Diario de información sobre la actualidad política, social, económica y eclesial
4 DICIEMBRE 2016
Búsqueda en los contenidos de la web

>Editorial

Fin de régimen

| 4 comentarios valoración: 3  66 votos
Vota 1 2 3 4 5
Resultado 3  66 votos

España vive una situación similar a la que puso fin a la primera república en Italia a mediados de los años 90. Son tiempos parecidos a los de Manos Limpias, a los de aquella operación que dio al traste con el sistema de partidos creado tras la Segunda Guerra Mundial. Con una diferencia: la de entonces fue una implosión, en gran medida, inducida desde arriba por jueces estrella que fueron más allá de sus competencias y cuyo objetivo era descomponer una democracia con amplia base popular.

Lo que se está viviendo en España en los últimos meses no tiene nada que ver con magistrados obsesionados por hacer historia. De hecho, casi la única crítica que se puede hacer a sus señorías es que sean lentos. Hacen un trabajo bastante razonable.

Hay, eso sí, algunos medios de comunicación irresponsables. Pero lo que predomina es una comprensible puesta en duda del sistema de partidos y sindicatos por una corrupción que escandaliza a los votantes y que los aleja de la vida común. La encuesta que ha publicado el diario El País este domingo es la mejor prueba. Podemos, la formación antisistema con simpatías bolivarianas nacida para las elecciones europeas, está a la cabeza en intención de voto (27%). Su líder, Pablo Iglesias, es el más valorado. Por otra parte, muchos de los que hasta ahora sostenían a socialistas y populares aseguran que no volverán a darles su apoyo. Hay un 8 por ciento de antiguos votantes del PP que ahora votaría a Podemos. Los socialistas son la segunda fuerza pero siguen cayendo. Y el PP se desploma y se convierte en la tercera fuerza. El peligro es evidente. La mayoría de los que votarían a Podemos reconocen que la formación es incapaz de resolver los problemas del país. Estamos hablando por tanto de un voto de castigo. Lo peor es que la clase política, en esta grave situación, no se da cuenta de que sus palabras ya no sirven. La fractura se ha consumado.

Se escucha, eso sí, con especial atención a los pensadores que hablan de la necesidad de recuperar la ejemplaridad en lo público. Es dudoso que estas llamadas a la regeneración sean efectivas. Pueden incluso incrementar el escepticismo. El mundo laico se ha quedado con uno de los peores “productos” del moralismo católico español: ese intelectualismo ético que piensa que la repetición de ciertos principios de recta conducta es suficiente para resolver los problemas.

Hace falta algo más de realismo. La ley, la ley moral, no salva. Hace falta la gracia. Que nadie se ponga nervioso. No estamos hablando de recuperar una teocracia. Pero sí de reconquistar ese caldo de cultivo pre-político que en la transición aportaron la tradición comunista, la liberal y la católica para hacer posible algo que la norma por sí sola no genera: la responsabilidad hacia lo público.

Nos hace falta recuperar la experiencia de esa vibración por el ideal que se expresa a través de la política. La que no han sabido transmitir nuestros políticos. Y eso solo es posible si hay una relación tensa y dramática entre la vida social y las instituciones. Para que una democracia funcione de forma engrasada es necesario un Estado que trabaje en favor de la gente, un mercado eficiente, y un Tercer Sector con protagonismo. De esto último nos hemos olvidado. Nos interesa que el sector no lucrativo adquiera más peso aunque solo sea para introducir un valor diferencial en la adjudicación de los contratos públicos. Se hace urgente, además, un modificación de la regulación electoral. En la transición creamos unos partidos políticos fuertes porque lo exigía el momento. Ese modelo ha generado en los últimos años organizaciones autorreferenciales en las que es más fácil que surja la corrupción. Hay que explorar vías para devolver la conexión entre partidos y sociedad. En la Constitución del 78 caben sistemas electorales como el de Alemania, con listas desbloqueadas. Y tampoco pasa nada si se reforma la Carta Magna.

Además el cambio generacional es urgente. Los actuales líderes no tienen por qué ser –y quizá no deben de ser– los que se presenten a las próximas elecciones. La monarquía ha conseguido ser la institución más valorada en pocos meses. Don Juan Carlos primero pidió perdón, luego abdicó. Y Felipe VI ha sabido inaugurar una nueva época con palabras no gastadas.

Es lógico que haya mucha gente muy enfadada. Pero no sería humana una reacción que lejos de romper la actual espiral la acrecentara. El poder se corrompe cuando se desvincula de la persona, cuando no está en función del deseo de una vida común en paz, del deseo de bien o de felicidad que mueve la historia, cuando instrumentaliza ese deseo en favor de sus fines. Por eso utilizar el pequeño poder que tenemos en nuestras manos, el poder de la persona, para quejarnos o para desvincularnos de la vida democrática no soluciona nada. Es mucho más interesante, más eficaz que los reclamos éticos, dejar correr el deseo, sorprendernos por el valor del otro, amar la política y la democracia como formas de caridad.

