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4 DICIEMBRE 2016
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La Iglesia no necesita un partido de zelotes

Massimo Borghesi | 17 comentarios valoración: 3  74 votos
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El filósofo italiano Massimo Borghesi entra en www.paginasdigital.es en el debate que ha provocado la retirada del proyecto de reforma de la legislación del aborto que había impulsado el ex ministro Gallardón.

Las declaraciones del presidente español, Mariano Rajoy, sobre la retirada del proyecto de reforma de la ley del aborto han suscitado en el mundo católico español un encendido debate. Las promesas del ministro de Justicia Alberto Ruiz Gallardón, que se esforzó mucho en rediseñar en sentido restrictivo la ley precedente del gobierno Zapatero, una de las más “liberales” de Europa, no ha obtenido el resultado esperado y el ministro, con gran dignidad, ha dimitido del gobierno, asumiendo toda la responsabilidad. Si algo se puede reprochar al gobierno es haber propugnado una reforma radical, en sentido restrictivo, allí donde sin lugar a dudas hubiera sido mejor privilegiar, en un terreno tan sensible, una política de pequeños pasos.

El fracaso del proyecto ha generado una modificación: la exigencia obligatoria del consenso de los padres en caso de que la hija menor decida abortar, un consenso que no exigía la ley de Zapatero. Por tanto, empeñarse en una solución maximalista no ha sido una óptima idea. No antes de un plan de asistencia y protección a la familia que solo ahora el gobierno de Rajoy se decide a poner en marcha.

En todo caso, el giro del Partido Popular ha suscitado, como era previsible, la reacción de parte del mundo católico español, decepcionado por las promesas no mantenidas, por la “traición” del gobierno. En consecuencia, ciertos sectores de este ámbito están auspiciando la creación de un “partido católico”, diferente de un Partido Popular demasiado laico y comprometido con el poder, capaz de llevar adelante los valores cristianos contra el laicismo imperante.

Esta idea ha sido significativamente criticada por Benigno Blanco, presidente del Foro de la familia, que no ha sido precisamente condescendiente con la decisión de Rajoy. Blanco comprende bien que un partido “católico” no llevaría más que a una fuerza política con porcentajes de apoyo mínimos, sin influencia en el panorama político. Un partido fuertemente polarizado en torno a ciertos valores, carente de un programa social complejo, recordaría en cierto modo al Tea Party americano. En España sería inevitable que un partido así no hiciera recordar el pasado franquista, un modelo clerical, de derecha. Con un resultado de no resultar nada útil a la Iglesia, y sí al frente laico-socialista al que trataría de combatir. De hecho, ese frente encontraría un buen campo de juego, cada vez que aparecieran en el orden del día las batallas “éticas”, para sacar a relucir el espantapájaros clerical, el temor del retorno al pasado, el peligro del avance de la derecha. Un partido “católico” es el mayor regalo que, en este momento, se le puede hacer al frente socialista, que desde siempre ha certificado en España una posición laicista. Serviría para volver a legitimar esa ideología radical burguesa que, tras el fracaso de los años de Zapatero y del modelo económico de crecimiento, se encuentra en unas condiciones de gran desorientación.

Un partido católico no haría avanzar ni un milímetro los valores cristianos en la sede legislativa y, por el contrario, procuraría oxígeno nuevo para las fuerzas laicistas. Volvería al terreno de juego, más caliente que nunca, la dialéctica entre clericales y anticlericales que, de un siglo a esta parte, bloquea la vida política y civil española. Un enfrentamiento abierto que llevaría a la Iglesia al a primera línea, más expuesta de lo que está ahora.

