mismo ir a la playa que ir a la iglesia.

La descristianización de este mundo,ha ido debilitando a muchos cristianos. Se han buscado fórmulas entre los creyentes para acercarlos a Dios, y muchos han caído en el error de presentar sucedáneos en lugar del original. Una sociedad creada, a la que cada vez más, le cuesta reconocer los valores humanos, llevándose en su caída el sentido ético, moral y religioso.

Pero yo tengo la convicción de que mucho “freno”, en el avance de una vida coherente con la fe que se profesa, la tenemos los que nos declaramos practicantes. Hemos endulzado tanto nuestra relación con Dios, que nos olvidamos de que es el Altísimo, el Creador, el Omnipotente, el que se merece toda gloria y adoración. Nos hemos atrevido a utilizar los  mismos calificativos que usamos para cualquier "colega nuestro".  

Es entre los católicos, donde percibo una mayor pérdida de lo sagrado. No ha habido ni un solo domingo de todo este tiempo de verano, donde no  me haya encontrado con iglesias donde se hablaba sin parar a la espera de que empezara la santa misa. Personas que pasan delante del Sagrario sin un acto de adoración, posturas y vestimentas inapropiadas...Es igual, lo que importa es la actitud interior, mantienen algunos.

Tenemos que cuidar las pequeñas cosas, porque como dijo Jesús “El que es fiel en lo poco, también es fiel en lo mucho”. Es el sentido común, quien nos dice, que uno debe vestirse de acuerdo a las circunstancias, siempre decorosamente, pero la sacralidad del lugar santo pide que uno se vista decentemente.

¿Qué pensaríamos si alguien acudiera a la playa con pantalones largos, zapatos y camisa para pasar allí el día? Pues lo más triste sería, que esta visión nos pareciese más descabellada que asistir a la santa misa, en pantalón corto, chancletas o tirantes.

Dios es Padre, pero ante todo es Dios. Basta leer la aparición ante Moisés dictándole detalladamente como debía estar ante su presencia."No te acerques. Y descálzate, porque el lugar donde estás es sagrado" (Ex.3,5)

No se puede juzgar a nadie, muchas veces se ignoran las circunstancias de cada uno. Tal vez alguien salga del trabajo y esa sea su única oportunidad de ir a misa. Lo deplorable es cuando queremos “encajar” la misa en nuestro ocio. Así la metemos “de camino”; por eso ya vamos preparados con la ropa adecuada para “el después”… y no para lo más importante.  Y qué contar del móvil... Realmente Dios pasa a segundo lugar. Algunos salen para responder a la llamada, otros están atendiendo a los wasaps que llegan, porque están en silencio y se puede disimular.

Ahora sí, si nos invitan a una boda… ¡ay amigo! como nos vestimos, cuanto tiempo dedicado a presentarnos impecables, a nadie se le ocurre pensar en shorts, bambas, ni  playeras…

Pues la Misa es el gran banquete, lo más grande de este mundo, y quien aún no vislumbra esta realidad, debe pedirle a Dios que le ayude a entenderlo, porque es el alma de nuestra fe. ”El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna” (Jn. 6.54)

Si acudimos a las basílicas de Roma, o a la de Guadalupe, o a los santuarios de las apariciones marianas nos encontraremos que allí no permiten pantalones cortos, vestidos sin mangas o escotes provocativos. El pudor y el respeto nos deben guiar. No abogo por hacer de la ropa el centro de atención. Pero si me gustaría que reflexionáramos: que nos hemos pasado al otro extremo, olvidando que vestir y actuar respetuosamente  en los lugares santos no es un asunto baladí. Como escribió Confucio: "Si no se respeta lo sagrado, no se tiene nada en que fijar la conducta".

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sobre este blog
Angelo

Casado y padre de cinco hijos. Apasionado de mi familia. El mejor título que se me ha otorgado en la vida es el de la paternidad. Agradecido por tanto bien recibido. Feliz de haberme encontrado con Dios tras años de caminar perdido. Estoy convencido de que este mundo se puede cambiar, llevando amor aunque no se reciba. Y yo quiero empeñarme en ello
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