>Comentar

* campos obligatorios
4Comentarios
Javier Pereda
|
Hasta aquí hemos llegado
Esta situación es imparable y supone una revolución o cambio radical social. La regeneración parte no de palabras o medidas que ya no se las cree nadie, sino de cambios de personas, ya. El Rey Juan Carlos se tuvo que ir, Rubalcaba, también, y a Rajoy no le queda otra. Si no quieren que la soberanía popular se cargue el sistema que den un paso adelante quienes lo han infectado y corrompido para dejar a unas elecciones primerias (en el PP y el PSOE) y resetear de nuevo el invento. SI no, están contribuyendo a la podemización, que, lógicamente, es un suicidio colectivo.
Sandra Gómez
|
Dándole vueltas y más vueltas

De nuevo me sorprende la simplicidad de sus pensamientos y la forma complicada de expresarlos que hace que no acabe de entenderles.

Mucho me temo que Podemos no nació “para las elecciones europeas”. Si así fuera, ya ni hablaríamos de ellos. Han nacido por y para gobernar y para ello, astutamente, comenzaron por las europeas. Sean rigurosos, por favor.

“El peligro es evidente”, dicen. Pues no lo veo. ¿Peligro de que los ciudadanos se harten de un PP un PSOE de ladrones y que por eso voten a otros? ¿Y que gobierne un partido elegido democráticamente? La verdad, me parece lo más normal del mundo aunque estemos poco acostumbrados. No solo no es peligroso sino al contrario, parece lo deseable. Recuerdo que el discurso es muy parecido al de las elecciones en las que ganó por primera vez el PSOE (una se va haciendo vieja): había un miedo atroz a que nos quitaran la casa (bueno a quienes entonces la tuvieran) y a demás males del averno. Luego se limitaron a financiarse ilegalmente y delinquir como los de enfrente, y no quitaron más casas que otros. Pero Uds. ciegos como quieren permanecer, hablan del “voto de castigo” con el argumento del miedo. Pues nada.

Pero lo más triste de su editorial es que insinúen que esa “recuperación de la ejemplaridad en lo público” pueda “incrementar el escepticismo”, para luego apostillar en un alarde de “realismo” apelando ustedes a una “responsabilidad hacia lo público” (además ¡aportada por la tradición comunista, liberal y católica!, me parto). A ver si me entero: “recuperar la ejemplaridad en lo público” incrementa el escepticismo pero ser “responsable hacia lo público” es realista. De verdad, si a lo corta que es una le añaden Uds. esa forma enrevesada de no explicarse, hace que sea muy difícil entenderles. Y por si fuera poco meten la morcillita celestial y mencionan la “gracia” (a mí, la situación actual no me hace mucha gracia, la verdad) y la “salvación”. Miren, o hablan de política o hablan de gracia y salvación pero todo junto pega menos que el cerote.

Y son tan incomprensibles que al final parecen concordar con Podemos por lo que no termino de comprender si es un peligro o si mola. Y si no, léanse: “Para que una democracia funcione de forma engrasada es necesario un Estado que trabaje en favor de la gente”. O esa otra de aludir genéricamente a “la clase política” (aquí casi se les escapa eso de “casta”) que es tan, tan manido, tan genérico, tan generalizador y por tanto tan injusto que no quiero ni entrar a discutirlo.

Saludos
Anónimo
|
Sandra, no te pongas tan nerviosa...

El editorial se entiende perfectamente. A lo mejor, tendrás que romper tus prejuicios ideológicos. Lo único que está haciendo Páginas es intentar explicar por qué Podemos está donde está.

Yo soy funcionario público y te puedo asegurar que esas proclamas de la defensa de lo público lo único que hacen es esconder intereses espurios de los paniaguados sindicales en la administración, que entran como sabemos que entran, por la puerta de atrás.

Y sí, se puede hablar de política y de salvación sin mezclar las cosas. Los cristianos también podemos participar en la polis aportando nuestra fe y eso no va contra nadie. Métetelo en la cabeza, coño...el artículo está muy claro, salvo que decidas anclarte en tus prejuicios casposos.

Llevas un tiempecito ya dando por culo con tus comentarios. Realmente, no sé a dónde cojones quieres llegar. Ya sabemos todos que, si fuera por ti, todo el país sería una inmensa empresa pública donde hasta el más gilipollas acabaría rapiñando. Quitamos a los políticos y metemos a los demagogos, ésos que hablan de purificar tanto como los amiguitos de Pablo Iglesias. ¿O es que te crees que ellos son tan puros como para no mancharse de mierda?.

De verdad, es que lo tuyo o es de una ingenuidad que tira para atrás, o realmente estás ciega como para estamparte con un camión.

Adieu, querida!. Y trata de pensar antes de decir las cosas...
Sandra Gómez
|
Ay, ay, ay esos nervios
Sr. Anónimo.
Disculpe si mi ignorancia le altera. Su tono le delata como un intolerante y grosero que no tiene ni siquiera la corrección de poner su nombre.
Sobre sus comentarios sobre mi persona, evito opinar. Solo esperaré tranquilamente a que los moderadores se lo cancelen.
Buenas noches.

<< volver

La imagen del día

>SÍGUENOS EN

Julián Carrón sobre los desafíos de Europa

Marcados con la N de nazareno

Persecución en Kaduna

Arte y pintura en Páginas Digital

El caballero de la mano en el pecho

David vencedor de Goliat de Caravaggio

Ministerio de educación y cultura

>Boletín electrónico

Recibe los titulares de PÁGINASDIGITAL.es en tu correo electrónico
Darse alta y baja en el boletín electrónico

 

Darme de baja

>DESCARGA NUESTRA APP