En Italia este peligro se conjuró después de la caída del fascismo, y su temporalismo eclesiástico, con la Democracia Cristiana de Alcide de Gasperi, apoyado en el Vaticano por Mons. Montini. De Gasperi y Montini no querían en Italia un partido “católico”, clerical, que habría dividido al país entre católicos y anti-católicos, sino un partido demócrata-cristiano, nacional, abierto a la colaboración con todos. Un partido de la mediación y no del enfrentamiento, y como tal capaz de mantener unido el escenario social y de defender la libertad frente al partido comunista más fuerte de Occidente. En España, desgraciadamente, ha faltado una democracia cristiana. Ha faltado un partido que mediase entre la Iglesia y la esfera de la política, que atenuara el enfrentamiento y permitiera la formación de un laicado católico capaz de asumir las responsabilidades del gobierno. De ahí la dialéctica entre clericales y anti-clericales, carente de puntos de encuentro, el enfrentamiento entre derecha e izquierda, entre quien sigue mirando al pasado y el progresismo más vacuo.

Por eso las actuales críticas al Partido Popular no se justifican. Aunque el PP no es la DC, recuerdan sin embargo a las de muchos católicos italianos a la DC durante el referéndum sobre el divorcio en 1974 y sobre el aborto en 1981. Son críticas ingeniosas, poco realistas y, sobre todo, sin alternativa en el ámbito político. En el juego democrático hoy se pierde y mañana, si cambian las condiciones, se puede vencer. Pero los católicos no deberían olvidar dos cosas. La primera: que no es sabio forzar demasiado un escenario jurídico que goza de gran consenso social. En este caso, lo óptimo es enemigo del bien. La segunda es que la batalla por los valores fundamentales no puede descuidar el dato de una secularización que los ha hecho difícilmente reconocibles. Los cristianos deben entonces promover un trabajo educativo que no puede prescindir de lo que el Papa Francisco afirma en la Evangelii gaudium,  de eso que “primerea”, que viene antes: el encuentro con el acontecimiento cristiano. El mundo actual no sabe nada de Cristo. Por eso, solo un testimonio cristiano, humanamente auténtico, puede introducir a los hombres en el descubrimiento de valores que, sin la gracia, aparecen hoy como metas inalcanzables, puntos de fuga de una vida que debe repudiar, de todos modos, el dolor y la idea de la muerte. Sobre esto la Iglesia está llamada a ponerse en juego en primera persona, en el terreno de un “encuentro” de la presencia cristiana, que se dirige a todos, más allá de las barreras de derecha o izquierda. La propuesta cristiana, cuando se ve confortada por auténticos testigos, va más allá de las divisiones históricas que marcan a España desde el siglo XX. A los laicos cristianos implicados en la esfera pública, y no a la Iglesia en cuanto tal, le tocará por tanto declinar los valores humanos, madurados en la experiencia comunitaria de la fe, en la escena política.

