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24 JUNIO 2017
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>Entrevista a José Luis Restán

"Por primera vez, nadie podía negar que Iglesia y libertad eran dos palabras profundamente unidas"

Fernando de Haro | 0 comentarios valoración: 3  41 votos
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En junio de 1979, diez años y algunos meses antes de que se produjera la caída del muro de Berlín, se producía algo realmente sorprendente: la visita de un Papa polaco a una Polonia comunista.

José Luis Restán, ¿qué importancia tuvo en la caída del muro esa visita de Juan Pablo II a Polonia?, ¿qué importancia tuvo no solo el asunto económico sino también los gestos de Wojtyla y la resistencia espiritual que había al otro lado del muro?

Fue una importancia muy grande. Pensemos que el viaje del que estamos hablando es un viaje que da un corte en la historia. Nadie lo hubiera imaginado apenas unos meses antes al otro lado del Telón de Acero, cuando no existía absolutamente la más mínima previsión de que ese telón se pudiera agrietar, de que pudiese iniciarse un proceso de cambio. Todavía no había aparecido en escena Mijaíl Gorbachov, no había absolutamente ningún tipo de apertura. De pronto el hecho histórico de que llega a la sede de Pedro un Papa desde el este de Europa, especialmente desde un país donde el catolicismo ha sido un poco el cemento de la nación y ha actuado efectivamente como fuerza de resistencia cultural, moral y espiritual frente al régimen comunista, esto cambia completamente el escenario, provoca que el ajedrez político en la Europa oriental se mueva de una manera traumática. Conocemos ahora, porque ya se ha publicado, que el secretario general del Partido Comunista soviético, Brezhnev, pide a sus colegas polacos que impidan la visita del Papa. Cuando le responden: “Camarada secretario general, somos polacos, no podemos decirle al primer Papa polaco de la historia que no venga a su patria”, él dice: “Haced lo que queráis, yo ya os he advertido”. Diez años después, cae el muro. Evidentemente, no es una causa-efecto inmediata, la visita del Papa a Polonia desencadena un proceso histórico largo, complejo, con vaivenes, con altas y bajas. Desde luego Polonia es en este caso un país fundamental porque tenía las condiciones para poder desarrollar una alternativa, un diálogo duro y dramático con el régimen comunista, que va a ir provocando que Polonia se anticipe a la caída del muro. Hay que recordarlo.

En un libro publicado pocos meses antes de morir, titulado “Memoria e identidad”, Juan Pablo II decía: “Es ingenuo pensar, como piensan algunos, que el muro solo cayó por causas económicas”. El relato liberal dice que en realidad aquello cayó porque el modelo no era económicamente viable, y sin embargo Juan Pablo II insistía en este factor. Ahora que tenemos cierta perspectiva, ¿podemos decir que el relato liberal es insuficiente?

Claro que es insuficiente, porque en realidad parcela la experiencia humana. Por otra parte, si el sistema económica comunista quiebra y es inviable, es también porque niega aspectos fundamentales de la vida humana, como la capacidad de iniciativa o la libertad de las personas y de los grupos. Es decir, que yo no parcelaría. Hay muchos factores en juego para explicar la caída del muro y la caída de los regímenes comunistas en la Europa del este. Pretender reducirlo simplemente a una cuestión económica es absurdo, aunque evidentemente también sería absurdo negar el factor económico. Pero hubo un fermento moral, espiritual, cultural que se va gestando, desplegando y que es el que permite, por ejemplo, entrar en diálogo con una realidad también inesperada como es la de un Gorbachov en la Unión Soviética. No sabemos qué hubiera pasado sin un Gorbachov, que por otra parte también es fruto de todo esto.

Ahora nos resulta difícil recordarlo pero tan pronto como cayó el muro y durante diez años hubo una especie de euforia de la libertad, por decirlo de alguna manera, se hablaba del fin de la historia. Ahora, después de la caída de las Torres Gemelas, de lo que estamos viendo con el Estado islámico, es difícil recordar el estado de opinión que había entonces. Pero ya la Iglesia mantiene una posición crítica sobre esta supuesta fiesta de la libertad. Benedicto XVI en la “Caritas in veritate” ya advierte que tras el derrumbe de los sistemas económicos y políticos de los países comunistas de Europa oriental habría sido necesario un replanteamiento total del desarrollo. La Iglesia también tuvo una labor crítica en esos años 90 de digamos esa libertad festejada sin buscar mucho su contenido, ¿no?

Evidentemente. Primero yo creo que es importante decirlo porque es una novedad desde el siglo XIX para acá que la Iglesia fue protagonista absoluta de esa fiesta de la libertad. Por primera vez, incluso visualmente, fue imposible para los historiadores más adversos negar que Iglesia y libertad fueron dos palabras profundamente unidas. Y esa es una cuestión que han pasado 25 años y hay que seguirla repitiendo porque se olvida rápidamente. Ahora bien, es verdad que inmediatamente que se produce la caída, inmediatamente que se propaga este estado de ánimo que tú describías, la Iglesia pasa en cierto modo con una cautela, que se ve muy bien en los discursos de Juan Pablo II. Hay que recordar, por ejemplo, uno de los últimos viajes de Juan Pablo II a Polonia, mucho tiempo después de que ya la democracia se había asentado en Polonia y de que los países del este se habían liberado del dogal del sistema comunista, diciendo, expresando su amargura porque efectivamente una serie de grandes bienes y grandes valores empiezan a disolverse. Por tanto, no hay nada mecánico, no hay ninguna inercia a la que te puedas confiar, la libertad puede ser una palabra hueca si no se pone en relación con la verdad, con el significado de las cosas. Por otra parte, exige un compromiso de cada persona y de cada nueva generación, y bueno, esa imagen un poco ilusoria de que ya se había acabado la historia como dices se ha visto contrastada con severos acontecimientos que hemos padecido todos. De todas maneras, yo creo que podemos sacar todavía bellas y hermosas lecciones de aquellos acontecimientos previos. Quizás el error ha sido no custodiar el núcleo de valor que movió todo aquel proceso de la caída del régimen comunista, y que efectivamente el nihilismo y el ídolo del mercado convertidos en quienes dominan la escena han llevado a que ahora más bien estemos más bien en una situación de contrapunto absoluto.

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