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17Comentarios
Alfonso Queipo Collar
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Menos clericalismo, por favor
Creo que en este artículo late un enfoque infestado de clericalismo. Veamos. Para constituir un partido político que defienda y se comprometa realmente con los valores humanos auténticos (que la Iglesia católica encarna) no se necesita para nada ni la autorización ni la colaboración de la estructura jerárquica de la Iglesia ni de orden religiosa alguna. Se trata de crearlo con laicos que se comprometan con  tales valores y que, por supuesto, nada de denominar el partido con adjetivos como "cristiano", "católico", ni denominaciones que por sí mismas induzcan a asociarlo con representatividad alguna de la Iglesia. Eso sería un error, el mismo de la Democracia "Cristiana", o el  de algunas instituciones educativas que llevan en su denominación la palabra "católic@", lo cual le puede estar otorgando una representatividad que no es real. Aunque obviamente todo el mundo se puede llamar católico, no se exige carnet, y sin embargo cuánto daño han hecho y hacen algunos de eso supuestos católicos, que ni saben que existe el Catecismo, a la Iglesia.  El partido debe ser independiente y parecerlo, pero con un ideario político que perfectamente puede y debe coincidir con la doctrina social de la iglesia y que, entre otros valores defienda: la existencia de una opción legal que reconozca el matrimonio civil indisoluble, la protección jurídica del concebido y no nacido en igualdad de derechos con el nacido, la protección y ayuda reales a la mujer embarazada, la protección a la familia y el establecimiento del salario maternal, la supresión del mal llamado "matrimonio homosexual", la eliminación del "divorcio exprés", la educación fundamentada en el estudio, esfuerzo y mérito, la centralización de las competencias de educación y su unificación desde el gobierno de la nación, etc., etc.
Pero será un partido fundado por laicos independientes de cualquier estructura eclesial-religiosa, que no se necesita para nada. Y estos laicos, por supuesto, asumen la doctrina católica pero eso no significa que son confesionales. ¿O es que un católico no tiene los mismos derechos ciudadanos que cualquier otra persona y puede, por tanto actuar libremente en política defendiendo los principios en que cree, sin necesidad de estar a la sombra de ninguna sotana?  Menos mentalidad clerical y más mentalidad laical, pero de la buena, es decir, nada de nombres que susciten adscripción y sometimiento alguno a la Jerarquía, la cual, por otra parte, lo agradecerá, porque así no se verá mezclada contra su voluntad en cuestiones partidistas.
Conclusión: perfectamente se puede crear un partido político que encarne los valores católicos, si bien no deberá su nombre llevar ese calificativo, y deberá ser fundado exclusivamente por laic@s. Luego que se apunte quien quiera, por supuesto. Vamos, que ni la Iglesia tiene por qué proponer que se suscite ese partido ni participar en su creación ni financiación, lo que supondría una mentalidad clerical de la que me parece que está impregnado el articulista. Los Obispos y sacerdotes, que se dediquen a ser pastores, a impartir los sacramentos (¡ay la Confesión que abandonada está!), a rezar, a orientar doctrinalmente a su grey, a apoyar sin fisuras al Papa, a formar en los seminarios a sacerdotes doctos y alegres,.. pero que ni por asomo se metan en política, porque entonces "el acabose".
No sé, en fin, a qué viene lo de los zelotes. Han pasado ya más de 2000 años. La Iglesia no sólo es la Jerarquía y los curas y los religiosos, sino los laicos, siendo éstos los que deben formar los partidos políticos, sin necesitar para nada mezclar a la estructura jerárquica de la Iglesia en esas banderías que no le corresponden.  
Atentamente
Bombonazzi
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Gran artículo de Massimo Borghesi...


Al que yo me adhiero con toda rotundidad. Creo que la primera tarea de los cristianos es lo que dice Mª Teresa: conocer la Doctrina Social de la Iglesia y aceptar el reto del Papa Francisco.

Sr. Queipo, creo que este artículo no es clerical. Todo lo contrario: es más, me atrevería decir que, precisamente, lo que han hecho algunos Obispos (a pesar de que no apoyaban un partido católico como tal) es haber fomentado iniciativas de cierto tipo de laicado rayanas en el integrismo decimonónico. Es decir, un acento histérico en la moral sexual y en la bioética acompañado de un silencio escandaloso ante situaciones de injusticia social. Por cierto, nada incompatible con la defensa a ultranza de un sistema meritocrático en la educación que no tiene nada que ver con la pasión por educar, olvidando siempre que la responsabilidad surge de la toma de conciencia de la persona y de su lugar.

Creo que urge desclericalizar al laicado y despolitizar algunos sectores del Episcopado. Y en eso coincido con el Sr. Queipo: Obispos y sacerdotes han de ser pastores, impartir los sacramentos, rezar, orientar doctrinalmente a su grey (yo me quejo de lo abandonada que está la Doctrina Social de la Iglesia en algunos Obispos como Mons. Reig Pla), a estar en comunión con el Papa (comunión real, no formal. Es decir, hacerse eco del mensaje del Papa Francisco, no a pasarlo por alto), a velar por las vocaciones,..
Hay Obispos que se meten en política (Setién; Uriarte; Reig Pla en muchas ocasiones)...y suelen errar. Se les puede -y se les debe- criticar, teniendo los laicos la caridad cristiana de decir lo que, en conciencia, piensan.

El problema que tienen nuestros pastores es que YA NINGÚN PARTIDO CUMPLE TODOS LOS CRITERIOS para votar. ¿Es la defensa de la vida frente al aborto el criterio decisivo?. Yo creo que defender la vida implica ser buen ciudadano, pagar tus impuestos, no aprovecharse de las subvenciones, trabajar a nivel social por la subsidiariedad solidaria (defendiendo la libertad de todos y creando iniciativas que aporten valor añadido a la sociedad), movilizarse también por los más desfavorecidos (que no son sólo las madres embarazadas, que también; sino niños, pobres, ancianos...), contribuir a vivir el trabajo como una contribución a la comunidad y evitar el ansia de poder o el desenfreno especulativo (pecado del que los católicos tampoco escapamos)...En este sentido, no he visto aún ningún juicio contundente de los Obispos.

Por eso, ¡Bienvenido sea el aire fresco de Massimo Borghesi!
Juán Luis Sevilla Bujalance
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Alnotaciones sobre el artículo de Borghessi
Tomo una expresión que considero trascendental: "La primera: que no es sabio forzar demasiado un escenario jurídico que goza de gran consenso social. En este caso, lo óptimo es enemigo del bien."
Esta frase del artículo, que es uno de los pilares fundamentales de la argumentación, contiene, a mi juicio, importantes errores. En primer lugar, se afirma que no es sabio contradecir un consenso general. Frente a ésto hay que recordar que el creyente no debe valorar su actitud en esta vida atendiendo a que exista ya un consenso general sobre una materia para adherirse a el o no. Su criterio no es este, el de las mayorías - que es un criterio político -  desde luego, y el ejemplo más claro lo tiene en el Fundador del Cristianismo, que se enfrentó al consenso social en que vivía. No tuvo reparo en ir contra el fariseismo y las tradiciones que estaban totalmente implantadas. Borghessi emplea la perspectiva de la política  para juzgar en cuestiones éticas o morales. No. La moral indica lo que es bueno o no. Desde luego que si aceptamos sus postulados - los de nuestro autor - hay que dar ya por perdida la lucha por unos valores. Habría que aceptar ya cosas por el mero hecho de que hay consenso. ¿No estaríamos así ante una dictadura del relativismo como atisbó Ratzinger ya en los años 80?: no hay bien ni mal sino que hay que ajustarse a lo que en cada momento se consensúe...Y en segundo lugar respecto a ésto, en nuestra actitud nos debe orientar la conciencia y la moralidad de las actitudes, pero que sea sabio o no, no me parece criterio de justicia... Y por otra parte, ¿porqué es sabia una actitud y no otra?
En la segunda frase, utiliza un juego de pabras para significar que querer llegar al extremo en la defensa de un valor - lo óptimo - en este caso puede ser enemigo del bien, y se refiere sin duda a que tratar del acanzarlo podría romper ese consenso. Pero aquí no hay que olvidar que lo que está consensuado no es un bien. Permitir al aborto - consentir MATAR - aunque sea por consenso, nunca es un bien, sino un mal. Con este juego de palabras se ha transformado, siguiendo la llamada táctica política del mal menor (ojo, la táctica política, que no la Doctrina) un mal en un bien, y eso es falsear el significado de la palabra. Lo óptimo, de por sí, siempre es mejor que lo bueno. Y en el terreno de la moral, el consenso para permitir un mal ni siquiera puede ser un bien de segunda categoría. Luego no es eso lo que hay que manntener.
Finalmente, estoy de acuerdo en que no hace falta un partido católico. Pero sí que los intereses y valores de los católicos sean expuestos y defendido sen la vida pública. Pero no olvidemos que no son sólo católicos, sino que responden a la base del Derecho natural. Con ello un partido que los defendiera no sería una formación de zelotes. En este punto me gustaría saber porqué siempre se acude a términos que tildan de extremistas y radicales para designar a quienes viven sus convicciones públicamente coherencia, aparte de que esto ya indica ciertos prejuicios contra ellos. Repito, no sería un partido zelote, ni confesional, sino que respeta los principios iusnaturalistas que el hoimbre, por el hecho de serlo, lleva inscritos. Con todos mis respetos un cordial saludo.
Javier Pereda
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libertad política aconfesional
No soy partidario de partidos confesionales. Dicho esto, el PP ha demostrado definitivamente que no defiende principios del humanismo cristiano: la vida, la familia, educación, etc. Será la sociedad civil -y no la iglesia, que tampoco ella lo promueve- quien libremente elija cómo solucionar el problema de encauzar el voto del humanismo cristiano, lo cual, insisto, no conlleva formar un partido oficialmente católico, que considero un error. La solución no puede seguir siendo -en mi opinión, en contra de lo que el articulista pudiera dar a entender- seguir votando al PP: me niego; pudiera ser votar en blanco, no votar...; o, por qué no, aglutinar un partido pro vida y en favor de la familia... El PP hace lo que le da la gana porque hay gente que al final se conforma; si se le quitara un millón de votos seguro que tendrían en cuenta estos valores. Por lo tanto, no estoy de acuerdo del todo con el articulista, porque plantea de partida una premisa que no comparto: aunar el voto católico como la DC. La solución no es no hacer nada, que es lo mismo que seguir votando al PP. La sociedad civil -ni los católicos ni la Iglesia- tendría que trabajar para ofrecer otras alternativas, y eso supondría hacer pedagogía social y política. Ahora bien, aún eso, los católicos -libremente- lo votarán o no... Esa es la cuestión. Lo cual no quita para, a su vez, seguir cambiando por otros cauces la sociedad.
Jesús Garrido
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Apología del PP
Creo que se equivoca Borghesi al defender el consenso de ésa manera. El consenso es una herramienta política para alcanzar o mantener el poder. Y todos los partidos políticos actuales dan un giro total a sus políticas y se alinean con su adversario ideológico si ven peligrar su posición de poder; tanto en un pueblo como en una consejería como en el gobierno central. Y eso es simple relativismo. Es lo que ha hecho el PP en la etapa Rajoy: con una mayoría absoluta que hubiera podido hacer que España hoy no estuviese en la situación que está ha girado 180 grados y ha dimitido de su programa político inicial. ¿Por qué? Por generar consenso y agradar a cuantos más mejor. Benigno Blanco fue Director General con el PP de Aznar. Y Benigno Blanco, por lo que se ve, no quiere sombras para el PP. La realidad es que el PP  no representa para nada el ideario social católico (nunca lo representó) y queda claro que con su ideología relativista, consensuadora, absolutamente irresponsable y falsamente economicista a puesto a España en una situación de riesgo nacional como es difícil recordar otra.
Simplemente acudiendo a los criterios de la doctrina social de la Iglesia (ni de unos obispos ni de otros) podemos reconocer una buena cantidad de razones para, como católicos, ni votar ni confiar en la ideología del PP.

Y a día de hoy NINGÚN parlamentario ni político de proyección nacional del PP ha dado un paso adelante para aferrarse a la doctrina social de la Iglesia y soltar amarras del poder y el dinero que le reporta pertenecer a la estructura del PP.

Han elegido el dios dinero.

Si un grupo de católicos quiere fundar un partido católico está en todo su derecho. Y si el PP pierde números y posibilidades de poder por aparecer un partido así y que se fragmente el voto de derecha...se lo ha buscado directamente.

Los católicos tenemos todo el derecho a querer tener un partido que defienda la doctrina social de la Iglesia, no tenemos ninguna obligación de mantener a un PP que nos traiciona y ningunea al antojo del pensamiento, por ejemplo, de Celia Villalobos y Arriola.
José Andrés-Gallego
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Ni partido católico ni democracia cristiana: Simplemente, testigos
Siempre leo con gusto -y provecho- a Massimo Borghesi. Lo del "partido católico" sería, ciertamente, un disparate y no merece ningún comentario. Pero "democracia cristiana" no deja de ser una denominación de "partido" que, en España, sería y, sobre todo, se vería como "católico". Y, además, ya lo creo que tiene historia. Se intentó en 1919, en 1922 y desde los años cincuenta. Es largo contar qué ocurrió. Hay un libro de Donato Barba dedicado a la oposición demócrata cristiana a Franco, en Ediciones Encuentro. La propia CEDA (1933-1936) incluía la democracia cristiana y la derrumbó -en parte- el hecho de que los más coherentes de ella reclamasen justicia social. Hay demasiada gente que no quiere aborto ni justicia distributiva.
  El núcleo de la cuestión no es ése, sino el de considerar la legitimidad -e incluso conveniencia- de una tercera actitud, que es la de negarse al juego. La retirada del anteproyecto de ley sobre el aborto por unos gobernantes que siguen sin cortar la sangría de "su" propio "gasto público", sin renunciar a las prebendas fiscales que se han arrogado, no es una muestra de sensatez precisamente. Es otra CEDA en el mejor de los casos.
Bombonazzi
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Se puede discrepar...


Veo que algunos (Sevilla, Emismo) atacan la postura de Borghesi e inundan este gran diario con sus comentarios, pontificando sobre el Magisterio y tachando de "relativistas" a quienes no piensan como ellos.  Creo que se puede estar o no de acuerdo con lo que dice Borghesi, pero de ahí a hablar de la dictadura del relativismo hay un abismo...

El Sr. Emismo dice lo siguiente: "Parece que hay quien diciendo apoyar la doctrina de la Iglesia considera que es malo defenderlo en el terreno político, porque generaría rechazo. Y eso se llama relativismo". No, mire Vd. Proponer la experiencia cristiana sin tratar de imponer no es relativismo, es amor por quien piensa diferente. Y eso es lo que cambia, no la toma del poder.

"defender nuestros ideales intentando convencer a la mayoría." encierra el peligro de la toma del poder...y ya es hora de que a los católicos se nos deje de asociarnos con el poder. Las fuerzas que cambian la Historia son las mismas que cambian el corazón del hombre
Emismo
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A Bombonazzi
¿Los católicos no pueden entrar en política? ¿Y si entran en política no puede ser defendiendo los valores cristianos? Nada más.
oscar martínez
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respuesta
caro Massimo felice di sentirti attraverso questo articolo, mi piace molto, Avanti, Sono con te ciao, d. Oscar
Horacio Martín Sisto
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Más allá de España
No conozco la realidad de la política española en detalle, sí en general y lo que dice me parece muy razonable y la ecuación PP=catolicismo= franquismo, aunque históricamente grotesca, tiene influencia más allá de España; y no carece en muchos puntos de verdad. Permítaseme opinar pues resuenan ecos analógicos que sirven también para la Argentina. Si el cristiano en esta época no está centrado en el encuentro personal, tenso a proponer el cristianismo hoy en sus relaciones cotidianas, donde se ve obligado a cambiar, a pedir, a sentirse por momentos impotente en su misión, está descentrado. Parece una obviedad y sin embargo ese descentramiento es un fenómeno muy común, muchas veces oculto por vivir en una especie de "country" católico. La frase "no es sabio forzar demasiado un escenario jurídico que goza de gran consenso social. En este caso lo optimo es enemigo del bien" no es relativismo, como ha apuntado alguien; es prudencia cristiana. El "Fundador del Cristianismo" ha sido muy prudente en varias ocasiones antes de ser muerto, e incluso debió ser traicionado, para que el poder lo lograse juzgar.Los políticos raramente pueden operar lo que no acontece en forma dominante en la sociedad civil. En ese sentido, bastante difícil es la tarea de un político católico hoy en día; por no decir también la de un político común que busque el bien. Mucho más difícil que la época de De Gásperi. Mientras tanto, de nada sirve preocuparse por los relativismos si uno no va al encuentro de la gente, pues hoy en día el encuentro con Cristo quizás sea una de las pocas formas de sostener en forma convencida, con certeza, cualquier verdad. Y si las leyes podemos lograr que acompañen, mejor.
Juán Luis Sevilla Bujalance
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El relativismo, en la base
Buenos días, Horacio, y todos los demás participantes: entiendo, y es claro que esta cita recoge mi opinión respecto del artículo de Borghesi: "no es sabio forzar demasiado un escenario jurídico que goza de gran consenso social. En este caso lo optimo es enemigo del bien" no es relativismo, como ha apuntado alguien; es prudencia cristiana. El "Fundador del Cristianismo" ha sido muy prudente en varias ocasiones antes de ser muerto, e incluso debió ser traicionado, para que el poder lo lograse juzgar.
Vayamos despacio, y entiéndaseme lo que he dicho: en la base de una aceptación de un consenso generalizado está el relativismo. Me reafirmo. Acudamos - y así lo relaciono con mayor claridad con lo que expuesto por mí al hablar del Fundador del Cristianismo - al Juicio de Jesucristo en la mañana del Viernes Santo. El prefecto romano utiliza a lo largo del "proceso" diversos ardides para evitar condenarle. En su conciencia está claro que no tiene delante un culpable. Enfrente tiene  a Alguien que ha afirmado sin reservas - sin prudencia - y sabiendo que en juego estaba Su misma vida, que existe una Verdad que es la que El proclama abiertamente, sin miedo: "He venido a traer al mundo la Verdad". La respuesta del romano es la manifestación más clara de su relativismo - ya extendido entre el Estoicismo de la época - puesto que no es una pregunta esperando respuesta: "¿La Verdad? ¿Qué es la Verdad?" Y sin escuchar gira sobre sus talones y se marcha. No existe una Verdad. Dos posturas - la de Cristo, y la de los cristianos, frente al relativismo - opuestas e incompatibles.
Continúa el proceso: el pueblo, Pilato, trata de evitar condenar al que considera Justo. Da a elegir al pueblo que asiste entre un bandido, Barrabas, y el Nazareno. Pero un "consenso generalizado" pide que suelte al primero. Justo entonces, la actitud relativista ante ese consenso, s el momento clave del proceso "¿qué haré con el Rey de los Judíos?" Ahí Pilato acaba de ceder el poder completamente. Se ha rendido. No ha sido capaz de ir contra ese consenso que tiene ante sus ojos. Y se comete la gran injusticia. Nacida de esa cesión ante el "consenso" ¿Era prudente salvar al Justo? No. Pilato hizo lo que parecía prudente: no hacer frente a ese consenso. ¿Era Pilato relativista? Evidentemente. Y la actitud del relativista, en casos en que hay un consenso social muy amplio es darle la razón a éste aunque no la tenga. Es declinar incluso la potestad que se tiene en aras de no contradecir el status quo establecido. Como no hay una Verdad que defender - para el relativista no existe - ante una situación así, lo prudente, lo correcto - y hasta lo más cómodo - va por ese camino. Enfrente, lo contrario: Alguien que proclama la existencia de una Verdad en una terca defensa frente a todos los poderes. Sin un paso atrás. Cuando lo que está en juego es la defensa de una Verdad fundamental, no hay cesiones. Con mucha paz, con sencillez pero mucha claridad también. Invito, para estas reflexiones, a una lectura del trabajo "La Democracia vacía" del Profesor de Filosofía J.L. del Barco, dedicado a la obra de Kelsen  y su reflejo en el pensamiento actual.
Unos apuntes nada más, para terminar: cuando Francisco dice que hay que ir al encuentro, no está diciendo que hay que ir a asumir como verdadero lo que nos diga el interlocutor. Francisco está apuntando más allá: hay que ir al encuentro... Para llevar la Verdad a todo el Orbe. Pero no se puede establecer un diálogo si no están bien delimitadas y asentadas las posturas de cada uno, y se tienen asumidas. Lo contrario es confusión. Un verdadero diálogo exige dos personas y capacidad de entendimiento, de respeto y acercamiento. Pero no implica necesariamente claudicación por anticipado ante la otra persona.  Encantado de poder aportar algo, si es en servicio de este foro. Un cordial saludo.
Rompecojones
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¿Por qué es relativismo?


Sevilla: en toda tu perorata no acabo de enterarme por qué ser realista es ser relativista. Como siempre, vas, con aires de profesor (como lo que es), dando lecciones de moral y de "testimonio cristiano en defensa de la sana doctrina"...debe de ser que los demás somos incoherentes con nuestra fe, a tenor de lo que dices.

En el fondo,  a lo que tienes miedo es a dejarte cuestionar "su fe". En realidad, eres tan fariseo como los relativistas a los que criticas. Por favor, DEJA DE MONOPOLIZAR EL DEBATE, QUE NO ERES  EL CENTRO DE ATENCIÓN...Ya nos hemos enterado de que te sabes el Evangelio mejor que nadie, y que eres profesor de Universidad y estás al servicio de Profesionales por la Ética (otro de los lobbies del Yunque)...

Cuando uno va al encuentro de otro, propone su vida, no escupe doctrina como lo vomitas de continuo. Si no eres capaz de entender que los demás tienen su propia libertad (seguramente porque estás acomplejado), aprende a vivir. Porque los que vais con la doctrina por delante aburrís a todo quisqui con vuestras verdades (que no la Verdad). La Verdad es el Hecho de Cristo que se propone a todos, no tus pajas mentales.

Desde luego, el daño que los del Yunque estáis haciendo a los fieles católicos es comparable a lo que hizo Charles Maurras con Acción Francesa, que le valió la condena del Papa Pío IX.

Ya puedes soltar toda tu morralla...que no te voy a contestar. Porque resultas un auténtico coñazo y tus posturas son patéticas.

Adieu!
Juán L. Sevilla
|
Gracias
Gracias por tus formas...
Rompecojones
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De nada...

Simplemente, te he contestado como lo has hecho tú en este y en otro artículo sobre el tema a usuarios como Anónimo o Bombonazzi.  La diferencia es que tú ahora te haces el víctima, mientras acusabas a otros de victimismo por no pensar como tú....

No cambio ni una coma, porque creo que es la contestación que te mereces.  Quizá cuando empieces a mirar a los demás de otro modo, te des cuenta de que vomitar doctrina o arrojársela dialécticamente a los demás en su cara no conduce más que a aislarse...

Lo dicho: ni una coma.

Adieu!!
Juán L. sevilla
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Gracias
Gracias de nuevo...
Ricardo Seguí
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Celo y zelotes
Pues bien estaría todo esto de la democracia cristiana y la laicidad si las cosas fueran más o menos bien. El caso es que vuestros consejos, los de gente como Borghesi o de otros simpáticos laicos que escriben en este blog, no pasan de ser trapecistas con red.

Decis muchas palabras, y el hecho es que los demócratas como vosotros vais consiguiendo que el mundo se aleje más y más de Dios. Y mientras mueren niños inocentes.

Por no hablar de la pandilla de ladrones, mentirosos, desleales, infieles, calumniadores y frívolos que nos gobiernan, del PP y del PSOE. Cuando digáis sinceramente que los aborrecéis, quizás se os pueda creer. Mientras, les hacéis el juego y no pasáis de patéticos burgueses.
Rompecojones
|
Otro que viene a secuestrar...

Son aborrecibles tus comentarios de talibán, Seguidilla. ¿Qué ocurre? ¿Que añoras el nacionalcatolicismo de Franco o qué?.

Veo que tienes a Reig Pla en un pedestal, cuando no hace más que meter la pata. Su última nota me dio vergüenza ajena, mezclando churras con merinas. RESPETA A LA GENTE QUE NO PIENSA COMO TÚ. El único burgués que hay aquí eres tú, que no dices más que pedorretas y gilipolleces propias de un señorito que condena el aborto y luego, cuando hay que dar la cara en tu trabajo, te callas como una puta, haciendo el juego al capitalismo atroz y justificando la especulación.

Vete al Valle de los Caídos y canta el "Cara al Sol", que será mucho más productivo que las gilipolleces que viertes en tus comentarios.

Adieu!!

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